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Lo político predominó sobre lo jurídico

Como a Brasil, Argentina y Uruguay parece no interesarles demasiado la legalidad, Venezuela fue aceptada como miembro pleno del Mercosur.

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01 de agosto de 2012 a las 00:00

La suspensión de Paraguay del Mercosur hasta que se celebren nuevos comicios en abril de 2013 es discutible desde el punto de vista de la legalidad. El ingreso de Venezuela al bloque es insostenible del punto de vista de la legalidad. Pero como a Brasil, Argentina y a Uruguay parece no interesarles demasiado la legalidad, ayer Venezuela fue aceptada como miembro pleno del Mercosur.

Por razones políticas y hasta económicas que algunos conocerán y que otros trataremos de descifrar, se concretó el ingreso venezolano aprovechando la suspensión paraguaya, cuyo Senado no ratificaba ese ingreso. Mujica, Rousseff y Fernández aprovecharon una “ventana de oportunidad” que se abrió con la suspensión que ellos decretaron por sí y ante sí y Venezuela entró por la puerta de atrás.

Esta incorporación es inconveniente por varios motivos. Primero, el jurídico ya que la suspensión de Paraguay no da derecho a soslayar su opinión. En todo caso, habría que haber esperado hasta las elecciones paraguayas para dilucidar el ingreso de Venezuela.

En segundo lugar, es dudoso que pueda decirse que Venezuela cumple los requisitos de la “cláusula democrática”. Tiene elecciones, sí. Pero el estado de derecho, la separación de poderes, y las libertades individuales están en franca decadencia y son erosionados por el gobierno autocrático de Chávez. Y hasta podría discutirse quién es más democrático en estos momentos: si Venezuela o Paraguay. En todo caso, si se considera que Paraguay no cumple las condiciones para estar en el Mercosur, resulta muy difícil de justificar el ingreso de Venezuela.

En tercer lugar, el ingreso de Venezuela es inconveniente por las condiciones económicas de ese país. Una economía cerrada a cal y canto al comercio exterior, con controles de cambios y de tasas de interés, con cupos de importación, con altos aranceles, con una omnipresencia del estado en asuntos que son competencia de los particulares, poco puede aportar al Mercosur. El petróleo que tiene en abundancia es lo que le permite desarrollar políticas altamente demagógicas.

¿Estará dispuesto Chávez a derribar todas las trabas al comercio, como lo requiere el Mercosur? Lo dudo. Y lo dudo aún más desde que Argentina sigue violando impunemente las normas del Tratado de Asunción con las trabas a las importaciones que ha establecido.

En cuarto lugar, ¿aportará algo Venezuela a un Mercosur que se cae a pedazos por las asimetrías económicas, por los elevados aranceles externos que ha establecido, y por las trabas intramercosur que han establecido Argentina y en menor medida Brasil? Parece difícil.

En quinto lugar, más allá del tema paraguayo ¿tiene sentido ampliar un mercado que funciona mal y que empeora año a año? Hoy el Mercosur ha dejado de ser una institución sólida, capaz de hacer acuerdos de libre comercio (en sus 21 años de vida solo pudo concretar dos: uno con Israel y otro con la Autoridad Palestina). Se ha convertido, en cambio, en un club de amigos con afinidades ideológicas que se reúnen de tanto en tanto a charlar un rato y a despotricar contra los países desarrollados. Primero habría que arreglar lo que anda mal en el Mercosur, y recién luego pensar en incorporar nuevos miembros, sean quienes sean.

Pero como lo político está por encima de lo jurídico, todas estas consideraciones se obviaron y ayer se dio ingreso a Venezuela. De lo que vaya a ocurrir de aquí en adelante es poco lo que se sabe, aunque las perspectivas son más bien oscuras. Pero hay algo que puede darse por hecho: habrá que agregar alguna jornada más a las reunión para dar cabida a los discursos maratónicos del presidente Chávez.

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