Seguramente si a cualquier persona se le preguntara sobre quién fue el hombre que más cartas de amor recibió en la historia, a nadie se le ocurría decir que el destinatario de tal pasión femenina haya sido un individuo de ridículo bigote, inusual flequillo y despreciable moral. Pero por más increíble que parezca, Adolf Hitler recibió más cartas de admiradoras que los Rolling Stones y los Beatles juntos.
En Psicología de las masas y análisis del yo, Sigmund Freud sostenía que las masas se ven atraídas al líder carismático a través de “vínculos de amor” o lazos libidinales formados por pulsiones sexuales. En el libro de Ducret, esta unión entre el líder y las masas queda evidenciada no solo en las miles de cartas que los líderes totalitarios recibían –y en las que había mujeres que incluso llegaban a pedirles que les dieran un hijo– sino también en la relación de estos con sus esposas y compañeras, muchas de las cuales siguieron a sus hombres con una devoción ciega.
“Los dictadores trabajan su poder de seducción como arma de propaganda masiva. Saben que no hay poder total sin la media de la población, es decir, las mujeres. Los dictadores saben manipular la seducción más que la violencia para conquistar a la nación”, afirmó Ducret.
Benito Mussolini tenía su propia versión de los hechos. “La multitud, como las mujeres, está hecha para ser violada”, escribió. El dictador italiano, considerado un sex symbol en su época, fue tan brutal como para mandar al exilio a la intelectual judía sin la cual nunca hubiera llegado a ser el Duce, mandar a otra de sus amantes a un manicomio y pedir la mano de la que sería su esposa amenazando a sus suegros con que la mataría si se negaban. Su voracidad no impidió que su amante Clara Petacci le siguiera hasta una muerte deshonrosa en manos de milicianos italianos.
El por qué las mujeres se enamoraron tan ciegamente de los dictadores es un misterio, comentó Ducret. No obstante, no es el poder lo que ellas quieren de estos hombres: “No aprovechan el poder, viven escondidas, y siempre encuentran la muerte como regalo de novios”, afirmó la autora.
En el caso de Hitler, antes de que Eva Braun quedara inmortalizada en la historia como su pareja, la mujer más importante de la vida del dictador fue su sobrina, de quien el alemán estaba enamorado. Angelika “Geli” Raudal, 20 años menor que Hitler, vivió con él hasta que las manías controladoras de su tío la llevaron al suicidio.
Por otro lado, Magda Goebbels, la esposa del jefe de propaganda nazi, tenía con Hitler un amor intelectual –su casamiento con Joseph Goebbels era una mera forma de acercarla al dictador–que también la llevó a matar a sus seis hijos y suicidarse en el bunker en el que se refugiaron durante el sitio de Berlín en la segunda guerra mundial.
El libro se completa con otras historias interesantes como la de Nadia Aliluyeva, la mujer de Stalin, una de las pocas que fue capaz de cuestionar a su marido, de los más brutales con las mujeres de los retratados en el libro. “Eres un verdugo. Atormentas a tu mujer, a tu propio hijo y a todo el pueblo ruso” le dijo y poco tiempo después terminó suicidándose.
No obstante, otros dictadores como Francisco Franco y Lenin no fueron brutales con sus mujeres. El primero le fue fiel a su esposa, y el último vivió un triángulo amoroso aceptado con naturalidad por su mujer, Nadezhda Krupskaya y su amante, la intelectual feminista Inessa Armand.
En otros casos las mujeres demostraron estar a la altura de la brutalidad de sus maridos, como Elena Ceacescu, la simbiótica esposa del dictador rumano Nicolai Ceacescu o Jian Qing, la cuarta mujer de Mao Zedong, quien llegó a deportar y torturar a otras mujeres por vestirse de forma más elegante que ella.
El libro de Ducret ha sido traducido a 18 idiomas y en Francia ya se editó un segundo volumen sobre este tema, centrado en líderes autoritarios más contemporáneos como Saddam Hussein, Fidel Castro, Milosevic o Kim Jong-il.
Las mujeres de los dictadores representa, pese a un estilo de escritura no siempre a la altura del material expuesto, una interesante ventana hacia el nexo entre la vida pública y privada de hombres que gobernaron con mano de hierro y mujeres que amaron y padecieron a esos corazones atrincherados. Precio: $790
Editorial: Aguilar
Publicación:
diciembre de 2012