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Los que cuidan a los policías que protegen a la víctimas de violencia doméstica

Noches gélidas y amenazas en zonas rojas es la realidad que soportan muchos policías que custodian a víctimas amenazadas

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14 de julio de 2018 a las 17:00

Un Chevrolet Corsa oscuro y abollado avanza rápido por los callejones de Cerro Norte. No frena al doblar, ni tampoco ante los pozos y charcos de los caminos embarrados. Sus ocupantes hacen de cuenta que no ven a los hombres que miran amenazantes al vehículo y le salen al paso cuando llega a las esquinas. "Buenas noches", murmura uno de ellos para adentro, pero no mira por la ventana. Es jueves 12 de julio y la oscuridad de la noche ya está instalada hace rato.

Los cuatro policías viajan apretados por la tensión y el frío, el mismo que hubo la noche anterior, y el del martes y el lunes. El mismo frío de casi todas las noches desde el 15 de junio, cuando el sindicato policial de Montevideo entendió que debía hacer algo más que denunciar las condiciones en que muchos policías cumplen con órdenes de custodia a la intemperie y en barrios de contexto crítico.

Desde entonces que comenzaron a visitarlos, darles café con azúcar, hablar un rato con ellos, preguntarles si necesitan algo, y no quedarse solamente con la exigencia a Mario Layera, director nacional de la Policía, para que destinara refuerzos en esos casos


El auto llega por fin a un terreno baldío, al final de una calle estrecha y se detiene. Sin embargo, el policía que esperaban encontrar ahí, con una pequeña fogata para calentarse las manos, no está. Héctor Alaniz, dubitativo, piensa qué hacer. Sabe que no pueden permanecer quietos en la esquina; a lo lejos ven que dos personas caminan hacia ellos.

En el auto están cuatro de los siete directivos del gremio: de copiloto de Alaniz viaja la vicepresidenta, Patricia Noy, y atrás están sentados Ricardo González y la número uno del Sifpom, Patricia Rodríguez. Todos están armados.

"Están haciendo su custodia y pensando en cómo pasar la noche; son un blanco fácil, y muchas veces están al fondo de un pasaje en un asentamiento". Paricia Rodríguez, presidenta del Sifpom

El auto vuelve a acelerar por entre los callejones hasta llegar a la entrada del barrio: aquí se bajan González y Rodríguez y se suben al coche que conduce Andrade, un tanto más moderno, que por precaución no ingresó a la zona roja. Pero cuando llegan, lo encuentran estacionado en otra vereda. Les explica por qué: "Tuve que dar una vuelta, porque se me puso un auto adelante y otro atrás. Casi la quedo, no podía creerlo", dice y se ríe, pero no bromea.

"Nos estamos arriesgando, ya lo sabemos", cuenta a El Observador Rodríguez, horas después. Y todos tienen familia: ella, por ejemplo, dejó a una hija enferma en su casa a cargo de la mayor. "Están haciendo su custodia y pensando en cómo pasar la noche; son un blanco fácil, y muchas veces están al fondo de un pasaje en un asentamiento", agrega la presidenta del gremio.

La recorrida ya se hacía en varias localidades de Canelones desde hace meses, pero ahora agregaron varios barrios de la capital: Cerro Norte, Casavalle, Casabó, Santa Catalina, Paso de la arena, Villa Española, Jardines del Hipódromo, Marconi, Cuarenta semanas.

"El hombre"

Según informó el Ministerio del Interior, en la actualidad la Policía destina para tareas de protección o vigilancia cerca de 600 efectivos de Montevideo y Canelones, que se supone deben destinarse al patrullaje. Eso implica, según se argumentó desde esa secretaría a El Observador "un corrimiento importante dentro de la planificación operativa", ya que no solo quitan policías de calle para esto, sino que en algunos casos también se destinan patrulleros.


Y eso ocurre así, dijo varias veces Bonomi a la prensa, porque al nuevo Código del Proceso Penal (CPP) de noviembre de 2017 faculta a los fiscales a pactar acuerdos con delincuentes que a veces implican solicitar prisión domiciliaria en lugar de cárcel. También ha dicho que contribuye a este problema la falta de suficientes tobilleras electrónicas y el aumento de denuncias por violencia doméstica: la custodia policial en estas situaciones aparece como la solución idónea que ofrece la Justicia.

