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Lección comercial para Uruguay

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10 de marzo de 2018 a las 15:09

El tratado de libre comercio que acaban de firmar 11 países del Pacífico con gobiernos de diferente signo ideológico es una lección al Frente Amplio sobre cómo fortalecer la economía. El Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico reemplaza al acuerdo transpacífico que habían firmado esas naciones más Estados Unidos, pero que se cayó cuando Donald Trump retiró a su país como parte de un proteccionismo que le ha ganado las críticas de amigos y adversarios en todo el mundo. El nuevo tratado incluye países bajo regímenes de signo diverso, desde centro o derecha como Japón, Singapur, Australia o Nueva Zelanda hasta el comunista de Vietnam. Entre sus miembros figuran, además Chile, Perú y México, los tres países latinoamericanos con economías más pujantes, que ya tienen acuerdos de libre comercio entre ellos y con algunas otras naciones del Pacífico, pero aumentarán ahora su acceso a esos mercados.

Los firmantes representan 25% del Producto Interno Bruto (PIB) mundial, con un mercado de 500 millones de consumidores. Cuando entre en vigencia liberará entre el 65% y el 100% del intercambio, dependiendo de los diferentes rubros que cubre. Se aplicará a servicios, inversiones, compras públicas, comercio electrónico, medioambiente y el área laboral. En el acto de la firma, el canciller chileno Heraldo Muñoz precisó que cuando persisten barreras arancelarias "y hay amenaza de una guerra comercial (desatada por Trump con China y Europa), nosotros vamos a dar una señal de apertura".

El nuevo TLC confirma la decisión sensata de anteponer el mejoramiento económico a las tentaciones proteccionistas y la ideología política que conducen al estancamiento de Uruguay en indicadores vitales, producto de la renuencia de los sectores más atrasados del Frente Amplio a abrir el país al desarrollo. Sigue trancado por cabildeos internos en la alianza de izquierda el TLC con Chile, firmado el año pasado por los presidentes Tabaré Vázquez y Michelle Bachelet. Y contrariando la posición de su propio gobierno, el rechazo por esos grupos ha esfumado el acercamiento a la Alianza del Pacífico, pese a que en esa área están muchos de los mercados más redituables.

La economía uruguaya no da señales de mejorar sustancialmente sus indicadores principales. La última Encuesta de Expectativas Económicas, que El Observador realiza mensualmente entre economistas e instituciones privadas y públicas, solo mostró como rescatable que se mantendrá este año el crecimiento del PIB igual que en 2017, algo por encima del 3%. Pero se pronostica que caerán la inversión y el consumo privado, esenciales para crear actividad y empleo, y seguirán en iguales niveles desfavorables la tasa de empleo y la inflación. Y nadie cree ya que el déficit fiscal caerá a 2,5% del PIB fijado por el gobierno, fracaso que pone en riesgo el reconquistado grado inversor. Estas señales de persistente mediocridad pueden revertirse en pocos años si los grupos frenteamplistas de visión cerrada reconocen la validez de comerciar libremente y dejan de trabar los intentos de apertura que Vázquez y sus ministros de Economía y de Relaciones Exteriores promueven con un empeño tan loable como frustrado.
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