4 de noviembre de 2014 16:15 hs

Que los profesores no falten, que se tomen tiempo para explicar lo que los alumnos no entienden y la instalación de espacios para realizar deportes, distenderse y divertirse son algunos de los requerimientos más frecuentes que realizan los estudiantes de Secundaria a los centros educativos.

Los datos surgen del primer censo de Convivencia y Participación 2012-2013 en centros educativos, que lleva a cabo el programa Convivencia de ANEP, cuyos resultados serán presentados próximamente, informó a El Observador Nilia Viscardi, referente académica del programa, quien prefirió no hablar de cifras.

“Los adolescentes son muy sensibles a dos elementos: al ausentismo docente, que el profesor falte les genera un enorme rechazo; y a que no se les explique lo que no entienden”, señaló Viscardi. “A pesar de lo que la gente cree, ellos no están buscando al profesor simpático. Ellos buscan en el profesor al guía cultural, al referente del saber. Eso lo tienen muy claro, por eso reaccionan muy mal cuando el docente se maneja únicamente con la parte del grupo que entiende y a los que les va mal, los deja atrás”, indicó.

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Sin embargo, la mayoría de las veces los liceales se encuentran con que sus planteos no son tenidos en cuenta por el cuerpo docente y por la dirección, factor que influye negativamente en el clima institucional del centro educativo y motivo por el cual en los últimos años, los liceos han estado más de una vez en el centro de la opinión pública.

Con el propósito de comenzar a cambiar esta realidad, es que Viscardi, junto al equipo de Convivencia, trabaja desde 2012 en diez liceos de Montevideo, San José y Canelones dentro del marco del proyecto Con-Parte. El propósito de este plan es fomentar las vías de participación de todos los actores en el proceso de toma de decisiones y así fortalecer el clima institucional.

Incidir en las decisiones
“Lo que nos gustaría que los adultos viabilicen es que los adolescentes puedan opinar sobre las reglas de convivencia. Esto es fundamental para el trabajo en el conflicto en una sociedad democrática, supone dialogar y que las distintas partes pongan sobre la mesa lo que quieren”, apuntó Viscardi, quien agregó que es “importante que (los jóvenes) comprendan que pueden incidir en la vida cotidiana de su centro”.

Para lograr esto, Con-Parte trabaja en talleres con los docentes y, por otro lado, con los alumnos. Con los profesores se realizan cursos específicos que permitan identificar cuáles son los principales conflictos que surgen en la enseñanza media, sus causas y formas alternativas para abordarlos. Con los alumnos se realizan talleres artísticos, de expresión y de mediación y diálogo, que les permitan trabajar los distintos aspectos de la convivencia, identificar las causas de sus malestares y fortalecer la imagen de los delegados estudiantiles. Son estos últimos, quienes luego trasladarán a la dirección o al cuerpo docente las inquietudes de los alumnos.

No obstante, desde el programa Con-Parte se tiene claro que “el cambio y la estructuración de un modelo alternativo se genera en los centros educativos desde los acuerdos con los colectivos docentes porque son ellos quienes más poder de decisión tienen respecto a la naturaleza de la vida en el centro”, manifestó Viscardi.

En este sentido, apuntó que es difícil encontrar un cuerpo docente que se pliegue por entero al proyecto. Por lo general, Con- Parte trabaja con un grupo de 20 o 30 docentes en cada centro, que son quienes permiten sostener el plan.

Viscardi señaló que esto tiene mucho que ver con la estructura curricular de Secundaria, que no tiene previstos espacios de coordinación entre los profesores, ni proyectos pedagógicos en cada centro. “En la enseñanza primaria, cada escuela tiene un proyecto pedagógico. En Secundaria no lo tenés. (...) Pero como siempre señalamos, uno de los problemas de la convivencia son la falta de espacios físicos y de tiempo (para conversar y acordar). Si tu no le das a una institución un espacio físico y de tiempo en su organización cotidiana para poder dialogar es difícil que se genere un proyecto desde una dirección”, aseguró la referente del plan.

Más participación
Más allá de esto, Viscardi señaló que en estos casi dos años de trabajo en los centros ya se pueden percibir algunos cambios en el clima institucional. Los estudiantes están aprendiendo a resolver los conflictos mediante mecanismos alternativos y van adquiriendo conciencia de que hablan, se los puede escuchar y eso puede influir en las decisiones que se tomen en el liceo.

En cuanto a los profesores, “hemos notado una posibilidad de sustituir el discurso de la exclusión y del asistencialismo como un hecho natural por la idea de un trabajo docente que permita canalizar el conflicto de otra manera”, apuntó.

De hecho, otros datos que arroja el censo de Convivencia y Participación es el protagonismo que de a poco van tomando los consejos de participación, previstos por la ley General de Educación de 2008, en los liceos y UTU, en comparación con las asociaciones de padres (Apal) y la comisiones de fomento, respectivamente.

Los consejos de participación están integrados por delegados de estudiantes, de docentes y de la comunidad, elegidos por su propio colectivo y en ellos se puede opinar de diversos temas, como por ejemplo económicos, pedagógicos, disciplinares o informáticos, entre otros. En las comisiones de fomento y las Apal, mecanismos de representación que funcionan desde hace décadas en los centros educativos, sus representantes no son elegidos por los colectivos.

Tanto en los liceos como en UTU, los consejos de participación han ido tomando protagonismo en la discusión de los diversos temas que hacen a la realidad de cada centro educativo (ver gráficas).

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