9 de marzo de 2012 19:22 hs

La semana pasada se estrenó en Uruguay Poder sin límites (Chronicles en el inglés original). En la sesión del miércoles 7 de marzo, en la sala Moviecenter del shopping de Punta Carretas debía haber unas quince personas, de las cuales todas respondían al arquetipo de adolescente nerd.

Esto se podría explicar porque (1) la película ha sido difundida como cine de ciencia ficción para adolescentes, o (2) porque a las 17:50 la mayoría de adultos trabajadores están ocupados ganando dinero.

La segunda hipótesis no tiene demasiadas vueltas, pero la primera resulta bastante sugerente. Desde hace algunos años ha habido un cambio en la forma en la que los jóvenes se representan a sí mismos. El texto tradicional ha sido sustituido por el uso del audiovisual.
Esto no es nada nuevo, como tampoco lo es el recurso del ‘metraje encontrado’, usado recientemente en el filme Cloverfield (entre muchos otros en el pasado). De hecho, se podría decir que Poder sin límites no muestra ningún rasgo nuevo en sí mismo, pero innova en cómo explota elementos preexistentes.

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Este año se estrenará The Avengers, lo que será la culminación y la máxima vuelta de tuerca de la hiperexplotada (y feliz) moda de películas de superhéroes. Poder sin límites ha sabido sintonizar con este tipo de historias con las que el público está ya tan familiarizado, pero llevándolo a un nuevo terreno.

La mayor parte de la historia está registrada por la cámara amateur de su protagonista, quien quiere documentar su vida con un objetivo poco claro, aunque el registro también proviene de la cámara de una bloguera de la película, cámaras de seguridad o de la Policía.

Movimientos

La trama cuenta la historia de tres jóvenes que por una circunstancia adquieren una fuerza física creciente y el poder de la telequinesis, esto es, la capacidad de mover objetos (incluyéndose a sí mismos) con el poder de la mente.

Esta peculiaridad, que se convierte en el principal atractivo de la película, hace que el efecto de grabación casera se mantenga alejado de los constantes y molestos movimientos a los que estábamos acostumbrados en películas de este tipo, y en la medida en que la cámara es manejada por la mente de los protagonistas, puede seguirlos a cualquier lugar y hacer planos abiertos o desde arriba, algo que sin este añadido hubiera sido inexplicable, menguando la sólida verosimilitud de la historia.

Más allá de los bien logrados recursos técnicos, Poder sin límites es otro fantástico ejemplo de este tipo de ciencia ficción que trata de responder a la pregunta de qué pasaría si, en nuestra realidad, se modificara alguno de sus factores. Qué sucedería si tres adolescentes desarrollaran superpoderes, y éstos tuvieran que convivir con sus modos de vida, sus relaciones, sus costumbres.

Una vez más, esto no es nada nuevo. Lo contado aquí recuerda al colosal cómic y película animada Akira (cuyo remake con personajes reales está en fase de preproducción), en la que un joven inseguro y maltratado por la vida se convierte en un ser de poderes sobrehumanos. En ambos casos, la falta de un tío Ben que diga “un gran poder conlleva una gran responsabilidad” terminará decantando la balanza del bien y el mal.

Este juego de posibilidades, al ser grabado de forma casera, ofrece una nueva perspectiva sobre el afán de mezclar ficción y realidad, intención que queda totalmente expuesta en una sorprendente y conmovedora forma de promoción viral.

Alto vuelo

Pocos días antes del estreno mundial de la película, los habitantes de New York quedaron anonadados al ver unas figuras voladoras que parecían seres humanos. En realidad eran aviones teledirigidos encastrados en estructuras aerodinámicas con forma de personas, que querían emular los protagonistas de Chronicle.

Cuando el video fue subido a YouTube, tuvo más de cinco millones de visitas y captó la atención de distintos medios no solo en Estados Unidos sino también en el resto del mundo.
El impacto que genera este video es una buena antesala de lo que el público puede llegar a disfrutar de Poder sin límites, que nos atrapa y nos hace pasar de la carcajada cómplice con las travesuras de los jóvenes a una tensión de esas que nos dejan nerviosos al salir del cine.

Si al buen espectáculo y las condiciones climatológicas le añadimos el hecho de que la película sugiere al público una serie de relaciones de ideas que son sencillas y claras, nos encontraremos con una muy satisfactoria experiencia audiovisual.

La ópera prima de Josh Trank tiene la capacidad de hacernos vibrar como cuando éramos adolescentes (fuéramos nerds o no). De camino a casa, no podremos evitar preguntarnos si querríamos esos poderes, y en caso afirmativo, qué haríamos con ellos.

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