Desde hace semanas circula en las redes sociales un video que ha hecho llorar a cientos de internautas y puso a tantos otros a hablar sobre el poder del amor. Lo llamativo es que el video en cuestión no es ni de perritos tiernos, de propuestas de matrimonio disparatadas o de personas luchando contra una enfermedad.Se trata simplemente de una secuencia en la que dos personas se miran a los ojos.
El video, que cuenta con más de tres millones y medio de visitas en Youtube, muestra una performance de la serbia Marina Abramović, una de las más destacadas exponentes de este arte, en el que el cuerpo del creador es parte del hecho artístico. La citada performance de Abramović se desarrolló durante la retrospectiva que en 2010 le dedicó el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) por sus 40 años de carrera. El video forma parte de la película de 2012 Marina Abramović.The artist is present, dirigida por Matthew Akers, que fue exhibida recientemente en el Buenos Aires Festival de Cine Independiente (BAFICI).
En el video, la artista –de 66 años, ataviada con un largo vestido rojo y con la cara retocada por alguna cirugía estética que la hace visiblemente más joven– se encuentra en una sala sentada en una silla, con una mesa de por medio que la separa de otra silla vacía.
Ese hombre era el artista alemán Ulay, compañero sentimental y profesional de Abramović durante los años setenta y ochenta hasta que en 1988 se despidieron, como no podía ser de otra manera, con una performance. En ella, ambos hicieron en solitario una caminata desde los dos extremos de la Gran Muralla China hasta encontrarse en el medio del recorrido, darse un abrazo y decirse adiós. Veintrés años después se reencontraron cuando Ulay visitó a Abramović en su retrospectiva en el MoMA.
Abramović y Ulay se conocieron en Ámsterdam en 1976 mientras ella realizaba un acto en el que, desnuda, dibujaba con un cuchillo una estrella comunista en su vientre. Una vez juntos llegaron a hacer performances tan extremas como conectar un aparato en sus bocas hasta consumir la respiración del otro y desmayarse, o pegarse cachetazos durante media hora.
Pero él no fue la única persona a la que ella vio en su retrospectiva. Se calcula que unas 850.000 personas acudieron a la muestra, que duró tres meses, de los cuales durante 736 horas y 30 minutos Abramović estuvo sentada en silencio mirando a los ojos a las personas que iban a verla. Entre ellos acudieron James Franco, Lou Reed y Lady Gaga, quien cita a la serbia como fuente de inspiración.
Pero lo más llamativo es que Abramović logró algo impensado en el arte de performance. No solo hubo gente que acampó durante las noches para verla, sino que cientos de personas lloraron ante su mirada. Incluso se creó una página en Tumblr llamada Marina Abramović Made Me Cry (Marina Abramović me hizo llorar), que no es más que un compendio de rostros lacrimógenos.
Por otro lado, la artista acaba de estrenar una obra de teatro en el Luminato Festival de Toronto, Canadá, con la actuación de Willem Dafoe, y planea abrir para 2014 en Nueva York, el Instituto Abramović para la Preservación del Arte de Performance, en el que se instruirá no solo a los artistas en esta disciplina sino al público, para que pueda apreciar performances de larga duración. Para tal fin se comprarán sillas especiales y habrá hasta áreas para dormir.
Tendencia
El éxito de Abramović parece estar llevando no solo su carrera a la cima sino también a la popularización de un género que concita cada vez más atención del público y de artistas de otras disciplinas.
Este es el caso del rapero Jay-Z, quien a principios de mes estuvo interpretando su canción Picasso Baby en el Pace Gallery de Nueva York para una persona a la vez, evento que duró unas seis horas.
Poco tiempo antes, la actriz Milla Jovovich se encerró en una caja transparente durante todo un día para la instalación de Tara Subkoff en la Bienale de Venecia, la cual pretendía criticar el consumismo.
En el mes de marzo, la ganadora del Oscar Tilda Swinton sorprendió a los visitantes del MoMA cuando apareció sorpresivamente reposando cual bella durmiente dentro de una caja de cristal.
Los ejemplos anteriores dan muestra de un interés emergente en un tipo de arte que se diferencia de la mayoría de los consumos culturales actuales, sesgados por la rapidez y la masividad. Este género, en cambio, prioriza un tipo de comunicación interpersonal, pausada y silenciosa que, en vistas del éxito que está sucitando, parece haber encontrado un público ávido de más.