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Los relevos de los líderes narcos: menos experiencia y más violencia

Cada vez que una banda criminal es descabezada surge alguien dispuesto a relevar a su líder

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13 de noviembre de 2018 a las 05:02

Robert Algorta, de 39 años, cayó este domingo cuando la policía logró capturarlo mientras fugaba con un auto que acababa de robar en la zona de Buceo. Este hombre, que estaba requerido desde 2015 por su papel en el homicidio el narcotraficante, Wellington “Tato” Rodríguez Segade, es considerado por el Ministerio del Interior como “el narco más escurridizo”, y uno de los delincuentes con "mayor logística" que operaba en Uruguay. 

Sin embargo, según contaron fuentes policiales a El Observador, hasta hace poco menos de un año era un integrante más del clan familiar que lideraba su hermano, Gerardo Fabián “Lalo” Algorta. La muerte de éste último en un ajuste de cuentas cometido a principios de diciembre de 2017, convirtió a Robert en el relevo natural para continuar con la actividad de este grupo que lideraba el mercado de la droga en el barrio 40 Semanas.

Al igual que la hidra de Lerna, la serpiente gigante de la mitología griega que tenía la capacidad de regenerar dos cabezas por cada una que le era cortada, cada vez que el líder de un grupo narco cae, surge un relevo -en ocasiones más peligroso que el anterior- dispuesto a mantener en funcionamiento la maquinaria criminal. 

De hecho, el enfrentamiento entre la banda de Los Algorta y la de Los Segade que comenzó en 2015 con la muerte de Wellinton Rodríguez, dejó un total de 29 muertos y 36 heridos, justamente porque los relevos del Tato y del Lalo incrementaron la violencia hasta el punto de casi eliminarse por completo los unos a los otros, según contó una fuente que participó de la investigación de estos hechos.

Según contó una fuente policial es frecuente que tras la caída del líder de algún grupo criminal tome el control alguien de menor rango que generalmente integra la misma familia. El director nacional de la Policía, Mario Layera, había dicho en entrevista con El Observador en mayo que el principal problema de estas bandas es "la anarquía" que "no permite saber quién es el líder y de pronto aparece uno de 16 años matando a uno de los líderes y la cosa cambió".

En Los Palomares, el primer procesado por tráfico de drogas del clan de Los Chingas, Waldemar Ross, fue desplazado del grupo por su propio nieto, Jairo Sosa, quien lo asesinó en abril de 2017 porque este se oponía a los desplazamientos de los vecinos. Esa fecha coincide justamente con el cambio de estrategia del grupo criminal, que empezó a expulsar vecinos de sus viviendas con el objetivo de apropiarse de ellas y convertirlas en depósitos de armas, drogas y objetos robados.  

Esta acción llevó a que varios vecinos denunciaran y a que se desarrollara un operativo policial sin precedentes para descabezar el grupo criminal. Desde entonces, fueron detenidos distintos integrantes de la familia vinculados a las actividades de narcotráfico y a la expulsión de vecinos con el objetivo de que no quedara ningún relevo que permita a la banda seguir operando. Según el Ministerio del Interior, todos los líderes de Los Chingas están muertos o tras las rejas.

En el caso del Clan Figueroa que tomó el control del Complejo Quevedo en Jardines del Hipódromo y llegó a instalar un muro perimetral, cámaras de seguridad y hasta una guardia armada para custodiar el lugar, el responsable de Convivencia del Ministerio del Interior, Gustavo Leal, adelantó que tras la detención de los líderes se trabajaría para detener a los “posibles relevos” de la banda criminal. 

La pasada semana el Ministerio del Interior desplegó un operativo en la Cruz de Carrasco contra un clan familiar, en este caso los Comas, que también extorsionaba y desalojaba vecinos para luego alquilar y utilizar sus viviendas. En este caso la líder es una mujer que permanece libre. 

Los hermanos Suárez

La llamada banda de Los Ricarditos de Cerro Norte lleva el nombre de Ricardo Suárez, hermano del conocido exconvicto, Beto Suárez, quien es señalado como el verdadero líder del grupo criminal. En 2009, un operativo llevado adelante por la policía permitió comprobar que el Betito lideraba desde la cárcel una operativa de tráfico de drogas, que incluyó la importación desde argentina de 93 mil dosis de pasta base por un valor que entonces ascendía a los US$ 180 mil.

Ricardito es quien se ocupaba de regentear integrantes para la banda en tiempos en que el Betito estaba en prisión. Ahora, el Betito está en libertad, mientras que su hermano se encuentra tras las rejas desde  2017 cuando fue procesado por un delito de tráfico de drogas, mientras se lo investigaba por su participación en la desaparición de Nicolás Roverano, conocido como el Oreja, un delincuente que desapareció tras salir de la cárcel y cuyo cuerpo fue desmembrado y enterrado con cal en un lugar que todavía no pudo ser determinado. 

La ayuda Yolao

En el mito griego de la hidra de Lerna, Hércules consigue vencer a la bestia con ayuda de su sobrino, Yolao, quien propuso quemar los muñones que dejaban las cabezas cortadas para cauterizar la herida y así impedir que crecieran dos nuevas cabezas, más fuertes y peligrosas que la anterior. 

En Casavalle, el Ministerio del Interior además de buscar encerrar a los líderes del grupo, llevó adelante la demolición de las casas que habían sido desalojadas por Los Chingas, y abrió un pasaje entre las calles Gustavo Volpe y San Martín -tirando abajo construcciones- para facilitar el acceso de la policía al lugar. En el Complejo Quevedo, se demolió el muro que financió el clan Figueroa y que le ofrecía protección al grupo criminal, y se instó a los vecinos del lugar para que solicitaran a la Intendencia de Montevideo el permiso necesario para instalar sus propias barreras de seguridad, siguiendo las disposiciones legales.

Según el director de convivencia del Ministerio del Interior, Gustavo Leal, este tipo de acciones implica “restaurar la cultura de la legalidad”, como forma de vencer a aquellas organizaciones que lograron controlar un territorio por medio del terror. 

 

Otra banda que no necesitó relevo    

La banda de Paolo, en Villa Española, una grupo criminal que no está formada por un clan familiar, sino por delincuentes sin lazos de sangre, no necesitó relevos ya que aunque algunos de sus integrantes más relevantes fueron enviados a prisión, el joven señalado como principal de la organización criminal fue detenido en octubre, pero liberado a las pocas horas por falta de pruebas. 

 

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