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Las historias de Omar Pouso: un guerrero que busca su camino como DT

Fue capitán de selecciones juveniles, campeón con Danubio, bastión de un Peñarol en crisis, compartió habitación con Hasselbaink y se ganó el corazón de los hinchas de Gimnasia con su marca registrada: el corazón

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03 de mayo de 2020 a las 05:02

Dieciséis de enero de 1999. Estadio José María Minella de Mar del Plata. Víctor Púa encabeza una especie de vuelta olímpica a modo de reconocimiento de cancha. Al día siguiente, Uruguay abrirá el hexagonal final del Sudamericano sub 20 contra Argentina. “Miren que acá va a estar lleno de hinchas cantando ‘vamos, vamos Argentina”. “Miren la fosa, los hinchas no van a poder entrar a la cancha”. “No se caguen”. Omar Pouso tiene esa caminata grabada a fuego. Era el capitán del equipo y al otro día colgó del ángulo un tiro libre para el triunfo celeste por 1 a 0. Todavía recuerda la cara de satisfasfacción de su entrenador.

Hoy, a los 40 años, tras retornar a Uruguay en diciembre, Pouso se prepara para ser entrenador (ya obtuvo el título en La Plata pero para dirigir en Uruguay debe revalidarlo y ya está en trámites) y recuerda a Púa y a Jorge Fossati como los técnicos que lo formaron como jugador.

Tras retirarse con la camiseta de Gimnasia y Esgrima La Plata a mediados de 2016 el exvolante se instaló en La Pampa y dirigió un par de años a Argentino de Darregueira, equipo semiprofesional de la Liga Cultural Zona Sur de La Pampa. 

Quería probarme para ver si era lo que quería, si tenía la voz de mando, probarme ante un plantel y me di cuenta que era lo mío"

“Puá estaba despegado en aquel momento. Fue un enorme formador de jugadores. De chicos nos hacía grandes porque tenía un carácter muy especial. Era durísimo, incapaz de demostrar un sentimiento. Nos tocaba el orgullo, nos hacía llorar, hasta a mí que fui su capitán con la sub 17 y la sub 20”, dice Pouso abriendo su canilla de recuerdos. 

“Pero como entrenador nos llevó a lugares que no imaginábamos. Era un monstruo”, afirma.

Aquella sub 20 terminó vicecampeona en Argentina y cuarta en el Mundial de Nigeria.

 

Pouso le hizo un gol de penal a Brasil en el 2-2 y los equipos se volvieron a ver las caras en cuartos de final del Mundial. Ganó Uruguay 2-1 a un equipo liderado por un tal Ronaldinho.

“Paraguay fue el que más nos complicó”, recuerda. La albirroja ganó 2-0 en la serie y 1-0 en el cuadrangular final. Pero Uruguay tuvo revancha en el Mundial al imponerse en octavos por penales. Paulo Da Silva, Nelson “Pipino” Cuevas, Salvador Cabañas y Roque Santa Cruz eran las figuras de aquel elenco guaraní.

“Un domingo jugamos un clásico de juveniles (Danubio-Defensor Sporting) y no sabemos por qué nos agarramos a las trompadas con el Lalo (Gonzalo) Sorondo. Al otro día teníamos que ir a concentrar con la selección y Púa se enteró y nos puso en la misma habitación. Después compartimos equipo en Charlton Athletic y somos amigos hasta el día de hoy”, recuerda.

Compartía el doble 5 con el Ruso (Diego) Pérez. Eran amigos de visitarse en sus casas. “No necesitábamos hablarnos, jugábamos juntos desde los 15 años”.

También compartió aquella selección y la Cuarta de Danubio con Diego Forlán: “Estaba el Abuelo (Daniel) Martínez de técnico. Jugaban Fabián Carini, Jorge Anchén, Fernando Cañarte y Javier Chevantón. Arrasamos. Él y Chevantón volaban. Después desapareció y al tiempo supimos que estaba en Independiente”.

Llegó a la Curva desde Mercedes con 13 años recomendado por un exjugador del club, Carlín Ocampo. “Jugaba en Bristol, era un fideo”. Campeón en todas las categorías en una época dorada de las juveniles del franjeado, debutó en el primer equipo en 1998 con Fossati: “Me dio el golpe de horno como jugador; flor de entrenador”.

En 2004, ya como referente del equipo, ganó el Uruguayo con Gerardo Pelusso como DT.

“Siempre nos faltaba algo, no sé qué, pero nos faltaba. Con Pelusso se dio que explotamos todos ese año. Acertó con los jugadores que trajo (Luis Barbat, Cafú y Walter Guglielmone), planteaba muy bien los partidos y no solo fuimos el equipo más goleador, que era nuestra principal característica, sino también el menos goleado. Esa defensa de Jadson Viera, Jorge Curbelo y Guillermo Rodríguez era impasable y en el medio estaba con el Mota (Walter Gargano) que era su primer año en Primera”.

Cumplido su ciclo en Maroñas, Nacional y Colón de Sante Fe se interesaron en contratarlo. Pero cuando apareció Peñarol en el medio no lo dudé. “Mi padre murió cuando tenía 14 años y su deseo era verme jugar con la camiseta de Peñarol”.

Pouso entró en un paquete junto a Nicolás Vigneri y el brasileño Zinho. Cuando pisó Los Aromos, el flamante entrenador Luis Garisto fue sincero con él en el medio de la cancha: “Yo no te pedí y vas a tener que pelear por un puesto. Te deseo suerte”, le dijo.

