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La filosofía de Enzo Borges, el goleador de Cerro Largo: "El que se rinde es el que pierde"

Diego Aguirre lo descartó en Wanderers, cuando se hizo un nombre en el fútbol gaúcho tuvo que volver a Rivera a jugar en OFI, tuvo su revancha triunfal en Perú y ahora es el capitán y artillero de los arachanes 

Con Bergessio y Cunha en el 2-2 contra Nacional

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15 de abril de 2020 a las 05:03

La historia futbolera de Enzo Borges, el centrodelantero que volvió este año al fútbol uruguayo para jugar en Cerro Largo, se apoya en cuatro pilares. Sus padres, Araciel Borges y Marilyn Couto, que lo bancaron en las malas; su esposa Cintya que es capaz de sostener el mundo si se desmorona; su hija Ainhoa que es la luz de sus ojos y llegó el 25 de marzo de 2019; y su propia forma de encarar la vida: "Todos los días nos levantamos para pelear y así como sos en la cancha sos en la vida".

Borges tiene 33 años y este año sorprendió en el arranque del renovado Cerro Largo anotando tres goles en sus primeros tres partidos. Dos ante Palestino por la Copa Libertadores, torneo que jugó por primera vez en su carrera quedando eliminado en primera ronda, y uno contra Danubio en el estreno triunfal en el Apertura 2020. 

Pero su carrera está regada de goles en el fútbol peruano -en el que desembarcó en 2015 y en el que nunca bajó de la decena jugando generalmente en el ascenso en elencos humildes- y también en el áspero fútbol gaúcho, al sur de Brasil.  

"Lo que siempre tuve y no puedo perder es la capacidad de pelear todas las pelotas. Cuando era joven no tenía la experiencia que tengo ahora para tomarme un par de fracción de segundos para definir, pero el sacrificio, la entrega y el no dar pelota por perdida lo tuve siempre. En Brasil y en Perú me di cuente que los defensores no estaban acostumbrados a que los presionen y ahí les sacaba ventaja. Y así me fui ganando mi lugar", cuenta Borges a Referí desde su casa propia ubicada en el balneario de Santa Ana, en Colonia, donde vive con su esposa e hija.

"Desde siempre la tuve que pelear, porque el que se rinde es el que pierde, esa es mi frase de cabecera; no vale rendirse", expresa. 

Borges, que nació en Rivera e hizo toda su carrera en Sarandí Universitario, llegó con 18 años junto con su madre a la capital, en 2005, para jugar en la Cuarta División de Wanderers que dirigía Sergio Cabrera quien a mitad de año se incorporó al cuerpo técnico de Jorge "Polilla" Da Silva en Defensor Sporting. 

"Hice 18 goles y le peleamos con esa Cuarta el campeonato a Liverpool hasta el final. Jugaba con Mathías Corujo, Emiliano Tellechea, Sebastián Rossano y Jonathan Lacerda. Al año, Daniel Carreño me ascendió a Primera. Integré plantel con Fernando Muslera, Juan Álvez, Gerardo y Gabriel Alcoba. Pero mirá qué nenes tenía adelante para poder jugar: Javier Mazzoni, Gabriel Cedrés, Mario Leguizamón, Malaka Martínez, Simón Pagua, Sergio Blanco y Diego Chaves. Jugué un solo partido en el que entré a falta de un solo minuto", recuerda. 

A comienzos de 2007, llegó Diego Aguirre y lo dejó libre. Borges dice que tuvo que llamar al club para que le den la noticia. "Fue un momento muy duro y ahí pensé en largar todo. Me fui a la Tercera de Cerrito donde no tenía ni viático. Me tenía que pagar los boletos para ir a entrenar, lavarme la ropa, lavarme los zapatos de fútbol. Otra realidad". 

En 2018 se metió por la ventana del patio trasero en el fútbol brasileño. Jugó el ascenso del torneo gaúcho y en la Serie D del Brasileirao. "Es un fútbol como el uruguayo, muy friccionado, muy duro". A fuerza de goles se quedó tres año y medio. Pero de un día para el otro se quedó sin ofertas y tuvo que volver a los pagos: Rivera. 

Con el apoyo económico de sus padres no tuvo que salir a trabajar y su pasado fresco en Brasil le permitió sacar ventajas tanto en su equipo, con el que fue campeón departamental, como en la selección de Rivera con la que llegó a cuartos de final en la Copa de Selecciones. 

"Es la compañera ideal, cuando las cosas no van tan bien sin una buena compañera al lado el mundo se te desmorona, pero ella me acompaña, se come las puteadas cuando llegás caliente con un entrenador. Con ella aprendí que hay que dejar el fútbol en la puerta antes de entrar a la casa", Enzo Borges sobre su esposa.

Danielo Núñez, ya al frente de Cerro Largo en 2013, le echó el ojo y lo llevó a tierras arachanas. En cuatro torneos cortos, tres en Primera y uno en el ascenso tras perder la categoría, metió seis goles en 40 partidos. Fue entonces cuando su cuñado Hugo Souza le abrió la puerta del fútbol peruano. El entrenador de Comerciantes Unidos, Carlos Cortijo, se la jugó por él y allá fue al ascenso incaico. 

