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Manual para moverse en el nuevo orden mundial

La rivalidad entre Estados Unidos y el eje China-Rusia está pariendo un mundo bipolar peligroso, en el que los países deberán estar muy atentos y jugar sus cartas de acuerdo a sus intereses

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12 de agosto de 2022 a las 05:04

La tarde del 26 de julio muchos se sorprendieron en Uruguay al enterarse que el presidente Zelenski, de Ucrania, le había pedido a su par uruguayo que impusiera sanciones a Rusia.

“¿Es joda?”, se preguntaba la mayoría en conversaciones informales. Mientras los detractores más aguzados de Lacalle Pou convertían en tendencia en Twitter el sarcástico #TiemblaPutin, ni bien el presidente anunció por ese medio que había ofrecido su colaboración a Zelenski“para poner fin de una vez por todas a esta acción ilegítima”.

Lo de Lacalle Pou fue claramente una manera de salir del paso ante el impensable pedido del ucraniano, hoy convertido en una superestrella a nivel mundial. Aunque no dejó de sonar gracioso el “de una vez por todas” (como que ahora sí, con la colaboración de Uruguay, se iba a acabarla guerra), lo que además casa biencon esa imagen un poco de respondón, de echado pa’ adelante, que normalmente se tiene del presidente.

Pero como indica la primera reacción de casi todos los uruguayos, lo realmente bizarro de todo esto fue el pedido de Zelenski. ¿En qué cabeza cabe que, si todas las sanciones posibles e imaginables de Estados Unidos yde todas las potencias occidentales juntas no han podido detener a Putin, las sanciones de Uruguay vayan a cambiar algo? Parece en efecto un chiste, una tomada de pelo; de ahí la pregunta del principio.

Pero no lo es. El pedido de Zelenski a Lacalle Pou obedece más bien a la idea de Washington de dividir el mundo en dos bloques: democracia vs. autocracia. Un bloque –llamémosle, demócrata– donde estarán de ahora en más Estados Unidos, sus aliados europeos, Australia, sus aliados asiáticos, más todos los que pueda conseguir en América Latina y en África. Y otro bloque autócrata, donde, en la visión de los ‘neocon’ que manejan la política exterior de Washington, estarán Rusia y China y unos pocos estados autoritarios más. O ese sería el ideal de Washington.

Ahora sí cobra un poco más de sentido lo de Uruguay, ¿no? A pesar de su tamaño, el país goza de un gran prestigio en el exterior y en los organismos internacionales precisamente por su sistema democrático y su marco institucional. Eso en el contexto descrito vale mucho. Siempre es bueno tener a “los buenos” del lado de uno, con más razón si de lo que se presume es de la construcción de una gran alianza global de gobiernos demócratas para enfrentar al autoritarismo.

Sabemos, empero, que esa no siempre es la intención de los Estados Unidos. Hemos visto cómo se lanzó a la invasión de Irak con una vergonzosa “alianza de las democracias” (luego convertida en una peor aun “coalición de los dispuestos”) para hacerle el bypass a Naciones Unidas que no aprobó la agresión al país árabe. Hemos visto cómo actuó en Egipto, antes y después de la llamada Primavera Árabe. Conocemos la historia de su relación con Arabia Saudita, con las demás monarquías del Golfo, y conocemos sobre todo su historia en América Latina. Y podemos inferir que su voluntad de democratización en otros países es al menos secundaria a sus intereses.

De modo que siempre es prudente tomar las declaradas intenciones de Washington con pinzas. Lo mismo que ahora machaca con el relato de que constituye con estos aliados “un orden mundial basado en normas” (a rules-basedworldorder), y resulta que Estados Unidos, además de eludir las resoluciones de la ONU, ni siquiera figura en la Corte Penal Internacional, no ha firmado el Estatuto de Roma; además de que lleva al menos 20 años en una campaña permanente para debilitar a ese tribunal que es lo más parecido que el mundo ha podido darse a una instancia para dirimir contenciosos internacionales y castigar crímenes de guerra.

Entonces, ¿un sistema “basado en las normas” de quién? ¿En qué normas? Y las excepciones a esas normas, ¿siempre van a caer del mismo lado?

Los otros

Del otro lado de esta nueva “cortina de hierro” que se está trazando no es necesario que diga lo que hay: dos autocracias que basta ver los destrozos que ha causado Rusia en Ucrania en los últimos días, para saber que eso ni nos representa ni siquiera quisiera uno estar cerca de tamaña barbarie. Aunque, por otro lado, hay que reconocer que China, con su poder blando, su narrativa neoconfuciana y su lema de avanzar y “ganar-ganar” en asuntos exclusivamente económico-comerciales, sin ningún tipo de injerencia en los asuntos internos, aparece como el socio más potable. Sobre todo porque, hasta ahora, ha cumplido a rajatabla con ese discurso.

Pero… no deja de ser un estado totalitario gobernado por el Partido Comunista. Allí está prohibida la imagen del osito Winnie Pooh, desde que algunos chinos empezaron a postear memes en las redes que mostraban su parecido con el presidente Xi Jinping. Imaginemos ese poder ejercido a nivel global. Aunque, todo se dicho, el poder omnímodo a nivel global en los últimos meses no ha sido Beijing quien lo ha ejercido, sino Washington.

En definitiva, hay que tener muy claro que estas dos grandes potencias se están disputando la hegemonía global, y que presiones va a seguir habiendo. Es probable que la próxima nos sorprenda aun más que el pedido de Zelenski. Pero la política exterior del Uruguay debe seguir apegada a sus principios rectores, al tiempo que prioriza los intereses del país. Con eso, es difícil que te vaya mal; más allá de los factores que como país no podemos controlar, en cuyo caso de todos modos no habría nada que hacer.

Pero que estos dos grandes van a seguir su curso de colisión, no le pongo duda. Así ha sido siempre en la historia de la humanidad, y lo más probable es que lo siga siendo. Acá viene a la mente ese neologismo tan socorrido últimamente y que, a pesar de su extendido uso, aún no hace su incursión en los diccionarios del español: “multiverso”. Tal vez en un universo paralelo estas cosas no sucedan, o no sucedan tan a menudo. Pero en este, suceden siempre. Una paz mundial realmente duradera todavía la estamos por conocer.

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