25 de abril 2014 - 21:49hs

Hay mucha más especulación sobre los pasos que da o que amaga a dar Tabaré Vázquez, que información concreta de los motivos que tiene el expresidente y candidato favorito para adoptar determinadas decisiones.

Son muchos los dirigentes del Frente Amplio que insinúan saber, y pocos los que realmente acceden a los círculos concéntricos en torno al médico frenteamplista.

Vázquez tiene la habilidad de concentrar la atención, ayudado por el hecho de que, de por sí, genera expectativa especial lo que él haga o diga. No es uno más en la política uruguaya. Es el líder que desde el inicio de los años 90 tiene el mayor índice de simpatía popular entre los uruguayos. Fue presidente, en un período histórico que quebró la tradición de gobiernos de un color u otro de los partidos tradicionales.

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Y ahora, que luego de tomarse un tiempo de distancia con la actividad partidaria se metió de lleno en la campaña electoral, tiene la ventaja del imán de las miradas periodísticas y de los tomadores de decisión económica.

Vázquez tiene públicos diferentes para enviar su mensaje político. Y tiene tiempos diferentes para actuar. Hay un tiempo, hasta el 1º de junio, que es de competencia interna en cada lema partidario, pero con la simultánea competencia con vistas a octubre. Y hay otro tiempo que arranca la noche de ese domingo, cuando se abran las urnas y queden definidos todos los candidatos presidenciales.

Alcanzó con que el expresidente dijera que para él sería un honor que Danilo Astori fuera el ministro de Economía de un eventual gobierno suyo, para que muchos lo tomaran como que se había despejado duda alguna sobre la “continuidad” de la política económica.
En realidad, esa definición tiene origen en las últimas semanas de 2013. Y surgió en una charla que mantuvieron Vázquez y Astori sobre el rol del actual vicepresidente en un futuro probable gobierno del Frente Amplio.

Lo nuevo, y no menos relevante, es la declaración que hizo Vázquez en el programa Código País de Teledoce.

Y no solo eso. Afirmó que entiende que no hay margen para un giro a la izquierda.

“El gobierno del Frente Amplio es un gobierno de un partido de centro-izquierda. Esa es la realidad. Yo no veo la posibilidad dar un giro a la izquierda. Sí veo la posibilidad de ir avanzando en algunos temas en forma gradual, seria y responsable para no afectar equilibrios importantes, como la economía”, dijo Vázquez.

Ambas definiciones –la elección de Astori como ministro de la cartera económica y la advertencia de que no se puede ir hacia algo más de izquierda, o que si se toma alguna medida en ese tono, habrá que cuidar los equilibrios–, fueron recibidas en el ámbito empresarial y político como una puerta cerrada a ese tipo de “aventuras”. Como que se zanjó la discusión.

Pero no es así, necesariamente.
Ahora, bien, ¿lo hizo como aviso a la interna del Frente Amplio? ¿Lo hizo porque las encuestas muestran que el oficialismo está estancado, mientras la oposición crece y que eso se da en una franja de electorado de centro?

Sobran especulaciones y faltan datos concretos. Pero lo hizo. Y antes de lo que muchos creían… que aguardaban ese tipo de anuncios para después de las internas de junio.
Pero todas las consideraciones que se hagan en abril de 2014 sobre un gobierno que será elegido en octubre o noviembre y que asumirá en marzo de 2015, tienen el riesgo de la distancia en el tiempo y del desconocimiento del voto de la gente.

En el supuesto de un tercer gobierno del Frente Amplio, lo que no está asegurado, según reconocen los principales encuestadores, será fundamental saber si el oficialismo tiene o no mayoría en ambas cámaras. Y eso, hoy, no parece fácil de conseguir.

Además, será clave también el resultado de la interna y la fortaleza o debilidad con la que salga una y otra corriente de la coalición de izquierda.

¿Qué sectores políticos están comprometidos con la continuidad de la política económica?
Esa interrogante se presta para un interesante juego político, y para simulación de escenarios diferentes, según lo que pueda emerger de las urnas.

El precandidato del Partido Colorado, Pedro Bordaberry, ensayó esta semana una línea argumental que apunta al corazón de esa disyuntiva.

