Raramente nos damos cuenta de que ese momento que estamos viviendo tiene la circunstancia y la persona precisa para hacernos felices. Por eso, la felicidad casi siempre es un recuerdo y se asoma en algún lugar de lo ya sucedido. Perder la memoria supone, entre otras cosas, perder los momentos en que fuimos felices. Y el olvido es pasto para las ficciones y los desencuentros.
La memoria de Irene
Ella tenía todos los recuerdos ordenados hasta que la memoria se le perdió en la mitad de un sueño