7 de diciembre 2020 - 5:00hs

Aunque lentamente la situación va cambiando, sigue existiendo inequidad entre mujeres y hombres en el ámbito laboral a la hora de acceder a puestos de poder. Según datos de un estudio de la OIT de 2019, solo el 5,6% de las grandes compañías uruguayas tienen mujeres en altos cargos ejecutivos; en las medianas esa cifra asciende a 11,1% y en las pequeñas casi se iguala con 10,9%. Por su parte, la Organización de Mujeres Empresarias del Uruguay (OMEU) realizó una encuesta en marzo pasado, en la que encontró que solo 73 de 1.530 empresas tenían a mujeres en cargos de primera línea de decisión, ya fueran de dirección o de gerencia general. 

Que la ascensión de mujeres a este tipo de cargos sea una noticia muestra que queda mucho camino por delante, pero que llegar a esos lugares también es posible. Por eso, compartimos la historia de tres mujeres que en este complejo 2020 asumieron como country managers de filiales en Uruguay de tres multinacionales. 

Ser la primera

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Gabriela Olaizola es muy autoexigente. Siempre que consigue un logro se obliga a salir de su zona de confort y a buscar otro desafío. A diferencia de su hermana, que desde niña sabía que quería ser arquitecta, ella no lo tenía claro; solo “sabía que quería hacer algo difícil”. Al terminar el bachillerato fue a anotarse a la facultad de Medicina de la Universidad de la República (Udelar), pero a último momento decidió cruzar la calle y anotarse en la de Química. Se recibió de química farmacéutica pero no ejerció como tal; le gustaba el área de alimentos y en esa época todavía no existía la carrera específica.

Mientras estudiaba comenzó a trabajar en la planta de Coca Cola como asistente de Aseguramiento de Calidad, donde también realizó suplencias como jefa del área. Al recibirse, decidió asumir un nuevo desafío y se fue a trabajar como gerenta de Planta Industrial a una planta piloto de alimentos que terminó convirtiéndose en Pagnifique. Allí estuvo 11 años y en 2008 pasó “a las ligas mayores” al entrar a Bimbo Uruguay como jefa de Operaciones. 
“Siempre me planteo desafíos poniéndome a la par de los que tendría un hombre y me demuestro que puedo lograrlo, pero no lo hago por competir, sino que lo hago por desafiarme a mí misma”, dice Olaizola. Ese motor interno constante la llevó a pasar de la jefatura de Operaciones a la de Logística, para luego asumir la gerencia de ambas. 

A su cargo tenía las plantas de manufactura, el área de flota, la distribución, el área de mecánica de vehículos, del armado de pedidos, de almacenamiento y hasta de entrega al cliente, “siempre lidiando en un entorno bastante masculino”, hasta que un día le dijeron que estaba lista para asumir el rol de country manager.

En marzo pasado —días antes de que se desatara la emergencia sanitaria por covid—, Olaizola asumió el cargo y se convirtió en la primera mujer en Latinoamérica en el rol de country manager dentro del Grupo Bimbo. 

Implica liderar una empresa que da empleo directo e indirecto a unas 800 personas y tener una mirada generalista del negocio, para lo que le sirvió de mucho haber obtenido el título de MBA en 2015 por la Universidad ORT. “Fue un camino de hormiga, de mucha tenacidad, de logros, de recompensas, de alguna frustración también, pero con un balance positivo, donde no me sentí discriminada porque yo veía que paso a paso se iban abriendo puertas. Cuando apareció esta posición de country manager y se hizo una terna para elegir, diría que se pensó un poco más en el hecho de que yo no viniera del palo comercial que en que fuera mujer”, dice Olaizola. 

Pero toda recompensa conlleva un sacrificio y en el caso de Olaizola fue por el lado familiar. “Me dediqué mucho a mi carrera, dejé un poco de lado mi vida personal. Fui mamá a los 43 años y estuve todo ese tiempo anterior muy volcada a crecer. Estaba muy obsesionada con esto de demostrar que yo podía lograr cosas”. 

Confiesa ser una madre culposa porque le dedica muchas horas a su trabajo, pero aprendió que la calidad del tiempo a veces vale más que la cantidad. “Cada minuto que tengo trato de vivirlo con suma intensidad con mi hijo y con mi esposo, que me apoya y me acompaña muchísimo. Lo otro que aprendí es que si se deja de lado lo que apasiona y no se desarrolla en su plenitud en lo que le gusta, después se frustra con el paso del tiempo y termina transmitiéndoles eso a los hijos, y no está bueno”. 

