En las protestas de mayo de 1968, cientos de franceses elevaban como una de sus consignas “la imaginación al poder”. Hoy día muchos recuerdan la movilización, pero pocos conocen el nombre de Vsévolod Emílievich Meyerhold, quien tres décadas antes a la revuelta en el país galo, fue fusilado por el régimen de Stalin por defender a la imaginación como forma de revolución.
Bolani es Meyerhold
Meyerhold quería “actores pensantes, no burócratas del movimiento”, quería un teatro que tuviera como base la improvisación, el trabajo corporal, la relación con el público y la libertad expresiva que permitiera a los intérpretes “explotar al máximo sus posibilidades físicas y psíquicas”, escribió Pavlovsky. Pero para Stalin esto era contrarrevolucionario. Luego de marginarlo artísticamente, en 1940, Zinaida Raich, la mujer de Meyerhold, apareció degollada en su casa y ese mismo año el artista ruso, de 65 años, fue obligado a confesarse antiestalinista en base a la tortura, para después ser fusilado. Su obra pasó a estar prohibida y transcurrieron 53 años hasta que la KGB abrió los archivos de Meyerhold y su mujer. Pero aun hoy, expresó Pavlovsky (cuyo abuelo ruso emigró a Argentina), la obra de Meyerhold sigue sin tener la presencia que debiera en su país de origen.
El dramaturgo porteño, médico psicoterapeuta que en los años de 1960 incursionó en el psicodrama, escribió Variaciones Meyerhold en 2005 y la protagonizó en el teatro bajo la dirección de su hijo. Su obra no solo hace honor a la figura del teórico ruso sino que toma sus enseñanzas para construir un artefacto ficcional ajeno al naturalismo, en consonancia con lo que Pavlovsky denomina “teatro del despojo”, centrado en los actores y no en los artificios escenográficos.
Dicho esto, puede parecer que Variaciones Meyerhold tiene un interés limitado solamente para el ambiente actoral, ya que la obra se focaliza al principio en las concepciones del ruso sobre la interpretación. Sin embargo, esto no es así porque uno de los mayores aciertos de la obra es mostrar la relación entre el arte y la revolución, para convertirse en una reflexión sobre las dictaduras, estéticas y políticas y, en definitiva, acerca de la libertad de los individuos. La obra de Pavlovsky y la puesta de Hernández no solo logran esta articulación sino que consiguen incluso que en la actualidad, en tiempos en los que el arte occidental presume de no tener constricciones, esta sea una reflexión no solo válida sino vigente.
Variaciones Meyerhold se caracteriza por la falta de escenografía (apenas unas sillas y butacas), la ausencia de un diseño de iluminación y de un vestuario específico. La obra se construye a partir de un monólogo de Meyerhold (Bolani) que le cuenta al público su concepción teatral para luego entrar en los pormenores de su desventura con el gobierno estalinista. Pérez, actriz que el año pasado ganó el premio Búho por su protagónico en La dama boba de Lope de Vega, y Martínez hacen un gran trabajo en sus roles, breves pero intensos, que funcionan con efectividad como encarnaciones de los recuerdos de Meyerhold. También son acertadas las utilizaciones del idioma ruso en algunos de los pasajes de la obra, así como el canto de Pérez y el toque de acordeón de Hernández. Pero si la obra conmueve y logra su cometido no solo es por la riqueza y tragedia del personaje protagonista, sino por la interpretación de Bolani, quien brinda una verdadera master class en la piel del creador ruso. Como suele decirse, el actor desaparece en su personaje, es el personaje, acerca al personaje. Desde lo gestual, desde lo discursivo, desde el silencio, Bolani parece el único Meyerhold posible.
“En el comienzo nos preguntábamos si era posible contar esta historia con unos pocos objetos, sin juego de luces y con vestuario de otras obras. La respuesta… ya no nos pertenece”, escribió Hernández en el programa del espectáculo. Su versión de Variaciones Meyerhold demuestra con creces que sí.
Datos
Hoy, el sábado 8 de marzo y el viernes 14 de marzo a la hora 22. Precio: $110