Nacional > CRIMEN EN PUNTA GORDA

La Justicia tiene el desafío de “armar el puzzle” del homicidio de Felipe Cabral

Al único detenido le imputaron tráfico de armas, pero no pudieron probar que disparó

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23 de febrero de 2019 a las 05:01

Me siento profundamente agraviado. Esto es un atropello contra mi persona. Nunca estuve detenido y no tienen ninguna prueba en mi contra”, protestó el hombre de 77 años  que los investigadores señalan como el principal sospechoso del homicidio de Felipe Cabral, el grafitero de 29 años asesinado el  pasado sábado 16 de febrero de un disparo en la cabeza  en la zona de la rambla de Punta Gorda. Sus declaraciones fueron dichas ante la jueza Blanca Riero este viernes, luego de que se imputara un delito de tráfico interno de armas  ante la imposibilidad de la fiscal del caso, Mirta Mortales, de tener elementos para señalarlo por el crimen del joven. 

Por esa razón, al termino de la audiencia, el anciano volvió a su casa ubicada justo al lado de donde el joven grafitero apareció muerto, en la zona de la Rambla República de México y Belastiqui. Cabral, que había llegado hasta allí para retocar y tomarle fotos a un grafiti que había realizado en la casa abandonada ubicada justo al lado, se había sentado en el muro que dividía esa propiedad de la del anciano, cuando recibió un disparo en la cabeza.

Las cámaras de una propiedad cercana que registraron el momento en  el que Cabral se recuesta en el muro -presumiblemente después de recibir el disparo-, no muestra quién accionó el gatillo, ni personas caminando cerca del lugar. Que el orificio de entrada de la bala haya estado del mismo lado de donde se encontraba la propiedad donde vive el anciano, es una de las razones que llevaron a dirigir una allanamiento en la vivienda el jueves. 

Allí la policía encontró  un rifle, y tres escopetas de distintos calibres, todos sin declarar,  y por lo tanto en infracción con la ley de tenencia de armas. Fue así que la fiscalía, al cabo de dos días de interrogatorio, decidió llevarlo ante la Justicia al menos por un delito de tráfico de armas y pedir, como medida cautelar, la obligación de fijar domicilio y la prohibición de salir del país.

El anciano de aspecto encorbado, figura delgada, lentes gruesos y con una prótesis nasal -ya que no tiene nariz producto del cáncer del que padece-, pidió en dos oportunidades para hablar en la audiencia, algo que no es habitual en estas instancias judiciales. “Las armas que tengo son para cazar perdices, las usaba para cazar con mi padre cuando tenía 15 años. Son algo que me dio mi padre y que las quiero conservar porque mi padre murió. ¡No tengo ni municiones!”, protestó el hombre ante la magistrada y la fiscal.

El abogado del anciano sindicado como principal sospechoso del crimen de Cabral, Luis Alberto Lozano, dijo a El Observador que se sintió “muy sorprendido” por como lo que empezó como una indagatoria de homicidio acabó en un delito de tráfico de armas, por escopetas y un fusil que tienen “más de 50 años” y que su cliente hacía años que no utilizaba. Lozano señaló que su cliente no pudo haber disparado contra el joven ya que sus manos tiemblan y no tiene buena visión, además de que hace casi 40 años que no dispara.

Sin embargo, a pesar de esto la policía continuará investigando al hombre como sospechoso del crimen del joven.  En rueda de prensa, la fiscal dijo luego que se están haciendo pericias para intentar “unir este puzzle”, y determinar como fueron los hechos que terminaron con la muerte de Cabral, conocido como Plef.

Por el momento, las pericias entregadas por la Policía Científica señalan que ninguna de las armas incautadas pudo haber disparado la bala que mató al joven grafitero, ni tampoco las otras armas que están registradas a nombre del anciano pero que este jueves no fueron encontradas durante el allanamiento. Por otro lado, la fiscal dijo que se descartó que la muerte del joven se haya tratado de un suicidio. La rapiña es algo que también se descarta, ya que su bicicleta, mochila y cámara de fotos estaba junto al cuerpo del joven cuando fue encontrado. 

Asimismo, no hay nada en su vida privada que pudiera suponer que alguien querría hacerle daño.  “Surge que se trataba de una persona joven con hábitos normales como cualquier otro joven”, señaló la fiscal. 
Al término de la audiencia, el principal sospechoso del crimen miró hacia la jueza y le dijo: “Es tenebroso estar en una celda”. “Me imagino”, contestó la magistrada, y el anciano se retiró de la sala. 

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