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Los uruguayos y su caricatura

Es extraño como, buscando lo mejor de los uruguayos, hay exploradores que terminan encontrando y festejando lo peor

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12 de junio de 2012 a las 00:00

Imagine que cuando le informan en qué patria le tocará vivir, le dan una tarjetita con el nombre de Uruguay; y cuando pregunta por las principales características de ese país, le contestan con este post que está colgado en decenas de cuentas de Facebook: "Nací en un lugar donde se come asado los domingos y donde se toma un buen vino, donde se desayuna y se merienda con mate, donde las playas son hermosas y donde el sol se pierde en su horizonte , donde se saluda al vecino con un Hola Que tal? donde la gente es amable y hospitalaria. Nací donde se alienta a la celeste desde el corazón con un VAMO ARRIBA URUGUAY!! Soy orgulloso de ser Uruguayo".

Luego del bostezo, usted se empezará a enterar de que –salvo lo del inevitable e intocable mate- todo lo demás que le prometieron convoca poquísimo entusiasmo y es bastante relativo.
Por ejemplo, piense en ese asado y en ese “buen vino” y olvídese del deprimente día que eligieron para la modesta bacanal. Pero sepa que para poder comerse un buen trozo de carne y tomarse “un buen vino” –no vale vino en caja- tendrá que formar parte del 30% de los uruguayos que ganan más de 15 mil pesos. Si no es así, vaya pensando en alguna otra cosa para llenarse la panza en el almuerzo y en la cena dominguera.

Los muchachos del post promocional le prometen playas hermosas, pero vaya enterándose de que el agua y la arena –a menos que a usted le guste el color de león del Río de la Plata- empiezan a gozar de ese calificativo recién al este de Maldonado. Y sepa que hace rato que los uruguayos dejaron de tener como principal característica la amabilidad y la hospitalidad. Basta con subirse a un ómnibus esperando que le concedan un asiento o con meterse a manejar en calles donde abundan los energúmenos. Además, los uruguayos andan con miedo y es probable que si se les acerca algún sospechoso no se arriesguen a darle ni la hora.
Sin ir más lejos, una encuesta bastante reciente reveló que la mayoría de los uruguayos no quiere que bolivianos, chilenos o venezolanos vengan a estas costas a disputarles fuentes de trabajo.

En otro orden de cosas, esas ganas de “alentar a la celeste desde el corazón con un Vamo Arriba Uruguay” puede durar un ratito. Se sabe que el fútbol es azaroso y que en poco tiempo posiblemente se desvanezca esa conjunción fortuita de los Suárez, Forlan, Cavani y Cáceres, y usted se encuentre imprevistamente insultando frente al televisor

Siempre le quedará ese “sol que se pierde en su horizonte” pero, a poco de investigar, se enterará de que el astro no le asegura exclusividad a nadie y lo mismo se zambulle en las aguas del Río de la Plata como en las de Haití.

Se agradece sí que el recolector de bondades nos haya ahorrado la jactancia tradicional que celebra que por estos lados no haya terremotos ni tsunamis, confundiendo una condición de las placas tectónicas con una virtud cultural. Porque, como se ha visto, la mayoría de las características destacadas en el post son fruto de la naturaleza y de la geografía y no del ingenio o el espíritu humano.

Es probable que ese puñado de uruguayeses que navegan por la red no represente ni de cerca las mejores cosas que ha dado esta tierra y, que estemos en condiciones de ofrecer algo más que una tira de chinchulines o un penoso “vamos que vamos” (el video que acompaña este relato es prueba de que la banda oriental tiene cosas preciosas para mostrar).

Por lo pronto, no es mala idea resignarse a aceptar que nuestras individuales señas de identidad no están delimitadas por el arroyo de la Invernada ni por ningún accidente geográfico sino que están enraizadas en el barrio en el que uno empezó a crecer. Porque, como sugería Rilke, la única, la inevitable patria del hombre siempre será su infancia.

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