La OMS tiene un plan contra el coronavirus pero pocos países lo siguen

La Organización Mundial de la Salud debería actuar como el organismo central de coordinación pero los gobiernos están renuentes a ceder el control 

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22 de marzo de 2020 a las 05:00

Por Selam Gebrekidan 

Durante semanas, la Organización Mundial de la Salud se rehusó a declarar que el brote del coronavirus era una pandemia por el temor de que, al hacerlo, cundiría el pánico en todo el mundo.

Sin embargo, el miércoles pasado lo hizo frente a las cámaras el director general del organismo, Tedros Adhanom Ghebreyesus, y llamó a la unidad del mundo para “cambiar el rumbo de esta pandemia”.

Fue un momento simbólico que destacó el estatus de la OMS como el principal organismo de salud pública del mundo. Pero también reflejó la debilidad subyacente de la OMS como una organización que, bajo los tratados internacionales, debería liderar y coordinar la lucha mundial contra el coronavirus; sin embargo, la han dejado al margen de múltiples formas. 

Ha sido patente la falta de solidaridad del mundo en la lucha para detener un brote que ya causó el fallecimiento de 10.000 personas y se ha propagado a más de 150 países. Parece que no hubiera nadie al frente. Parece que no existiera plan alguno.

Pero sí lo hay. El problema es que pocos países, relativamente, están prestándole gran atención.

Hace 15 años, la OMS realizó una actualización importante del Reglamento Sanitario Internacional, el marco global para responder a los brotes de enfermedades. Esta actualización buscaba corregir las fallas de la respuesta global al brote de SRAG de 2003, el cual mató a cientos de personas y llevó a los sistemas avanzados de atención médica a un punto de inflexión.

La idea básica era que la OMS debería ser un organismo central de coordinación. Los países notificarían a la agencia sobre los brotes y compartirían información que ayudara a los científicos a enfrentar alguna epidemia a nivel mundial. La OMS coordinaría los trabajos de contención, declararía emergencias y haría recomendaciones. El reglamento actualizado es jurídicamente vinculante y ha sido firmado por 196 países, incluyendo Estados Unidos.

No obstante, docenas de países están transgrediendo las reglas internacionales y faltando a sus obligaciones. Algunos no le han informado a la organización sobre los brotes, como es obligatorio. Otros han implementado restricciones a los viajes internacionales, en contra de la recomendación de la OMS y sin notificar a los funcionarios encargados de la salud en el mundo.

“Uno de los mayores desafíos que enfrentamos es que demasiados países afectados no están compartiendo la información con la OMS”, señaló Tedros el mes pasado. También culpó a algunas naciones —no ha querido especificar cuáles— de no tomar con la suficiente seriedad este brote. 

Como parte de Naciones Unidas, la OMS es muy importante, pero se ve entorpecida por presiones políticas y de presupuesto. Le falta mucha autoridad para hacer cumplir las reglas, lo que genera una elocuente desproporción de poder. Con frecuencia se le acusa de doblegarse ante sus donantes, desde los actores poderosos como Estados Unidos y China, hasta los financiadores privados como la Fundación Gates.

Estas contradicciones originaron la respuesta tan criticada del organismo al brote del Ébola en África Occidental y provocaron que algunos investigadores cuestionaran la necesidad de una institución tan débil. Sin embargo, Rebecca Katz, investigadora de la Universidad de Georgetown, señaló que esas críticas no están considerando un aspecto fundamental.  

“Si no existiera la OMS, tendríamos que inventarla”, afirmó Katz, quien ha estudiado los reglamentos de salud durante más de una década. “Se encuentra en una situación difícil porque sabemos que hay leyes internacionales, pero también sabemos que todos los países son soberanos”, comentó.

Esta vez, algunas personas que la criticaron en el pasado reconocen que ha actuado mejor al declarar la emergencia a nivel global de una manera mucho más rápida de lo que lo hizo durante los brotes de SRAG y de ébola, y al compartir información de manera constante con la población y convocar a más de 300 científicos y patrocinadores de investigaciones a contribuir con el desarrollo de pruebas, vacunas y medicamentos. 

Aun así, este organismo es marginado de muchas maneras.

