El verano está cerca y hay algunas cosas que lo hacen asemejarse bastante al anterior. La preocupación de empresarios y trabajadores apunta a los potenciales efectos que tendrán la devaluación y la crisis económica en Argentina en la próxima zafra de turismo. Hoy se hacen números sobre cuántos visitantes llegaran a vacacionar y se piensa en cómo hacer para los que decidan venir consuman y gasten a buen nivel. También se confía en que el turismo interno ayude a paliar en algo la falta de argentinos en los balnearios.
Al margen de las cuestiones relacionadas con el bolsillo, el éxito de convocatoria para destinos de sol y playa depende también de otras cosas. Una es que haya días con buen tiempo y sin lluvias. Y otra es que el agua esté en condiciones para baños sin que se ponga en riesgo la salud de grandes y chicos. Los primeros días calurosos ya dejaron ver algas en algunas playas de la capital y revivieron el fantasma de tener otro verano con cianobacterias.
Con el ascenso de las temperaturas también cobra dinamismo el mercado de las piscinas, una opción que sigue ganando espacio entre quienes prefieren disfrutar de un baño al aire libre y en la comodidad de sus casas. La instalación se da hoy por igual en casas nuevas o en propiedades que buscan sumar esta comodidad, tanto en Montevideo, Punta del Este, otras ciudades del interior e incluso establecimientos de la zona rural.
En diálogo con El Observador, Gerardo Azzariti de Piscinas Tankes recordó que como todos los años cuando “pica el calor” la gente se acuerda, levanta el teléfono y pide que le instalen una piscina, preferentemente antes de las fiestas. Las cianobacterias también juegan su partido en la demanda de estos productos. “Hay gente que tiene casa en la playa, que nunca tuvo piscina y ahora la quiere. Lo mismo para quien tiene la casa como negocio para arrendar”, contó el comerciante.
En las casas especializadas la oferta es amplia en formas, precios y tamaños. Azzariti explicó que en el caso de su empresa, una de las mejor ranckeadas es la piscina de 6 metros de largo por 3 metros de ancho y 1,4 metros de profundidad, fabricada en fibra de vidrio, que se puede comprar desde US$ 11 mil o US$ 12 mil. Otro tamaño demandado y del mismo material es 8 metros de largo por 4 de ancho que se consigue por unos US$ 15 mil.
El precio incluye todo el trabajo de instalación que suele llevar aproximadamente una semana o incluso menos, desde la realización del pozo, preparado del suelo, ingreso del artefacto, colocación, preparación del contrapiso y sala de máquinas, más colocación de baldosas o borde perimetral.
En otro caso, la firma Piscina del Sur tiene en oferta durante noviembre una piscina con dimensiones de 8 metros de largo, 4 metros de ancho y 1,40 metros de profundidad por US$ 10.500. El precio incluye bombas, filtros, vereda perimetral, pozo y nivelado, sanitaria y caños, entre otros accesorios. Otra más pequeña de 4,40 metros de largo, por 2,20 metros de ancho y 1 metro de profundidad se promociona a US$ 6 mil, según su página web.
También es posible conseguir este tipo de productos fabricado en hormigón aunque la demanda es mucho más reducida por una cuestión de precios y de tiempos de obra, que puede llevar hasta 60 días calendario. Las piscinas se pueden instalar en cualquier tipo de suelo al margen de algunas precauciones puntuales que se toman, por ejemplo, cuando los suelos son muy arcillosos.
Un incentivo que juega entre los consumidores es la posibilidad de poder financiar la compra. Hoy el mercado ofrece amplios planes que permiten pagar en hasta 18 o 24 cuotas, por ejemplo. “Tenemos llamados de varios puntos del país. Es algo que ha dejado de ser prohibitivo. La clase media ya puede acceder”, dijo Azzariti, quien según cuenta mantiene costos similares desde hace cuatro años pese a que los insumos son en dólares.
Otra variante de productos que se comercializa en el mercado local es la línea de spa, pensados para hidroterapia y masajes. Por ejemplo, la empresa Akesse ofrece uno con capacidad para cinco adultos por US$ 10.480.
Comodidad que agrega valor
La compra de una piscina no solo suma confort, es también una manera de suma valor y atractivo a la vivienda, tanto si es un inmueble que se quiere vender o que se piensa volcar al mercado de arrendamientos. En ocasiones termina siendo un elemento clave con el que el propietario se asegure el alquiler, aun cuando el inmueble no tenga la mejor ubicación dentro de un balneario. En diálogo con El Observador, el operador inmobiliario de Maldonado Francisco Bistiancic explicó que la piscina puede complementar el precio del arrendamiento hasta un 20% o 30%.
La incidencia será mayor o menor dependiendo de aspectos como el estado de la vivienda y la ubicación de la pileta dentro de la propiedad. Por ejemplo, una casa en buenas condiciones y que tenga una piscina bien ubicada e integrada a la barbacoa y al jardín, con deck de madera y reposeras sin dudas se verá valorizada de manera importante.
En cambio, no hará demasiada diferencia en el precio si tiene sombra de árboles cercanos o forma parte de un inmueble que no está en el mejor estado. Bistiancic explicó que la instalación de piscinas se puso “muy de moda” hace ya tres o cuatro años, principalmente en casas de Punta del Este. Basta con echar un vistazo en Google Earth para comprobar la gran cantidad de espejos azules. Desde su punto de vista, en la medida que este verano se repita la alerta por cianobacterias “es muy probable” que aumente nuevamente la demanda de propiedades que tengan pileta.