Personajes > VIOLENCIA DE GÉNERO

Lorena Bobbitt contó las razones detrás del ataque a su esposo y las burlas que vivió después

La estadounidense protagonizó un célebre y mediático caso en 1993, pero detrás había un largo historial de abusos y violencia 

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23 de noviembre de 2020 a las 15:16

Lorena Bobbitt pasó de ser una mujer anónima a una conocida por millones de personas en junio de 1993. La historia es recordada: Bobbitt agarró un cuchillo y le cortó el pene a su esposo, John, mientras este dormía. Se escapó de su casa, tiró el miembro en la ruta, y se entregó a la policía. Pero detrás de ese hecho había una historia de abusos y violencia, que desembocó en un hecho mediático.

Bobbitt padeció casi cinco anos de maltratos y violaciones por parte de su esposo. "¿Por qué me hacés esto?" le preguntó la misma noche en la que lo atacó. "Porque puedo", fue su respuesta. "Yo no estaba en mis cabales. No estaba cuerda ni con mis cinco sentidos. Es algo que se llama insania temporal. Es un momento en el que uno no tiene control, por todo ese calvario que yo pasé. Mi mente no resistió. No me levanté y dije voy a hacerle esto a mi esposo. No funciona así. Yo estaba destruida psicológicamente y emocionalmente", explicó Bobbitt al diario argentino La Nación. 

Casada, madre de una hija de 15 años, y en un rol de activista contra la violencia de género, Bobbitt habló con el medio argentino con la excusa del estreno de Yo soy Lorena Bobbitt, una película que cuenta su historia y en la que figura como productora. En esa charla contó el impacto que fue para ella protagonizar un caso tan mediático, y parte de la motivación detrás del célebre episodio del cuchillo, que fue el punto de ebullición de un drama de años. 

"Si yo me iba de mi casa, como lo hice muchas veces, que terminaba durmiendo en el auto o en una comisaría, tarde o temprano él me encontraba. Me lo decía siempre. "Yo decido cuándo se acaba". También muchas veces lo perdoné, porque creí que podía cambiar", dijo sobre la relación con su marido. 

Bobbitt consideró, además, que la postura social y hasta el encare de la justicia hacia la violencia doméstica y de género era muy distinta en 1993 a la que existe hoy en día. "No se hablaba de violencia como ahora. Era un tabú. Todavía sigue siendo un estigma. Mis amigas, mi familia, todos me decían 'no me quiero meter porque eso es tu problema personal'. No me quiero involucrar. Cuando llamaba a la policía, ni siquiera ellos sabían cómo ayudarme, porque no había la educación necesaria". 

Eso también se vio reflejado, según la estadounidense, en el proceso judicial y en la cobertura que se hizo sobre el caso, donde más que analizar la situación de fondo, el foco se puso en el incidente puntual, y se convirtió en un chiste. "No solamente fui juzgada por la Corte, sino también por los medios y por la sociedad en todo el mundo. Ya había pasado por el trauma de los abusos y eso fue vivir otro calvario. No podía entender la razón de las burlas. ¿Era algo para hacer bromas? El trauma emocional que me generó fue terrible", confesó.

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