27 de septiembre de 2021 13:00 hs

Un joven y ambicioso empresario me dijo hace poco que sólo hay dos "supercategorías" de productos lo suficientemente grandes como para merecer su atención: los teléfonos y los coches. Al principio, me sorprendió que este exitoso fundador, que estaba preparando el lanzamiento de una nueva empresa "startup" de electrónica de consumo, siguiera tan entusiasmado con cualquiera de ambas cosas en 2021.

El automóvil tiene más de un siglo de antigüedad y su cambio está resultando obstinadamente lento. A pesar de las revoluciones largamente prometidas de la autonomía y la electrificación, la gran mayoría de los vehículos que circulan hoy en día funcionan con una tecnología que tiene décadas de antigüedad.

El pensamiento convencional en torno a los teléfonos inteligentes, mientras tanto, es que la innovación se ha estancado. La mayor parte del entusiasmo en Silicon Valley se enfoca ahora en nuevos tipos de hardware, como las gafas inteligentes.

El lanzamiento del iPhone 13 este mes pareció confirmar la narrativa predominante. Los mayores avances que Apple pareció capaz de lograr fueron una carcasa de cámara más pequeña, o "muesca", en la parte frontal de la pantalla y un modo de vídeo "cinematográfico" que, aunque resulta sofisticado, no parece ser una necesidad diaria.

No ayudó el hecho de que el vídeo de lanzamiento de Apple, al estilo de un infomercial, estuviera salpicado de frases sin sentido como "nuestro iPhone más Pro que nunca". Los memes burlones fueron despiadados.

Pero cuanto más pienso en la forma en que evolucionan los coches y los teléfonos, más similitudes veo. Hay pocos productos con los que pasemos más tiempo y también suelen estar entre nuestras pertenencias más personales. Compartimos las casas, los muebles, los electrodomésticos y los televisores, pero todos queremos tener nuestro propio teléfono. Y muchos de nosotros sentimos lo mismo respecto a nuestros coches. Aunque la propiedad de un coche esté disminuyendo, una vez que tenemos nuestro propio vehículo, es doloroso renunciar a él.

Así que, conforme el iPhone entra en la mediana edad, es interesante considerar cómo la historia del coche señala la trayectoria futura de los dispositivos móviles.

Una de las lecciones es el cambio gradual de enfoque del desempeño a la seguridad, a la fiabilidad y al confort. Después de una primera mitad de siglo marcada por el poder y el rendimiento, las normas de seguridad de los coches estadounidenses no se introdujeron hasta la década de 1960. Los frenos antibloqueo y los airbags aparecieron por primera vez en la década de 1970.

Actualmente, aparte de los vehículos eléctricos y las baterías, la mayor parte de las innovaciones automovilísticas se encuentra en el ámbito de la tecnología de conducción asistida, la cual cada vez es más asequible y está más generalizada. Hace poco cambié un coche de 10 años por un coche hatchback con control de crucero adaptable (ACC, por sus siglas en inglés), que frena automáticamente cuando el auto que está delante baja la velocidad. Aparte de las ventajas en materia de seguridad, el ACC transforma el esfuerzo de conducir, de forma parecida a como debió sentirse la dirección asistida hace décadas.

Después de cien años, los fabricantes de automóviles siguen encontrando un montón de pequeñas mejoras que, en su conjunto, pueden valer la pena. Dudo que los teléfonos inteligentes sigan siendo el centro de nuestra vida digital dentro de un siglo, pero no hay razón para suponer que Apple, Samsung y Google sean menos capaces que las compañías automovilísticas de innovar a largo plazo.

Esto es lo que los críticos pasan por alto cuando se enfocan únicamente en las mejoras interanuales del iPhone. El mayor factor determinante para comprar un nuevo iPhone es el hecho de que ya tengas un iPhone y su antigüedad. Con el tiempo, lo actualizarás, porque tu teléfono inteligente es una de tus posesiones más esenciales y quieres que funcione adecuadamente.

La gente suele conservar sus teléfonos durante unos tres años. Ese "ciclo de actualización" se ha alargado recientemente, para la consternación de los accionistas de Apple, pero los consumidores se han beneficiado, conforme los teléfonos se han hecho más duraderos.

Muchos de los que, como yo, compraron el último gran salto de Apple, el iPhone X, habrán sentido pocas ganas de cambiarlo en estos últimos cuatro años. Pero ahora que la batería está empezando a agotarse y el procesador empieza a jadear, un iPhone 13 con 5G parecerá una actualización importante. No me importa que sea aburrido si la batería dura todo el día.

Las mejoras metronómicas de cada año en las baterías, los chips y las cámaras, aunque son graduales, respaldan las crecientes exigencias que requerimos de nuestros teléfonos inteligentes. Al igual que la seguridad es ahora primordial en los coches, para la mayoría de los 1.5 mil millones de personas que comprarán un nuevo teléfono inteligente este año, la fiabilidad es más importante que el último artilugio.

Esa fiabilidad se extiende incluso a la capacidad de fabricación que crea el iPhone. A diferencia de las compañías automovilísticas, Apple ha demostrado que es capaz de superar la escasez mundial de chips y mantener su calendario de lanzamientos anuales. La producción de coches ha titubeado, pero Apple sin duda venderá otros 200 millones de iPhone este año. Quizás haya dos supercategorías de productos en el mundo, pero sólo una de ellas ha demostrado ser invencible ante la pandemia.

Financial Times

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