Su esposo también trabaja mucho y está enfocado en su carrera, pero entre los dos se van regulando para que no los absorban las responsabilidades laborales. “Hacemos un buen equipo. Siempre hay uno que hace que el otro reaccione para atender a la familia”.

Para la country manager de Bimbo no se puede hablar de un estilo de liderazgo femenino. “No sé si es una cuestión de género, creo que es de personalidad y, si se quiere, la mujer tiene algo de ventaja en el sentido de poder abarcar muchas cosas al mismo tiempo, de contener, de tratar de estar presente en varias situaciones”. 

Cree que los movimientos feministas de la última década han ayudado a abrir puertas para que las mujeres accedan a cargos de poder, y que eso “ha empezado a revolucionar un poco las cabezas”. “Estos movimientos demuestran que las mujeres pueden encarar muchas cosas, pero que no se les había dado la oportunidad en el mundo empresarial masculino. De a poco ha ido cambiando la mentalidad y lo veo incluso donde trabajo. Esta es una empresa en la que el fundador, don Lorenzo [Servitje], era una persona que creía que las madres tenían que estar en la casa con sus hijos”, dice Olaizola mientras don Lorenzo la mira a sus espaldas, desde un cuadro en la pared de su oficina. Como dato, recalca que actualmente la junta de gerencia de Bimbo Uruguay está compuesta en su mayoría por mujeres. 

Ser la primera country manager mujer en la región inevitablemente convierte a Olaizola en una referente, algo que le han dicho y que vive como una responsabilidad para abrirles las puertas a otras mujeres. 

En Coca Cola, su primera jefa, Soledad Ventura, fue su referente y la marcó. “Era una chica joven, jefa en el área de Calidad. Era absolutamente inteligente, me gustó mucho su forma de trabajar y me enseñó mucho. Me gustaba la impronta que tenía, cómo se movía, cómo llevaba las cosas y creo que eso lo combiné con mi forma de ser, con los desafíos que a mí me gustaba tomar”.

En ese camino de ser referente, ha recibido invitaciones para participar de organizaciones como Endeavor y OMEU. En medio de un año de tantos cambios, prefirió no hacerlo, pero no lo descarta para más adelante. A 10 meses de asumir en un año convulsionado, Olaizola aún se está acomodando y por el momento está lejos de esa zona de confort que la impulsa a buscar nuevos retos. 

Combinar las pasiones

Patricia Cuadrado es de Melo (Cerro Largo) y llegó a Montevideo a los 17 años para estudiar Letras. Se anotó en la facultad de Humanidades y en el Instituto de Profesores Artigas. A los 19 ya hizo sus primeras prácticas en Secundaria. Se dio cuenta de que los horarios de las clases y el estudio no eran compatibles, pero necesitaba trabajar para poder sustentarse. En 2004 entró en la empresa de logística Murchison en el área de Entrenamiento y Desarrollo. Como no tenía ni idea sobre logística, tomó cursos y terminó haciendo una tecnicatura en Comercio Exterior en la Universidad Católica gracias a un convenio con la empresa. Su formación en didáctica sumada a los nuevos conocimientos en logística la llevaron a desarrollar proyectos para la fundación Forge, para el centro de equidad Casa de la Mujer de la Unión y para la Corporación Sudamericana de Logística. “De alguna manera combinaba mis habilidades y mi desarrollo profesional como docente volcado en algo muy técnico”, explica. 

Pero llegó un momento en que el multiempleo no le permitía enfocarse en nada. Todo lo que hacía la apasionaba, por lo que abandonar algo no era una opción. “Eso me generó jornadas extraordinariamente extensas y decidí darle un cambio a mi vida”. 

Un día se topó con un aviso en el que pedían a una persona —mujer, preferentemente— con desarrollo en lo psicopedagógico y con orientación hacia los demás. “Fue el único anuncio al que me postulé”, recuerda. No decía para qué empresa era. Se sorprendió al enterarse de que era Avon Uruguay. En diciembre de 2009 se sumó al equipo de Avon como jefa de Entrenamiento y Desarrollo de Ventas. En 2010 participó del proyecto de digitalización, y en 2012 asumió el área de Channel Development. En 2016 llegó a la gerencia nacional de Ventas y en agosto de este año fue nombrada country manager, lo que la convirtió en la primera mujer en asumir ese cargo en la filial uruguaya. “Me siento una abanderada del liderazgo femenino y una transgresora por poder romper ese techo de cristal que sin lugar a dudas sigue existiendo”. 

