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La verba de Mujica y los lúmpenes con iPhone

Son legión los que hablan igual o peor que el presidente y esos sí están a tiempo de cambiar

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12 de abril de 2013 a las 00:00

“Estuve todo el día amarrocado y sin tutanca en la pieza”, me dijo una vez un preso que entrevisté. ¿Que qué? Marroca son las cadenas y tutanca el televisor. El preso, lo suficientemente inteligente como para tomar distancia de su realidad en el carcelaje, se disculpó varias veces porque, según me dijo, de tantos años encerrado, había perdido vocabulario y no solo había incorporado la jerga tumbera sino que había dejado de usar muchas palabras porque en la cárcel con pocas alcanza.

Si ubicásemos las cárceles, atestadas de jóvenes, como el peor extremo del uso del lenguaje, un escalón apenas más arriba estarían las otras cárceles, cada vez más pobladas, donde se alojan los menores infractores. Algunos trabajadores sociales cuentan que hay pibes con los que, directamente, es imposible mantener una conversación, y ya ha dejado de ser un problema de comprender o no la jerga. La palabra y el razonamiento son hermanos.

¿Y un escalón más arriba quiénes están? Esos mismos pibes antes de caer, las barras de las esquinas, cada vez más pobladas a toda hora del día. He repetido el dato tanto que ya casi ni me provoca: entre los pobres solo un 6% termina secundaria.

¿Han navegado las redes sociales para ver cómo se expresa esta legión de usarios de las nuevas tecnologías? Está lleno de lúmpenes con iPhone.

No hablo solo de Facebook sino también de Twitter, donde sus usuarios presumen de otro estatus. Estos días, uno de esos cancerberos de la red me criticó por “sobervio” y repitió varias veces el tuit hasta que alguien, alguno de su tribu, le aclaró que mi soberbia era mayor que la que ella imaginaba en su forma de expresarse, porque iba con b larga y no con v.

Admitámoslo, nos caemos a pedazos con nuestra forma de expresarnos y no es solo una cuestión de faltas de ortografía.

Mientras todo esto le pasa a los simples ciudadanos, algunos de los que tienen la capacidad de tomar decisiones para cambiar el rumbo, llevan agua para su molino cuestionando, no la forma en que hablan legiones de ciudadanos, sino cómo se expresa el presidente. Desde un punto de vista parece joda.

Mujica es presidente no por ser el más culto sino porque más de la mitad de la población lo votó. La abrumadora mayoría habla como él o peor. Es una suerte que la Constitución no prohíba ser presidente a alguien que se come las eses porque al ritmo que vamos llegaría un día que no habría a quién votar.

Ya sabían todos cómo hablaba Mujica. ¿Cuál es la novedad? Que había un micrófono abierto y habló de una presidenta ¿Alguien realmente pensaba que la banda presidencial le iba a mejorar la verba al mandatario?

Mujica es un viejo terco que no va a cambiar y si cambiara habría que desconfiar porque no sería él. Los que sí pueden cambiar son los integrantes de esta muchedumbre de analfabetos funcionales que sube como leche hervida.

Somos de reacciones cortas. Un día nos sorprendió ver pibes en las esquinas haciendo malabares y lo incorporamos a la cultura visual. Nunca había matanza guerra de narcos, ya casi no llama la atención. Hay liceos que se llueven y huelen a mierda, y dale que va.

A los que dicen que el presidente debería dar el ejemplo y bla bla bla, los invito a mirar las cosas desde este lugar: si algo no cambia medio rápido vamos a terminar votando no solo a un presidente que se coma las eses, sino a uno que nos jure que habló con Artigas reencarnado en un ñandú. Porque al final, cada presidente tiene el pueblo que se merece.

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