Los ejemplos más evidentes son el desacato del mundo sobre las restricciones a los viajes internacionales. Según la OMS, más de 70 países han instaurado estas restricciones, incluyendo Estados Unidos, donde el presidente Donald Trump anunció el miércoles en la noche la restricción de que personas procedentes del continente europeo entraran a este país.

No obstante, en cuatro recomendaciones que ha emitido desde principios de enero, la OMS se ha pronunciado en su contra de manera constante al advertir que es poco probable que las restricciones al tránsito internacional durante las emergencias de salud pública detengan la propagación del agente patógeno.

Estas reglas no se aplican a las restricciones a los viajes nacionales ni a las decisiones tomadas por las aerolíneas privadas, pero la OMS ha advertido en varias ocasiones que las restricciones internacionales pueden detener recursos necesarios o retrasar la ayuda y el apoyo técnico. El organismo señaló que esas restricciones solo se justifican al inicio de un brote con el fin de que los países tengan tiempo para prepararse. Si no es por eso, lo más probable es que causen importantes daños económicos y sociales. 

Mientras tanto, según un vocero, solo 45 de más de 70 países que han impuesto las restricciones a los viajes internacionales han cumplido con el requisito de informarle a la OMS sobre sus medidas.

También tenemos la falta de disposición de algunos países a levantar una prohibición a la exportación de equipos protectores, lo que complica un combate más general a la enfermedad. Francia y Alemania han establecido límites a las exportaciones de esos equipos. 

“Podemos entender que los gobiernos tienen una responsabilidad primordial hacia sus propios trabajadores de la salud”, señaló Michael Ryan, quien encabeza el programa de emergencias sanitarias de la OMS.

Exhortó a los países a dejar de acaparar equipo e hizo un llamado a la solidaridad en todo el mundo.

“Desde luego, la vida de un trabajador de la salud de un país es tan valiosa como la vida de un trabajador sanitario de otro país”, afirmó Ryan el lunes.

Los gobiernos nacionales que suscribieron el reglamento internacional también dejaron un resquicio que ahora están usando.

De acuerdo con Gian Luca Burci, quien trabajó como asesor legal del organismo durante once años, este resquicio fue producto de horas de negociación en Ginebra, donde en 2005 se concluyeron las actualizaciones.

Burci señaló que los negociadores se quedaron hasta las 5 a.m. para ponerse de acuerdo sobre una solución intermedia que equilibrara “las consideraciones relacionadas con la salud pública y la retención del poder político fundamental”.  

Los países estaban renuentes a ceder todo el control a un organismo internacional. Propusieron una disposición que les permitiera tomar las medidas sanitarias con las que creyeran que podrían lograr los mismos resultados o mejores que siguiendo las recomendaciones de la OMS, bajo la premisa de que estas medidas tuvieran fundamentos científicos y contribuyeran para el bien común.

“Los gobiernos se otorgaron un pase de ‘salida de la cárcel’”, señaló Burci. 

Según estas reglas, los países están obligados a informar en las primeras 48 horas a este organismo acerca de cualquier medida que hayan tomado que no se apegue a los lineamientos colectivos, así como de los razonamientos detrás de esas medidas. Muchos países no lo han hecho durante el brote de coronavirus y la OMS no puede hacer gran cosa al respecto. 

En algunos casos, los funcionarios de la OMS solo se enteraron, mediante reportes de los medios de comunicación, sobre la suspensión de los viajes después de que ya se habían implementado. 

“¿Qué pretendemos en realidad si nadie sigue las recomendaciones de la OMS y no tiene castigo alguno?”, preguntó Burci.

Como carecen de la autoridad para aplicar los reglamentos internacionales, los funcionarios de la OMS tienen que caminar por la cuerda floja de la diplomacia. Un vocero de la OMS mencionó en un comunicado que el organismo “no puede obligar a los países a modificar las medidas que han implementado”.

El mes pasado, Tedros envió dos cartas (que no se han dado a conocer a la población) en las que les recuerda a los países cuáles son sus obligaciones. Su personal ha recopilado informes de los medios sobre la oleada de restricciones a los viajes y está exigiendo que los países den una justificación. 

Los funcionarios del organismo no han querido nombrar ni avergonzar a los países que violan las reglas y, en gran medida, han obviado las preguntas de los medios al respecto.

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