3 de julio de 2014 13:01 hs


Era una victoria para festejar con el alma, por la tensión que llevaba Brasil en este camino en la copa del mundo, porque se sacó un rival durísimo y porque por primera vez apareció como para ilusionar a sus millones de hinchas. Pero al final del partido había sólo festejos medidos. La imagen de Neymar saliendo en camilla, luego de un duro rodillazo del colombiano Zúñiga, ya era suficiente para hacer correr un sudor frío por las espalda a los 200 millones de norteños. Mientras los jugadores daban declaraciones y se repetían las imágenes del partido, otra imagen congelaba a todos: el delantero entrando con suero al hospital. Y finalmente, poco más de una hora después, el baldazo de agua fría: Neymar, la gran esperanza de Brasil, el chiquilín que se puso el equipo al hombro, se fracturó la quinta vértebra lumbar y se perderá lo que queda del Mundial.

Es un golpe incalculable para Brasil. En lo futbolístico porque pierde a su líder, y en lo anímico porque queda sin el hombre a quien recurrir cuando nadie más aparecía. Encima, el martes tampoco estará Thiago Silva por sanción, y enfrente estará Alemania, siempre frío, siempre inmisericorde

El partido.
Las oportunidades que da a veces el fútbol son pocas. Poquísimas. Como esta que tuvo ayer Colombia para entrar por primera vez en la historia mundial y dejar a Brasil afuera de su Copa.

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Estilo no le faltaba. Futbolistas, tampoco. Juego, menos. Solo la personalidad necesaria como para afrontar esta clase de partidos como se debe: con toda la actitud que se merecía.

Pero no solo Colombia no lo hizo, sino que se encontró con un notable primer tiempo de Brasil en el que mostró lo mejor hasta ahora de su Mundial. A los 6 minutos, un córner desde la izquierda levantado por Neymar dejó solo a Thiago Silva para la apertura ante la petrificación total de la defensa y el arquero colombianos.

Durante todo el primer tiempo, el equipo de Felipão fue el que imprimió el ritmo, el dueño de las acciones, el que más quiso.

En el complemento, Brasil volvió al gol con un tremendo misil de David Luiz que Ospina no pudo contener.
Todo parecía liquidado, pero Colombia comenzó a atacar y llegó un penal de Júlio César sobre Adrián Ramos que James Rodríguez convirtió para el 2-1 y sumar seis tantos como máximo anotador del Mundial.

Recién allí, faltando solamente 11 minutos para que terminara el encuentro, Colombia se acordó de atacar, se dio cuenta de que se quedaba sin Mundial, sin esa oportunidad histórica que se le había presentado. Daba la sensación como que no estaba jugando un partido de definición.

Fue demasiado tarde. Brasil hizo cambios para darle más aire al equipo y también, al mejor estilo Felipão, jugar con lo mínimo. El fútbol demostró una vez más que no deja pasar oportunidades. Y ayer Brasil ganó con la camiseta, como para empezar la remontada en la recta final. Pero le costó muy caro: porque perdió a su alma, y ahora deberá sacar fuerzas de donde no ha mostrado tener para que el Mundial no se le transforme en una pesadilla.

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