14 de diciembre de 2012 19:47 hs

Para este país, 2012 ha sido un año complicado. Con crisis económicas y políticas, con una sensación de inestabilidad social que puede percibirse sin demasiado esfuerzo, con elecciones presidenciales, y con varias matanzas indiscriminadas y arbitrarias que han puesto -nuevamente- a la condición humana a la altura del peor de los animales, lo cual resulta algo casi imposible.

Así pues, en el contexto de un año que lo mejor sería olvidar lo más pronto posible, y con la cuenta regresiva de las fiestas navideñas en pleno desarrollo, la gente, por una cuestión de salud mental y de cansancio anímico, había desconectado completamente de los temas llamados “importantes”, creyendo que sí, que la cercana fecha del nacimiento de Jesús mejoraría el ánimo colectivo nacional. Hasta que la realidad, tan insomne como siempre, se encargó de recordar que vivimos en un mundo bestial, en el cual lo peor puede regresar en cualquier momento. Siempre está ahí, para dejar a los intentos de interpretación sin palabras.

En lugares públicos, bares, restaurantes, supermercados, parques para actividades deportivas, etc., el ambiente de este viernes de diciembre no podía ser más sombrío. Nada como el horror para dejar a todos mudos.

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La tristeza general puede tocarse. ¿Cómo explicar que un semejante pueda abrir fuego contra decenas de personas inocentes, dejando un tendal de 26 muertos, de los cuales 20 son niños? Las explicaciones nunca llegarán o serán siempre incompletas, pues para este tipo de acontecimiento inhumano la razón se siente impotente a la hora de tratar de encontrar razones.

Tampoco será posible preguntarle al múltiple homicida, pues al suicidarse se llevó con él las motivaciones. Lo que está claro, demasiado claro, es que resulta inconcebible que el acceso a las armas de gran poderío sea más fácil que nunca. ¿Hasta cuándo la ley que autoriza la compra y venta de armas de grueso calibre seguirá siendo cómplice de los homicidas, la gran auspiciante de las peores y más sangrientas barbaridades?

En julio pasado, 16 personas fueron asesinadas cuando se disponían a ver el preestreno de la reciente película de Batman. El homicida había comprado las armas con descuento, a través de Internet. Así de fácil es esto.

El protagonista del brutal acto ocurrido en el hasta hoy apacible pueblo de Newtown, Connecticut, uno de los estados ricos y supuestamente más civilizados de la Unión Americana, utilizó cuatro armas de alto poderío y tenía puesto un chaleco antibalas.

Fue, muy bien preparado, a una guerra contra inocentes. De acuerdo a testigos, hizo más de 200 disparos.

En un país históricamente acostumbrado a las acciones bélicas, la vida se ha hecho tan peligrosa como en los momentos más críticos de Bagdad, posteriores a la caída de Saddam Hussein.

Hoy en día, la vida humana en cualquier pueblo o ciudad de este país se siente tan vulnerable como en Kabul, Afganistán. Seguramente más.


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