Cuatro madrugadas después de cumplir los 50 años, el cantor de tangos Francisco Maidana despertó con una angustia arrabalera, existencial y económica que lo empujó a un endiablado raid. Maidana conocía sus limitaciones artísticas - una voz algo cascada, engolada y poco original- pero estaba convencido de que se merecía un lugar en las tanguerías ciudadanas, copadas por un par de cantores de categoría y una caterva de compadritos ladradores.
Ese 21 de agosto, con el ego en las baldosas y las expensas sin pagar, abrió el cajón de la cómoda y se encontró con el revolver heredado de su padre.
Las balas de Maidana (La historia de un asesino serial)
Esta es la historia, casi verdadera, de un cantor de tangos que, cansado de la malaria, se puso a despachar colegas a tiro limpio