El líder de Vamos Uruguay razonó en voz alta frente a la estrategia de Vázquez, que convoca a votarlo con el argumento de que “vamos bien” y de que hay que mantener esta política económica que ha beneficiado a los uruguayos. Bordaberry dice que esa continuidad se logra con la oposición actual, ya que colorados y blancos respaldan esa línea, pero no necesariamente con el Frente Amplio.

“¿Quién la cuestiona? ¿Quién reclama que se hagan cambios”, preguntó Bordaberry en alusión a propuestas de sectores frentistas que reclaman un giro a la izquierda.
En ese sentido amplio, Bordaberry da en el clavo, y le traslada a la interna del Frente Amplio la discusión sobre política económica.

Claro que la izquierda tiene para responder con un Programa de Gobierno aprobado en su último Congreso, aunque todos saben que eso no cerró la disputa interna.

Y también saben que el pronunciamiento público de esta semana del propio Vázquez no concluyó el debate sobre política económica y “profundización de cambios”, en definitiva, sobre la pulseada para ir hacia algo más de izquierda.

Y es que sectores muy amplios tienen eso en la mira. Es el caso del Partido Comunista (1001), que vota poco pero que tiene mucha influencia en militancia, y del MLN-T, que es el corazón fuerte del MPP-609.

Lo es también en otros grupos que se abren camino, como el conducido por Raúl Sendic (Compromiso Frenteamplista-711), o del nuevo Frente Unido (Vertiente y la 5005)
Y también de una buena parte del Partido Socialista, hasta por definición ideológica del partido más viejo de la izquierda.

Seguramente que el PCU y el MLN-T tienen un acento mayor en el reclamo de medidas “más de izquierda”, porque, en definitiva, sienten estos períodos como de transición hacia un modelo menos capitalista, para decirlo en forma sencilla.

No lo ocultan, no lo plantean camuflado; son esencia de sus definiciones ideológicas y de sus objetivos políticos de largo plazo.

Cuando se habla de “continuidad de política económica”, se lo hace en un sentido amplio de una política que cuide los equilibrios macro (no mucha inflación, no mucho déficit fiscal), que estimule y garantice cierta protección jurídica a las inversiones privadas (incluso extranjeras), y que promueva una inserción internacional en mercados.

Pero eso es una simplificación que no se ajusta a la realidad.
La “política económica” es el conjunto de varias políticas: la monetaria, la fiscal, la cambiaria, la comercial y, en alguna medida, la de “precios e ingresos”.

Por el lado monetario es por donde aparece una línea de cierta coincidencia, en cuanto a que su objetivo debe ser contener la inflación, y por lo tanto no se puede mantener una expansión monetaria como para empujar el aumento de precios.
Por el lado cambiario, aparece la preocupación por la competitividad, pero todo ello queda ligado al combate a la inflación y con el nexo con la política monetaria.

En la política fiscal, salvo el objetivo de no incurrir en déficit alarmante, hay amplio margen para la discrepancia. Tanto por el lado de los ingresos y la política tributaria, como por la del gasto, a la hora de definir el tamaño y el “reparto de la torta”.

La política comercial está formalmente ligada al Mercosur por el concepto de “unión aduanera” establecido en los tratados. Pero dada la permanente violación del bloque a los convenios firmados, ese caos da margen a diversas acciones. Y los partidos uruguayos difieren sobre el camino a seguir.

En materia de “precios e ingresos” también hay margen para decisiones en un sentido o en otro, como es el caso de la política salarial.

O sea, hay mucho para definir. Y el debate no se termina nunca necesariamente. Y las señales de zigzagueo terminan, muchas veces, generando confusión.

Lo que sí es relevante, y sobre eso no se ha hablado mucho, es que en el electorado hay cierto corrimiento al centro. Eso, más allá del partido que se va a votar. Si eso se confirmara, ello terminaría siendo más importante que el apresurado “nombramiento” de un ministro. Porque implicaría que no habría permeabilidad de opinión pública para aceptar “un giro a la izquierda”.

Y si el mensaje del oficialismo se concentra en eso de “vamos bien”, la consigna no solo va como freno al voto hacia los que hoy están en la oposición, sino también en reforzar la idea de que no se debe poner en riesgo lo actual. O sea, que no conviene arriesgar en cambios significativos…

La campaña recién está comenzando. Demasiado temprano para estar descartando cosas. Pero las señales, tanto de los candidatos como de los electores, hay que ir teniéndolas en cuenta.

Temas:

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