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Luces y sombras de Brasil

Denuncias de corrupción alcanzan al gobierno en medio de una economía estable

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21 de diciembre de 2019 a las 05:01

El gobierno de Brasil aparece esta semana afectado como nunca antes por denuncias de corrupción centradas en uno de los hijos del presidente Jair Bolsonaro. El proceso iniciado con el Lava Jato sigue como un tsunami cuestionando a todos los sectores políticos. Y ahora parece que la serpiente se muerde la cola. El presidente que llegó al poder montado en el corcel anticorrupción tiene a su hijo Flavio, a su esposa, y a otros integrantes de su familia como parte de una red de recaudación ilegal. En Brasil se habla esta semana en extenso de la “rachadinha”. La rachadinha consiste en contratar más y más asesores a los que se les cobra una comisión del salario asignado. Para blanquear la recaudación se usaba una fábrica de chocolate, propiedad de Flavio Bolsonaro, que llamó la atención por sus altas ventas en cash. El esquema es bastante más amplio, con el factor común de la recaudación ilegal y lavado de activos que promete ser un gran dolor de cabeza para Bolsonaro que puede inmovilizarlo por el resto de su mandato.

La imagen internacional de Brasil es tal vez la más baja desde el regreso de la democracia en los años 80. A la corrupción se suman los datos que desmienten al discurso del presidente brasileño y que fuera repetido localmente: la destrucción de la Amazonia en noviembre fue más del doble del año pasado. La Amazonia es una tierra sin ley donde los invasores de tierras públicas saben que tienen impunidad para talar, quemar y expulsar a la población local simplemente argumentando luego un error de agrimensura.

 Pero al mismo tiempo en que los cuestionamientos políticos y ambientales suben hay indicadores económicos que mejoran. Un curioso paralelismo el que puede unir a los presidentes de EEUU y Brasil. La economía acelerando en medio de escándalos.

El momento económico de Brasil está cambiando para bien y eso para el Uruguay de los próximos cinco años puede ser un factor relevante que compense al menos parcialmente el desastre económico al que parece encaminarse Argentina en la enésima repetición de los caminos que siempre la terminan llevando al abismo. Mientras Brasil crece como exportador y equilibra sus cuentas, tiene una moneda genuinamente estable, en Argentina seguiremos viendo las reliquias de múltiples tipos de cambios, variados cepos y el dólar blue subiendo. Impuestos a la exportación y la demonización de los empresarios, una receta perfecta para que no haya inversión ni estabilidad.

El gobierno brasileño termina el 2019 con el riesgo país más bajo en muchos años, con una previsión de crecimiento de 2% como mínimo para 2020, el mejor también en varios años, con tasas de interés de 4,5% a 6% en el corto y largo plazo, sumamente bajas y que siguen descendiendo, como para gatillar inversiones. La tasa de 4,5% es la más baja de la historia y se espera que la próxima reunión del Comité de Política Monetaria del Banco Central en febrero vuelva a bajarla. El gobierno brasileño ha logrado la difícil reforma de la seguridad social que Francia no logra hacer sin una gran inquietud social. Fue hecha en Brasil en plena calma.

La inflación brasileña se aceleró en octubre y noviembre por el aumento en el precio de la carne, derivado de la crisis de los cerdos en China. Pero aun con esa aceleración, en el acumulado de este año el IPC solo suma 3,12% de aumento, prácticamente la inflación de un país desarrollado. El pico de precios en China parece haber pasado y con él, el impulso inflacionario de la carne.

El ministro de Economía, Paulo Guedes, ha logrado generar un nivel de confianza en la economía que hacía muchos años no se lograba y ha avanzado en reformas que han equilibrado las finanzas públicas, bajado el endeudamiento y generado una proyección de crecimiento para el año próximo del doble del crecimiento de este año. La desocupación empieza a bajar gradualmente. La inflación es la mitad de la de Uruguay y desde hace ya mucho tiempo está dentro del rango que establece el Banco Central.

Impulsor de un Mercosur abierto, que acuerde con la Unión Europea y se abra al mundo, todo en Brasil parece contrastar con el panorama de Argentina que vuelve a medidas anti exportación, anti agricultura que hacen muy poco atractivo invertir en el país de los múltiples dólares paralelos.

Y la solidez fiscal tiene un componente clave en el menor pago de intereses de deuda. La confianza generada se traduce en un riesgo país de 100 puntos, el más bajo desde 2012, que contrasta con los cerca de 2.000 puntos de Argentina. Standard and Poor’s ha puesto perspectiva positiva a la calificación brasileña.

Por cierto, hay un nivel de desigualdad en Brasil que resulta escandaloso, y problemas económicos y sociales enormes por resolver. El narcotráfico ha adquirido un poder que asombra, inflitrando las propias fuerzas policiales y dominando barrios enteros en varias ciudades.  Pero tras la mayor recesión de la historia y una situación desastrosa dejada por el PT, el panorama actual, pensando en su influencia sobre Uruguay, es sensiblemente mejor y aunque en forma todavía muy gradual, la economía acelera. Y eso es lo que importa para el ambiente económico de Uruguay de 2020.

Resta ver si la aceleración se concreta. Los problemas pueden venir por la pérdida de legitimidad política que ha generado este caso de presumible corrupción. El ministro Guedes ahora va por una reforma impositiva que colocará un tasa muy baja a las transacciones digitales, que con una alícuota muy baja generaría una recaudación muy sustanciosa. Pero ya el presidente de la Cámara de Diputados ha anunciado que “de jeito nehum” que no hay espacio para ningún impuesto adicional de ningún tipo.  En el frente externo es altamente probable que Brasil enfrente barreras no arancelarias por su política despreciativa de los temas ambientales y de derechos humanos que preocupan con razón en el mundo. Pero eso es una amenaza de relativo largo plazo. En el corto plazo es factible que 2020 sea un año de crecimiento de la demanda del país que tras China, es nuestro segundo socio comercial.

El arroz, la carne ovina, los lácteos y el turismo pueden albergar expectativas de que Brasil pueda en los próximos cinco años apuntalar la demanda en sectores que históricamente han sufrido los vaivenes de la región. Aunque la dependencia de arroz y lácteos del mercado brasileño será estructuralmente cada vez menor ya que ambos sectores se seguirán globalizando en sus ventas, para el conjunto de la economía contar con un Brasil en crecimiento, estable y dispuesto a hacer acuerdos de libre comercio con el mundo puede ser una carta fundamental para que el crecimiento que mostró la economía uruguaya en el tercer trimestre se vaya consolidando. En la polarización regional, el peso relativo de Brasil puede ser mayor y ayudar a que Uruguay sostenga su récord de años consecutivos de crecimiento, defienda su grado inversor y logre el equilibrio fiscal que se ha perdido. Las estrategias del ministro de Economía brasileño Paulo Guedes parecen estar funcionando y pueden servir como insumo para la reactivación de Uruguay.

En muchos otros aspectos, tenemos que explicarle al mundo nuestras diferencias, principalmente la de ser un país que en lugar de desforestar para hacer ganadería, viene recuperando montes nativos y sembrando bosques para capturar carbono.

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