Uruguay viene llevando adelante una tarea bien interesante en la construcción de políticas ambientales como políticas de Estado. Suscribe los acuerdos internacionales que propician la sustentabilidad, ya sea se traten de biodiversidad o cambio climático. Es apreciado y respetado por ello y va en camino de recibir inversiones y valorizar sus productos por esa vía.
Cada vez más habitantes de las zonas rurales aprecian la vida silvestre y han cambiado las armas por las cámaras fotográficas. Cada vez menos culebras son matadas “por las dudas” y cuando aparece un oso hormiguero o un aguará guazú generalmente es bien tratado.
Es cierto que todavía se vende carne de carpincho, cuya caza no está permitida. Pero también es verdad que cada vez más lugares tienen carpinchos que no son molestados y que incluso suelen aproximarse a una domesticación cuando encuentran establecimientos rurales donde explícitamente no los molestan.
La población de venados de campo se viene recuperando desde la casi total extinción.
Por otra parte Uruguay tiene un problema grave de especies exóticas invasoras, entre las cuales el más conocido es el jabalí, pero que es acompañado por una cantidad importante de otras especies animales y vegetales que son exóticas y que por eso se multiplican sin control por Uruguay. Un problema mucho más grave de lo que se suele percibir entre los uruguayos urbanos.
Entre las especies exóticas invasoras podrían contabilizarse a los perros, que son introducidos en los ecosistemas y pasan a vivir en modo semi salvaje causando daños graves y un fuerte desestímulo a la población ovina.
En ese contexto, la flexibilización de las normas que rigen la caza nocturna decretada en abril parece agravar una serie de problemas importantes y con certeza no ayudará a solucionar nada. Será una mancha en el posicionamiento que Uruguay viene construyendo y que tiene expresión este mismo fin de semana en la expo sobre sustentabilidad.
El lector puede juzgar por si mismo este reciente decreto en ‹https://www.impo.com.uy/bases/decretos/138-2022›.
Su resultado no podrá ser positivo para la vida silvestre. Porque tener cazadores en más cantidad andando por la noche evidentemente no es favorable a estos fines. Aunque se les indique a los cazadores que solo pueden dispararles a los ciervos axis y a los jabalíes.
Perjudicará a la seguridad rural, porque, una vez más, facilitar que la gente ande de noche basada en permisos orales de los propietarios de los campos no es algo que mejore la seguridad.
Complicará el titánico esfuerzo que Uruguay tiene por delante para controlar una población de dos millones de perros. De esto hay ejemplos muy concretos. Puede leerse en El Observador del 20 de mayo “Un dogo abandonado por cazadores le diezmó la majada: hizo guardia y de noche lo mató”. Se cuenta allí la historia de un productor que cansado de la pérdida de ovinos esperó con su rifle hasta ultimar al perro en cuestión. Imposible no alarmarse. Entre los dogos que queden abandonados, los cazadores nocturnos y los productores que hagan guardias nocturnas, ¿se construirá la tranquilidad que la vida rural merece?
En resumen cabe suscribir la forma y el contenido de la carta que productores ganaderos integrantes de la Asociación Uruguaya de Ganaderos del Pastizal (Augap) han hecho llegar al presidente “con un espíritu constructivo, con el fin de solicitarle se reconsidere los alcances de dicho decreto.”
Allí explican que ese decreto crea “condiciones propicias para alterar la vida cotidiana de los animales en la naturaleza, e incluso podría ocurrir, que se diera caza a especies protegidas. Más aun cuando la actividad involucra la participación de perros”. Explican que la nueva normativa complicará a la propia producción ganadera con pastoreo racional “donde los animales se encuentran concentrados en aéreas chicas, una detonación nocturna provocaría la huida de los animales tratando de alejarse”.
En estos tiempos en los que la inseguridad es un tema tan central, explica el comunicado de Augap lo inconveniente del decreto que “habilita el ingreso de personas en propiedad privada de forma verbal sin el permiso formal -por escrito-del propietario como estaba vigente. Esto genera una enorme preocupación porque estamos convencidos de que en esto se ampararan muchos cuyos fines son non sancta, incluso ya castigados por la ley. Evidentemente con esta resolución se promueve la inseguridad rural. La autorización verbal no se condice con nuestra tradición garantista, y todos sabemos de sus limitaciones ante las prácticas de los cazadores furtivos.”
La misiva de estos ganaderos que desarrollan la actividad sobre nuestras pasturas naturales cierra constructivamente.
“Creemos que las medidas deberían ir por el lado de fortalecer la fiscalización de la caza, la que hoy día es prácticamente inexistente. En la actualidad solo podemos destacar las actividades de control que realiza la policía para requisar armas, vehículos y productos de la caza ilegal. Control que se haría mucho más difícil en la situación que establece el decreto.”
No es momento para facilitar que la gente ande armada por la noche con permisos orales en las zonas rurales. Menos aún si van con perros.
En una coyuntura especialmente sensible de la convivencia en Uruguay, cabe felicitar a Augap por la justeza de su comunicado y esperar que su solicitud de reflexión logre el noble cometido de revertir un decreto que desentona por todos lados con el Uruguay pacífico y biodiverso que tenemos que persistir en construir.