"Con decisiones judiciales están determinando las políticas públicas y eso no corresponde. El juez no puede sacar policías de la calle cuando está planificado un sistema de patrullaje, vigilancia y acercamiento a la población". Esa y otras declaraciones de Bonomi que critican la labor de jueces y fiscales, y que apuntan al funcionamiento del CPP, le valieron un duro enfrentamiento con la Fiscalía de Corte y la Suprema Corte de Justicia que todavía persiste.

Pero, curiosamente, la postura del ministro le significó un punto de encuentro con el sindicato; un descanso del crudo cruce que mantuvieron durante años hasta que llegaron semanas atrás a un acuerdo por el pago de la nocturnidad de los uniformados.

"El hombre dice algo que es cierto", comenta, en otro momento de la noche, un funcionario que hace guardia en una casa ubicada en El Dorado, Canelones, mientras limpia el café que le sirvió la visita imprevista, y que derramó en el capó del patrullero. "600 policías en esto, ¡nos estamos desangrando!", lamenta.

El Sifpom calcula que los 600 efectivos que la cartera de seguridad destina para estas tareas equivalen a un 65% de la fuerza total de patrullaje para el área metropolitana de Montevideo y Canelones. Pero es en la capital donde ocurren la mayoría de las denuncias, y donde el problema es más pronunciado.

Dedicación

Son casi la una de la mañana del viernes, y a la recorrida le faltan al menos tres horas, porque lo que está terminando es solo la primera parte. De madrugada, los dirigentes visitarán a algunos compañeros que actúan dentro del Programa de Alta Dedicación Operativa (PADO) y patrullan las calles donde las autoridades registran mayor presencia del delito. Algunos contarán que fueron apedreados, pero no como noticia, sino como quien cuenta que estuvo lloviznando.

"Pensar que cuando llegue a casa voy a tener el calientacamas prendido", dice González, y es lo único que puede anhelar de su descanso: si tiene suerte, dormirá una hora y media. 6:30 deberá estar despierto para llevar a un hijo al médico, y luego, a las 10, tendrá que acompañar a sus compañeros en el Parlamento para representar al sindicato en la discusión por la Rendición de Cuentas.

Andrade tampoco la tiene fácil. Cuando terminen, sobre las cuatro, deberá llevar a Noy hasta Ciudad de la Costa, y luego ir hasta su casa en Pando. "Este es un trabajo de 24 horas", cuenta, sin aire de resignación. "Y si no estamos acá, estamos en el interior".

La solidaridad es un valor que el Sifpom trata de pregonar con la acción. Dicen que una política concreta del gremio es promover donaciones y distribuirlas por todo el país para ayudar así a policías cuando sufren accidentes en el desempeño de su función, aunque muchas veces también para facilitar su trabajo diario.

Por ejemplo, antes de iniciar el recorrido de esta noche, los autos se detuvieron en una de las bases de las Unidades de Respuesta de la Policía de Canelones, y se bajaron con cinco sillas nuevas. "Aunque parezca mentira, a veces no tienen para sentarse", dice Andrade.

Cuando llegaron, los dirigentes escucharon las inquietudes de los cinco efectivos que estaban de guardia en ese momento, los asesoraron sobre qué deberían reclamar a las autoridades, y consiguieron que dos de ellos, un muchacho joven y una funcionaria, pidieran llenar el formulario: solicitaron afiliarse al sindicato. "Qué lastima que no trajimos pegotines del Sifpom", dijo Rodríguez en aquel momento.

La última parada es en Casabó. Dos custodias sonríen con la visita, y con dos buenas nuevas: el vecino de enfrente –no la víctima que protegen– les ofreció a los policías una pequeña pieza para cuando no hay patrullero. La segunda noticia es que, al menos por las noches, desde hace cerca de un mes tienen, precisamente, un patrullero.

Por eso es que el hombre joven, espigado y de lentes, rechaza el vaso de café. "No, ahora estamos bien: que quede para los otros".



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