Opinión > OPINIÓN / ALBERTO BENSIÓN

Los conflictos de EEUU con la UE y China

Un conflicto dispar

Tiempo de lectura: -'

27 de julio de 2018 a las 05:00

Por Alberto Bensión

Desde su origen, las diferencias recientes de Estados Unidos con la Unión Europea y con China parecieron muy distintas. En junio, Estados Unidos inició una guerra comercial con sus países aliados, imponiendo un arancel del 25% sobre la importación de acero y del 10% sobre la de aluminio provenientes de la Unión Europea, Japón, México y Canadá. En represalia, ellos aprobaron aranceles del mismo orden sobre una parte de las importaciones provenientes de EEUU.

Trump replicó con una orden para investigar y eventualmente decidir un posible gravamen a la importación de vehículos provenientes de la UE. Los europeos, a su vez, anunciaron que en ese caso, impondrán nuevos aranceles sobre las importaciones de origen estadounidense.

Pero apenas un mes después, hace dos días, EEUU y la UE acordaron una tregua en este conflicto comercial, a través del inicio de una negociación para eliminar los aranceles, barreras arancelarias y subsidios sobre todos los bienes industriales, con excepción de los automotrices. También estuvieron de acuerdo en abstenerse de aplicar nuevos aranceles sobre el comercio recíproco. La UE accedió a aumentar sus compras de soja y gas líquido americanos. Incluso estará en estudio una reforma de la Organización Mundial de Comercio.

Queda por ver cómo sigue esta negociación entre un presidente a veces errático y un continente tan expuesto a las presiones sectoriales. Además, también estará en juego la relación con Japón, puesto que México y Canadá ya negocian en el marco del Tlcan.

Pero entre una y otra noticia, fue el turno de China. Y esta es una historia distinta, porque aquí no sólo hay una puja comercial sino que está en juego la hegemonía de los dos países más importantes del planeta. Hace ya tiempo que Trump prometió enfrentar a las varias formas a través de las que, a su juicio, China ha dañado a la economía y al empleo de Estados Unidos. No sólo es el comercio sino también la política cambiaría, las inversiones en sectores estratégicos, la apropiación indebida de tecnología y otros similares.

Por ello, luego de más de un año de negociación sin resultados para intentar una solución a sus diferencias, Trump decidió imponer desde principios del mes en curso un arancel del 25% a 818 categorías de importaciones provenientes de China que suman unos US$ 34.000 millones. En su mayoría, ellas son componentes para la industria aeroespacial, de información, comunicación, robótica y maquinaria, entre otras.

En adición, un segundo grupo de bienes importados de China, en su mayoría de consumo, por un monto de unos U$S 16.000 millones, será analizado y eventualmente gravado con el mismo arancel, después de evaluar las observaciones que pueda presentar el sector privado.

Ante aquella primera decisión, China decidió una réplica el mismo día mediante la imposición de igual arancel a la importación de una lista de bienes provenientes de Estados Unidos por unos U$S 30.000 millones, principalmente producidos en regiones políticamente afines a Trump.

El tiroteo continuó. Vista la respuesta de China, el presidente estadounidense pidió a sus oficinas especializadas la identificación de un grupo de importaciones de ese origen por unos U$S 200.000 millones con el fin de imponerles un arancel del 10%. Pero la semana pasada Trump anunció que está listo para imponer aranceles sobre la totalidad de las importaciones provenientes de China.

También las inversiones de China en EEUU fueron afectadas. En coordinación con el Congreso, la Casa Blanca impulsará un perfeccionamiento de la legislación vigente para reforzar las facultades de la comisión especializada que supervisa a las inversiones extranjeras que puedan poner en riesgo a la seguridad nacional.

Entretanto, además de las acciones que ya están anunciadas, otras nuevas podrán ocurrir.
Puesto que las importaciones chinas de Estados Unidos son apenas 20% de las recíprocas, es previsible que el gigante asiático refuerce sus represalias con aranceles mayores que el 25%, medidas no arancelarias, restricciones a la actividad de algunas empresas americanas en el mercado interno, campañas públicas de resistencia a la compra de bienes de origen americano y otras similares.

Los terceros países tendrán que defenderse de la invasión de bienes chinos que antes se vendían en Estados Unidos. Esto ya ocurrió la semana pasada en la UE, que impuso un arancel transitorio general del 25% a la importación de 23 categorías de bienes producidos a base de acero.

Trump tendrá una primera prueba de los efectos de sus políticas en la próxima elección de noviembre, por lo que ya ha prometido una ayuda masiva a favor de los agricultores afectados. Igual intento de compensación está en marcha en China, aunque el Partido Comunista no está expuesto a una reacción política de la población.

En resumen, aunque con la desmesura que lo caracteriza, el presidente de Estados Unidos puso en blanco y negro a un conflicto de fondo con China que ya se venía gestando desde hace años. Algunos de sus argumentos son equivocados, otros son atendibles, pero ahora la puja ya está en marcha.

Un eventual acuerdo entre ambas partes parece más difícil que el que a partir de esta semana se insinúa con la UE. El problema con China no es sólo comercial, sino que abarca a otros varios conflictos a la vez. Ello sin perjuicio de reconocer que Trump ya ha encarado más de una negociación por fuera de las normas tradicionales. Habrá que esperar entonces a los próximos acontecimientos.






Comentarios