Más allá de la forma, lo rescatable es la importancia de escuchar a la gente, la necesidad de saber qué piensa el pueblo; la mayoría de la ciudadanía, escuchar y entender. Eso no se hace en un tren, ni en un grupo de redes sociales, sino que se hace con el trabajo profesional de los que se dedican a registrar y procesar, los sondeos de opinión, de forma tal que sean representativos del universo a estudiar.
Ahí radica el valor de las encuestas y de los encuestadores, que no son astrólogos para predecir el futuro, sino que auscultan el sentir, pensar y opinar de la gente común, de la gente en su conjunto.
Esta semana pudimos conocer un estudio de técnicos del Banco Central para revisar datos publicados en su momento, con otra base, sobre la evolución del Producto Bruto Interno (PBI) de los últimos años, un “trabajo (que) se enmarca dentro de un proceso de mejora continua del BCU, (como institución compiladora de las Cuentas Nacionales en Uruguay) para ofrecer series largas que permitan realizar el análisis, el diagnóstico y el seguimiento de la evolución de la actividad económica en el país”.
La actualización del PIB presentada a fin de año ya había mostrado que la economía era más grande de lo que se estimaba, y que el crecimiento de los últimos años había sido menor al que los números habían indicado.
Ahora, este documento de “retropolación del PIB uruguayo” con frecuencia anual y trimestral para el período 2012 a 2015, muestra que 2015 no fue un año de crecimiento escaso, sino que fue un año sin crecimiento. No es un dato menor, ni algo puntilloso para fanáticos de estadística, sino que comprueba lo que se pensaba, que el período de “bonanza”, en el entendido de crecimiento económico fuerte, fue de 2004 a 2014, y ahí se frenó.
El último dato del BCU indicaba que el PIB había crecido 4,6% en 2013, 3,2% en 2014 y 0,4% en 2015.
La revisión de datos da que las tasas de variación del PIB fueron +5,2% en 2013, +4,2% en 2014 y cero en 2015.
Esto tiene una chispa para el debate político porque va contra el discurso del Frente Amplio que sostenía que mientras gobernó la izquierda, hubo crecimiento económico todos los años, lo que ya se entendía que no era así (porque un aumento de producto de 0,4%, muy similar al aumento de población, prácticamente es estancamiento) pero que ahora queda más contundente con estas cifras
Pero eso es otro debate diferente al motivo de esta columna.
Lo interesante del caso es que lo que al Banco Central le llevó más de cinco años de trabajo para perfeccionar las cuentas nacionales y comprobar que el 2015 había sido un año de freno de tendencia y que la economía no había crecido, a la opinión pública no le llevó nada: lo sintió y lo expresó en su momento.
Las encuestas sobre percepción popular de la economía ilustraron sobre cómo se cruzaron las curvas de las respuestas de la situación es buena y la situación es mala. El cruce se dio en 2015.
Durante la primavera de 2015, el sociólogo Ignacio Zuasnabar fue entrevistado en Claves Políticas de Nuevo Siglo TV, y dijo que la sociedad registraba cambios en diez meses como no se habían producido en diez años. Eso llevó a realizar un ciclo periodístico especial, con varios colegas, en el programa que se llamaba “Off The Record”, con cuatro capítulos que se emitieron cada miércoles de enero de 2016.
Zuasnabar habló de los cambios en la sociedad, el politólogo Luis Eduardo González habló de los cambios en la política, Aldo Lema sobre los cambios en la economía, y el historiador José “Pepe” Rilla fue el último entrevistado, en el final del mini-ciclo periodístico, para hablar sobre la perspectiva histórica de los años que tienen ese significado de punto de quiebre de tendencia. El ciclo se llamó “2015: un año bisagra”.
Eso me llevó a realizar un libro, como primero de una trilogía, que se llamó El voto del agua tibia, en el que está el contenido de aquellas entrevistas colectivas, así como otros temas que mostraban una tendencia de cambio político.
En el sistema político, no se escuchó bien a la gente entonces, pese a que los principales partidos políticos contrataban esa y otras encuestas que mostraban una sensación popular especialmente reveladora.
Hoy parece estar pasando lo mismo a muchos dirigentes políticos, que no escuchan bien a la ciudadanía.
Una cosa son mis grupos de WhatsApp y otra cosa es la gente. Hay un mundo twitter como ring abierto para cruce de piñas, y hay una opinión pública que está lejos de todo eso. Confundir el murmullo próximo con el sentir popular es un grave error, pero no deja de ser repetido por políticos, periodistas, analistas, por un montón de gente que, en lugar de buscar respuestas, desea que le confirmen sus especulaciones.
La gente, la opinión pública, nunca es una cuestión uniforme, ni tampoco se expresan en una posición monolítica de blanco y negro, pero dentro del matiz de los diversos grises, expresa sentimientos mayoritarios, transmite el olfato popular, refleja pensamientos comunes a una mayoría, y también inquietudes de una minoría.
El sentimiento mayoritario se expresa sin gritar, pero con contundencia, y no prestarle atención conduce a errores que se pagan caro.
De alguna manera, siempre hay que preguntarse: «¿Qué tengo que hacer para llegar a Westminster?», y, además, tomar el tren correcto.
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Puntualización del autor: luego de publicada la columna he tomado conocimiento de malestar de un profesional del Banco Central, a quien valoro por su dedicación y compromiso profesional, por interpretar que la nota cuestionaba el trabajo estadístico de ese ente. Entiendo que, aunque no haya sido mi intención, está el riesgo que eso sea entendido así por otros técnicos y por eso me interesa dejar constancia del respeto absoluto que tengo por quienes trabajan, en el grado que sea, tanto en el BCU, como en el INE.
Hace décadas que utilizo esos trabajos y confío plenamente en los profesionales y en los productos generados.
La columna va a otro punto, porque tanto se critica a los generadores de estadísticas (yo siempre los defiendo expresamente) como se desprecia a la gente común con dichos como: “la gente no entiende”.
Las columnas no se explican, pero esta vez creí que debía hacer esta precisión: porque mi nota es un reconocimiento a los profesionales de monitoreo de opinión pública, sin desmerecer en nada, a los de estadísticas. El PIB, como el IPC y otras herramientas de medición, precisan actualizaciones. Así ha ocurrido con el PIB, y esas actualizaciones, correcciones o retropolación, precisan su tiempo, y no son al apuro, porque todo eso debe dar garantías institucionales.
La retropolación conocida esta semana permitió constatar que la variación del PIB en 2015 fue cero, y eso no le cambia la vida a nadie, pero fue así. Ya se veía eso a través de otros indicadores. Pero ahora está ese numerito en negro sobre blanco y eso fue lo que motivó la columna, porque muestra que lo reflejado por encuestas en aquel año, habían dado la señal a tiempo. Es una suerte para Uruguay tener encuestadores serios en firmas privadas y también tener excelentes profesionales en el Estado (BCU, INE, OPYPA, etc.) para monitorear y analizar la evolución de la economía.