El 1° de marzo de ese año, poco antes de la designación de Óscar Tabárez, Gustavo Ferrín lo convocó a un amistoso contra Inglaterra en Anfield. Uruguay perdió 2-1 y Pouso hizo un golazo de volea.

A la vuelta Garisto lo llamó, le pidió disculpas y a pesar del cansancio lo hizo concentrar.

“Estaba de championes en la práctica y Garisto, que era muy pintoresco, le dice al Betito Acosta: ‘Si tenemos un tiro libre vos se la levantás a Pouso que le pega muy bien de volea. Probá Omar’. Yo estaba frío, sin ropa de entrenamiento. El Betito me la levanta y pensé que la iba a tirar para cualquier lado pero de casualidad la metí en el ángulo. Cuando estábamos solos le dije al Betito: ‘Ni loco hagas esto en el partido que nos matan’”.

En el clásico de aquel Clausura tuvo un duro encontronazo con Marco Vanzini. “Saralegui me dijo que la tirara larga y le marcara presencia. Pero yo le entré con todo en la rodilla. No sé cómo el juez no me vio, porque era para roja. Nacional tenía un cuadrazo pero nosotros nos jugábamos todo porque veníamos horrible, nos habían sacado puntos y la mayoría éramos debutantes en clásicos”. El partido terminó 2 a 2.

“Con Marco nos volvimos a cruzar con el tiempo y todo bien. Son cosas del fútbol. Cuando lo pienso con el tiempo digo ‘pah, las cosas que hacíamos en los clásicos, parecía una guerra’. En un Estudiantes-Gimnasia de 2013, en un córner le meto un codazo al Vasquito Aguirregaray que me miró y me dijo: ‘Pará, somos los dos uruguayos’. Y yo le dije: ‘Mirá que al único Aguirregaray que conozco es a tu padre’.

"La hinchada nos había visitado el día antes a Los Aromos, pero para darnos aliento y creo que esa incidencia contagió al equipo. Jugamos de dientes apretados y sacamos un empate, pero pudimos haber ganado. Fue el primer clásico de Luis Suárez (autor del primer gol de Nacional). Hice una foto con él antes del partido. Un crack. Después me lo encontré en Madrid cuando yo estaba en Charlton y él en Groningen y fuimos juntos a Colombia donde él hizo su debut con la selección", recuerda con nostalgia pero también con admiración por Suárez. 

Cambiaría cualquier título de mi carrera por uno con Peñarol, por mi viejo y por lo que es jugar en un grande, cualquiera menos el de Danubio; con Libertad gané unos cuantos"

El "Crazy Omar" en el vestuario de Chelsea 
En la temporada 2006-2007 tuvo su única y fugaz experiencia europea, en Charlton Athletic. El primer día concentró de cara a un partido, contra el Chelsea de José Mourinho, junto a Jimmy Floyd Hasselbaink de 34 años. "Hablaba español por su pasado en Atlético de Madrid, una bestia lo que entrenaba". El vestuario era frío: "Llegaba, decía 'good morning' y a lo sumo uno levantaba la cabeza y saludaba. Hasta que un día me calenté: entré pateando la puerta y uno por uno fui apretándole el hombre a cada jugador saludándolos. 'Oh crazy Omar!' me empezaron a decir. Y ahí se distendió todo y empezaron las jodas de cortar las medias o de ponerle pasta de dientes en los zapatos a los que llegaban empilchados. Jugué un solo partido, en el doble 5 con un búlgaro que era titular en su selección (Radostin Kishishev). Estaba (Dennis) Rommedahl, titular en Noruega. Pero no jugábamos, ni el Lalo Sorondo que venía de Crystal Palace. Entonces rescindí y me volví a Peñarol".  

A Gimnasia llegó en 2012 tras jugar cinco años en Libertad de Paraguay donde ganó cuatro títulos: “Es un gran cuadro con un dirigente como Horacio Cartes como no tuve en otro equipo”. Lo dirigieron Ruben Israel y Gregorio Pérez. 

"Estaba destruido Gimnasia, en el descenso y sin chances de ascender. Completé la temporada 2011-2012 y para 2012-2013 Pedro (Troglio) armó un muy buen grupo que logró el ascenso. De 5 jugaba con un flaquito que venía de Temperley, el Nacho Fernández; un jugadorazo", dice. 

En el Lobo forjó una gran relación con Troglio quien desde Honduras revela a Referí la marca que dejó Pouso en el club: “Omar fue determinante, fue un técnico dentro de la cancha”.

También recordó el día que lo hizo jugar contra Patronato en Paraná y lo dejó "regalado":  

El Pouso entrenador viene de esa escuela. “Estudié a Jorge Almirón y a Marcelo Bielsa que me encanta". Son horas de mirar videos y editar. "En los próximos días empiezo con Marcelo Gallardo. Es el fútbol que me gusta. A los técnico de Uruguay los tengo visto a todos”, dice. "Hay que formarse y estudiar, si no te preparás no podés dirigir, hoy los entrenadores jóvenes llegan muy preparados". Así se prepara para salir al ruedo el Pouso entrenador.

La ficha
Fecha de nacimiento: 28 de febrero de 1980
Lugar: Mercedes
Trayectoria: Danubio (1998-2005), Peñarol (2006), Charlton Athletic (2006-2007), Peñarol (2007), Libertad (2008-2011), Gimnasia y Esgrima La Plata (2011-2016).
Selección: Sudamericano sub 17 de Paraguay 1997, Sudamericano sub 20 de Argentina 1999, Mundial sub 20 de Nigeria 1999. En la mayor disputó 15 partidos entre la Copa América de Perú 2004, Eliminatorias para Alemania 2006 y amistosos entre 2006 y 2007. 
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