The Sótano > Opinión / Eduardo Espina

La pelota del Mundial

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26 de marzo de 2018 a las 05:00

Una de las características que hacen del fútbol el deporte más popular del mundo es la belleza de su simpleza, el acotado número de reglas que tiene, y el hecho de que, a diferencia de otros deportes, no se necesita demasiado equipamiento para practicarlo. Una pelota, no siempre redonda (como las de trapo que los niños utilizan si no hay otra), basta para tener un match, diversión y goles.

El escritor argentino Eduardo Sacheri tiene un cuento sobre un partido de la infancia, en el cual uno de los equipos, formado por muchachos pobres, da ventajas pues no está acostumbrado a jugar con pelotas de cuero buenas, como la que se jugará el partido contra los rivales esa tarde. Prácticamente desde 1954, cuando la selección alemana derrotó en la final a la de Hungría, estando mejor equipada que su rival, los zapatos y el balón se han convertido en silenciosos y valiosos protagonistas de todos los Mundiales. Desde 1970 hasta la fecha, Adidas fabrica los balones oficiales y porque la tecnología progresa, o eso dicen. Nunca son los mismos, por lo que los futbolistas deben intentar adaptarse a las características de cada nueva pelota que se estrena. En Sudáfrica 2010 se habló tanto de la vuvuzela y de la Jabulani como de los propios futbolistas; una por hacer mucho ruido y la otra por ser impredecible, con un desplazamiento alocado, tal como se vio en el primer gol de Holanda contra Uruguay.

Muslera comentó: "Es muy difícil de agarrar porque no sabés por dónde bloquearla". En Rusia la pelota tendrá otra vez protagonismo, mejor dicho, ya lo tiene, pues los goleros se quejan de las características de la Telstar 18, que puede convertirse en pesadilla para ellos. David de Gea y Marc-Andre ter Stegen, goleros de España y Alemania respectivamente, dijeron que es difícil de atrapar por tener un capa de plástico, y por moverse demasiado. En otras palabras, "podría haber sido mucho mejor".

La Telstar 18 es en colores blanco y negro, en homenaje a la Telstar que se usó en el Mundial de 1970, en tiempos cuando los errores en la cancha eran responsabilidad de los futbolistas, no consecuencia de la calidad y del diseño del balón.
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