Si se acepta que hubo una primera época del cine de directores negros en Estados Unidos, a principios de la década de 1970 –con películas que recalcaban el carácter criminal que le daba la sociedad blanca a la raza negra–, y una segunda época a principios de la década de 1990 –la del director neoyorkino Spike Lee–, habría que aceptar que casi cada 20 años se renueva el panorama cinematográfico negro en Estados Unidos.
Bajo el ala de Spike
Uno de los casos más paradigmáticos es el de la directora Dee Rees. Con 34 años, estudió cine en la universidad de Nueva York, y tuvo como compañeros de clase a Brown y a Green, quienes a su vez tuvieron como profesor al mítico Spike Lee, referencia directa entre los grandes directores negros.
En 2006, todavía siendo estudiante, Rees comenzó a trabajar en la producción de When the leeve brakes, el documental que el canal HBO le financió a Lee acerca de la catástrofe que provocó el huracán Katrina en la ciudad de Nueva Orleans.
Rees dirigió y estrenó este año su primera película, Pariah. Se trata de la historia de una joven negra y lesbiana que vive en Brooklyn y que debe lidiar con esa doble condición en una comunidad muy prejuiciosa. Las dificultades en las relaciones con su entorno hacen que el personaje viva una situación de social de aislamiento. Pariah es bastante autobiográfica, porque Rees también es joven, negra y lesbiana.
Otra película con trasfondo sexual es Gun hill road, donde un delincuente de origen mestizo negro y puertorriqueño sale de la cárcel y descubre que su hijo es un transexual. La vuelta a la libertad lo enfrenta a la realidad de la identidad de su hijo.
Qasim Basir filmó Mooz-lum, la historia de un musulmán que debe adaptar su vida a la del medio oeste de Estados Unidos, donde vive.
Por su parte, Alrick Brown se trasladó al corazón de África para recrear una de las mayores tragedias humanas de la década de 1990: el terrible holocausto ruandés, que enfrentó en una guerra a machetazos a hutu con tutsi. La película se llama Kinyaruanda.
Sundance: la plataforma
Todas estas películas tuvieron gran repercusión en el festival de Sundance, meca del cine indie, pero no tanto en Estados Unidos.
Todas tuvieron su estreno en Sundance 2011 y eso significó su participación en otros festivales, como Toronto y Berlín.
Pariah ganó en Sundance el premio a la Excelencia cinematográfica. Incluso, ya se rumorea que puede ser candidata a Mejor Película en la próxima edición de los mismísimos premios Oscar. Kinyaruanda, título de la película de Brown, ganó el World Cinema Dramatic Audience Award, también en Sundance.
Las películas llamadas de “minorías” siempre generan suspicacia entre la crítica, porque se considera que su valor reside más en la causa que lleva detrás como bandera que por sus dotes de buen cine. Pero en este caso, la opinión acerca de esta nueva oleada de cine de directores negros ha sido unánime: estamos frente a una nueva generación de calidad.
¿Quiénes son?
Dee Rees es una de las principales representantes de la nueva movida negra en el cine de Estados Unidos. Dirigió la premiada Pariah, acerca de una joven negra y lesbiana, como la propia directora.
Alrick Brown filmó Kinyarwanda durante 2010 y la estrenó en enero de este año en el festival de Sundance. El filme centra su historia en el contexto del holocausto ruandés de 1994.
Andrew Dosunmu ganó notoriedad con Restless city, una película que casi en clave documental explora a personajes de la comunidad que viven en torno al microclima que genera la calle Canal de Manhattan.
Rashaad Ernesto Green dirigió Gun hill road, que se ambienta en un sector conflictivo del Bronx neoyorkino. La película trata acerca de un ex convicto de origen puertorriqueño que sale de la cárcel y descubre que su hijo es transexual.