Cuadrado está a cargo de un equipo que abarca a 14 mil trabajadores de forma directa e indirecta. “Me vine a Montevideo en busca de una identidad y la encontré de la mano de esta mirada más holística del negocio que hoy me toca, pero que tiene que ver con el desarrollo de las mujeres”. En noviembre, Cuadrado sentó otro precedente: se convirtió en la primera presidenta de la Cámara Uruguaya de Ventas Directas de Uruguay, un rubro liderado por hombres, pese a que la mayoría de los empleados son mujeres. 

La niña tímida que jugaba a las maestras y a cuidar animales muestra en su verborragia que tiene mucho para decir y poco tiempo para hacerlo. Está casada, planea tener hijos en el futuro y tiene bien clara la importancia de repartir los roles en el hogar. “Algunas veces él cocina, otras yo, uno limpia y el otro ordena, tenemos esa equidad en cuanto a las tareas porque nos consideramos en igualdad de posibilidades para realizarlas”.

Concuerda con que los movimientos de mujeres en la sociedad civil han sido un actor fundamental para poner en la agenda pública el tema del rol de la mujer en todos los ámbitos. “Cada vez que aumentamos la participación femenina en los espacios de decisión vamos rompiendo el techo de cristal y construyendo el camino de la equidad. Tengo la suerte de trabajar en una compañía que potencia a las mujeres, que tiene una gran escucha y políticas activas por la igualdad. Pero ser mujer y ser líder no implica necesariamente apoyar políticas de igualdad. Es una decisión activa y yo decido asumirla”. 
Hace unos días, Avon Uruguay lanzó un protocolo para ayudar a aquellas trabajadoras que sufren violencia en su hogar.

El largo camino

En julio pasado, Teresa Cometto se convirtió en la primera mujer en asumir como country manager de Unilever Uruguay. Trabaja allí desde hace 36 años y ha aprendido y pasado por tantos desafíos diferentes que siente como si hubiera trabajado para varias empresas. Nunca sintió falta de oportunidades para moverse o crecer dentro de la compañía, pero reconoce que aún existe el famoso techo de cristal, cosa que comprueba hablando con colegas de otras firmas. “Siempre pensé que podemos ser nuestra mejor versión, desplegar todo nuestro potencial y nuestras capacidades, y la verdad es que soy una agradecida de estar en una compañía como Unilever, que me ha dado muchas oportunidades”. 

Química farmacéutica egresada de la Udelar con un PhD y un diploma en Estudios Avanzados en Administración por la Universidad Politécnica de Madrid, trabajó en la Facultad de Química y en la Intendencia de Montevideo. Al recibirse, ingresó en Sudy & Compañía como jefa de Calidad y Desarrollo en la planta de jabones. Cuando Unilever compró la empresa, comenzó una nueva etapa como jefa de Desarrollo y Calidad de productos de cuidado personal y luego pidió un traslado al área comercial, donde trabajó en Marketing, Ventas, Medios e Investigación de Mercado, primero en el sector de Cuidado Personal, y luego en Cuidado Personal y del Hogar. Con una visión global del negocio, en 2020 aceptó el máximo cargo. La motivó la oportunidad de trabajar para que la filial sea más visible en América Latina por lo que hace, por el desarrollo y por el talento. Es responsable del equipo de Creación de Demanda, lo que implica decisiones de estrategia de negocios y marcas, los precios y el desempeño de los productos, además del seguimiento del suministro de productos y el desempeño financiero. 

“El principal desafío siempre está centrado en las personas, a la interna y a la externa. A la externa, acompañando a la comunidad en momentos tan complejos como este. A la interna, se centran en buscar mejores formas de trabajar, tratando de que las personas se sientan contenidas, facilitando la tarea y la forma de equilibrar todos los requerimientos de su vida de familia o personal con las del trabajo”. Y ese equilibrio fue algo con lo que ella debió aprender a lidiar a lo largo de su vida. 

Recuerda que sus hijos fueron a una escuela de doble horario con jornadas extensas. “No es fácil trabajar tanta cantidad de horas y brindar la atención que necesitan”. Señala que ahora hay más facilidades producto del trabajo virtual. “Lo central es que la cantidad de tiempo dedicado a los afectos sea de calidad, en el que pueda prestarse atención, disfrutar y compartir con ellos”. 

Teresa Cometto no se siente una referente, solo intenta dar lo mejor de sí y está muy agradecida y contenta por la oportunidad. Si bien sentó un precedente, no lo vive como un peso. Considera que los líderes tienen que tomar decisiones —a veces más lindas y otras no tanto—, pero siempre trabajando en el acompañamiento de las personas y que el estilo de liderazgo, sin importar el género, ha evolucionado hacia una figura de coach o mentor.

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