El abrazo afectuoso y las palabras de reconocimiento entre los expresidentes José Mujica y Julio María Sanguinetti, en el hemiciclo del Senado el lunes 20, en la sesión en la que ambos renunciaron a la Cámara Alta, fueron hechos simbólicos de una buena convivencia democrática. Pero, han sido gestos interpretados de manera exagerada debido a análisis descontextualizados o a la ligera.
Los medios de Uruguay, agencias internacionales y sitios periodísticos del extranjero encomiaron el talante de los dos jefes de Estado octogenarios, durante la sesión senatorial en la que formalizaron su renuncia a sus bancas legislativas para dedicarse a otras tareas de la actividad partidaria. Las imágenes del saludo afectuoso entre ambos líderes, que se ubican en las antípodas ideológicas, se convirtieron en un fenómeno viral.
Es comprensible que, en un mundo dominado por la polarización y la inquina en el ejercicio político, llame la atención los reconocimientos mutuos entre un exguerrillero de izquierda y uno de los políticos emblemáticos de la transición a la democracia, un referente de uno de los partidos históricos que enfrentó el declive institucional por las acciones subversivas de la década de 1960.
El abrazo fue una sugerente señal de respeto, pero incompleto para una lectura certera sobre la madurez sistémica que se desenvuelve en el equilibrio político, recogiendo la enseñanza griega de que la virtud es siempre una medianía.
Abrazar también supone comprender o contener, dos verbos que hoy no conjuga el Frente Amplio (FA) en su nuevo papel de oposición.
Es por eso que para ubicar en su verdadero significado la concordia política en medio de la pandemia, es necesario mostrar otra imagen, la del Plenario del FA del sábado 17, votando por una abrumadora mayoría a favor de sumarse a la comisión pro-referéndum que impulsa el PIT-CNT para derogar parcial o totalmente la ley de urgente consideración (LUC).
La LUC, un emblema del gobierno de Luis Lacalle Pou, que contiene un conjunto de reformas en la dirección adecuada para poder empezar a mejorar aspectos de la seguridad pública, de la educación y de la economía, fue ampliamente difundida, y muy analizada y discutida en el Parlamento.
En un contexto en que el mundo enfrenta una segunda oleada de casos del nuevo coronavirus, y de aumento de los contagios en Uruguay y de vuelta de algunas medidas restrictivas, el sistema político empieza a quedar preso de la confrontación. No importa si se juntan firmas por el “camino corto” o el “camino largo” porque cualquiera de los dos, independientemente del resultado, perjudica la convivencia política y es un obstáculo potencial para la gestión del gobierno.
En su discurso de despedida, Sanguinetti citó parte de la última estrofa de un poema de Octavio Paz que dice: “La inteligencia al fin encarna, se reconcilian las dos mitades enemigas y la conciencia-espejo se licua, vuelve a ser fuente, manantial de fábulas (…)”.
El poema Himno entre ruinas del pensador mexicano también reconoce en otra parte que “las apariencias son hermosas en esta su verdad momentánea”.
El abrazo entre los dos líderes se convierte en un acontecimiento efímero si no encarna en una oposición que, junto al control y a la contestación, cultive la colaboración, diría el jurista argentino Ricardo Haro.