El espíritu olímpico parece implicar una competición en igualdad de condiciones en la que el que más y mejor trabaja acaba triunfando. Para lograr este ideal, las agencias antidopaje realizan enormes esfuerzos con el fin de que nadie juegue con ventaja, pero la biología muestra que esa tarea es poco menos que imposible. Unos pocos privilegiados se cayeron de pequeños en la olla de poción mágica y portan en sus genes unos dones que nunca proporcionará el entrenamiento. En el libro The Sports Gene, publicado este invierno, su autor, David Epstein, proporciona un buen número de ejemplos de este tipo de seres excepcionales y plantea dudas sobre nuestra forma de entender una competición justa.
Los campeones olímpicos juegan con ventaja
La mayor parte de los deportistas de élite cuentan con algunos genes clave para mejorar su rendimiento y algunos incluso sufren mutaciones que les ofrecen importantes ventajas competitivas