El ascenso con Comerciantes Unidos

"Subimos, fui el goleador del equipo con 12 goles e integré el equipo ideal del torneo", recuerda. 

La trayectoria
2006: Wanderers
2007: Cerrito
2008: 14 de Julio (Brasil)
2009: San José de Porto Alegre (Brasil)
2010: 14 de Julio (Brasil)
2010: Gremio de Bagé (Brasil)
2011-2012: SC Río Grande (Brasil)
2012: Sarandí Universitario (Rivera)
2013-2014: Cerro Largo 
2015: Comerciantes Unidos (Perú)
2016: Defensor La Bocana (Perú)
2017: Juan Aurich (Perú)
2018: Nacional Potosí (Bolivia)
2018: Deportivo Coopsol (Perú)
2019: Comerciantes Unidos (Perú)
2020: Cerro Largo

En Defensor La Bocana

Su carta de presentación fue un pasaporte para la primera categoría. Pero no hay vestuario más triste en la historia de un futbolista que el de un descenso. En 2016, en Defensor La Bocana, hizo 17 goles y fue el máximo artillero del Apertura, pero el equipo bajó. En 2017 pasó a un equipo más grande, Juan Aurich, donde metió 11 tantos. "Juan Aurich es un equipo fuerte, fue campeón en Perú, pero ese año no se armó bien y también nos fuimos al descenso". 

En Juan Aurich marcado por Jorge Cazulo de Sporting Cristal

Probó suerte en Bolivia en 2018, en los 4.200 metros de Potosí donde defendió a Nacional. "Sufrí la altura hasta para dormir. Me llevó un entrenador español Ángel Pérez García, exdefensor de Real Madrid ya fallecido, y como me incorporé tarde recién entré a jugar en el tercer partido. Los resultados no se dieron y cambiaron de técnico llegando el argentino Edgardo Malvestiti". 

"Sin darme una oportunidad ni verme jugar me dejó a un lado porque quería llevar a sus jugadores. Me hizo la vida imposible para que me fuera. Me tenía solo trotando alrededor de la cancha. El tema es que tenía 10 meses más de contrato y si querían que rescindiera tenían que pagarme. Estuve tres semanas negociando hasta que un día llamé a mi señora llorando y le dije que me iba, que sentía que estaba robando la plata. Me pagaron la mitad de lo que me correspondía", recuerda con amargura. Pero también con dignidad.  

"Conocí a mi esposa a fines de 2015 y desde 2016 me acompaña en mi carrera. Es la compañera ideal, cuando las cosas no van tan bien sin una buena compañera al lado el mundo se te desmorona, pero ella me acompaña, es la que se come las puteadas cuando llegás caliente con un entrenador. Con ella aprendí que hay que dejar el fútbol en la puerta antes de entrar a la casa. El nacimiento de mi hija fue una motivación extra, siempre soñé entrar con mi hija a la cancha y lo cumplí contra Danubio. Antes, a mi señora le cumplí los sueños que le había prometido: jugar la Copa Sudamericana (con Juan Aurich en 2017) y la Libertadores (este año con Cerro Largo). "Sin el apoyo de mis padres en los momentos más duros de mi carrera tampoco hubiera podido resistir", confiesa. 

Con su hija en el Ubilla

Ahora, con 33 años, le toca ser líder del vestuario de Cerro Largo y capitán en la cancha. "Llegamos 19 jugadores nuevos, algo muy difícil para un equipo del interior, y eso no pasó factura en la Copa donde debutamos en la temporada. La entrega y el sacrificio lo tenemos y además venimos mejorando en los futbolístico porque a Danielo le gusta tener el balón ser protagonista tanto de local como de visitante".

"Quiero cambiar la imagen que dejé en mi anterior pasaje por el club. Ya llevo tres goles y me gustaría llegar al récord histórico de Jonathan Dos Santos que son 28 goles", dice riendo. 

El consejo a Washington Aguerre

Como capitán del equipo le tocó charlar con Washington Aguerre tras su expulsión contra Nacional: "Lo apoyamos como compañero; hablo siempre con él, lo considero un amigo, es un compañero y se equivocó. Si bien no veo como una agresión lo que hizo, él tenía que pensar que lo iban a filmar así hiciéramos un gol memorable de chilena. Tenemos que ser inteligentes porque los perjudicamos somos nosotros. Es un consejo de amigo. Pero crucificarlo por lo que hizo no. Ese partido se nos fue de las manos, no perdés por un compañero sino por varios errores consecutivos. Son cosas que pasan y lo importante fue que jugamos de igual a igual contra Nacional que no fue superior a nosotros".

Borges contó que el jugador ya estaba yendo a psicólogo antes de ese incidente, que estuvo afuera del plantel contra Boston River pero que después volvió a los entrenamientos con el resto del plantel.

El delantero espera la vuelta entrenando en la quieta paz de Santa Ana. Ya piensa en volver a apretar los cordones, saltar a la cancha y retomar su lucha. Su historia de resistencia, de goles, de ascensos y descensos. De alegrías y tristezas. La vida misma. 

 

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