Llegó a Montevideo a los 18 años a estudiar química, pero dejó la carrera y se dedicó de lleno a las artes. Estudió fotografía, dibujo y pintura en Bellas Artes y más tarde diseño de interiores. “Durante mucho tiempo fui como un resorte yendo del arte al diseño y viceversa; me resultaba difícil conjugar las dos actividades”, recordó. Su primera fuente laboral llegó de la mano del diseño de interiores. Junto con la escenógrafa Beatríz Arteaga, trabajó seis años haciendo vidrieras para distintas marcas y diseño para casas de familia y locales comerciales.
La emprendedora comentó que, aunque disfrutó mucho la experiencia, no estaba del todo conforme. “El emprendedurismo tiene que ver con poder escucharse a uno mismo. Cuando hay algo que no está del todo encajado o alineado, hay que virar hacia el que uno cree que es el camino correcto”, reflexionó.
Cerca del año 2000, comenzó a gestarse en Demarco la idea de montar un local de diseño. Sin embargo, “a veces tener una idea no significa emprenderla”.
En ese momento, salir del estudio a la calle para convertirse en una empresaria la asustaba; pero estando en Bellas Artes, se acercó una compañera –Natalia Acquistapace– y le contó que había heredado un local con el que quería hacer algo.
“Para mí ese fue un mandato de que no podía evitar más mi idea de emprender”, explicó. Así, en el 2003 inauguraron Imaginario Sur, una tienda de arte y diseño.
Este primer emprendimiento conjunto le permitió a Demarco adquirir nuevos conocimientos empresariales y poner a prueba otras capacidades como su habilidad para relacionarse con varios clientes a la vez, buscar distintos servicios, proveedores y artesanos y adquirir una mirada más comercial sobre los objetos artísticos.
Cuatro años y medio trabajó en Imaginario Sur, y nuevamente sintió que no estaba desarrollando sus capacidades al 100%. Demarco comenzó a sentir que estaba postergando su perfil más creativo por resolver otros aspectos más funcionales en la empresa. En ese momento le planteó a su socia la separación.
“Tengo que estar dispuesta a perderlo todo, a empezar de cero. Sí lo hice una vez puedo hacerlo de vuelta”, pensó Demarco en ese momento, tras varios meses de negociar el destino de Imaginario Sur. Se desvinculó de la empresa en junio de 2007 y compró, con la ayuda de su marido, la casa en la que se montó La Pasionaria, ubicada sobre la calle Reconquista.
Universo creativo
Demarco tenía como cometido para su primer emprendimiento en solitario unir el arte, el diseño y su gusto por las relaciones públicas. Hoy, a cuatro años de inaugurado, el espacio cuenta con el restaurante Doméstico, una boutique, galería de arte, un estudio de diseño, librería y una tienda de objetos. Cuatro personas acompañan a Demarco como empleados y otros cinco trabajan para el restaurante.
Una empresa con tantas aristas obligó a su dueña a delegar tareas. Cada área de La Pasionaria tiene un responsable: para ello Demarco reclutó un staff de diseñadoras industriales con una marcada actitud emprendedora. “Yo me ocupo de la galería de arte, busco el vínculo con artistas, voy a los talleres y genero el acuerdo comercial”, indicó.
Viable con el alma
“Trabajar tantas verticales puede ser un valor, pero también una contra. A veces enfocarse en una sola cosa es mejor”, analizó la emprendedora.
Pero justamente es la diversificación lo que le ha permitido a La Pasionaria seguir en pie.
"A veces un crecimiento desmedido de tu empresa, hace que la base se derrumbe o se erosione. Yo me he ocupado mucho, durante todo este tiempo, de que la base sea sólida, empezando por mí”.
En 2011 la empresa alcanzó por primera vez el punto de equilibrio, pero promediando el año, volvió a caer.
Hoy nuevamente están por buen camino y según Demarco son los servicios de interiorismo y los regalos empresariales los que permiten revertir la caída de las ventas.
“Cualquiera que tenga una empresa atraviesa siempre un montón de altibajos”, opinó la emprendedora. Para ella la solución está en la constante búsqueda de nuevas fortalezas y ser creativo.
“Ante las bajas de ventas me enfoqué mucho en afianzar la galería de arte como un espacio de referencia cultural en Montevideo. También en hacer una revisión de los diseñadores y creadores que trabajábamos, devolver cosas, traer nuevas y buscar nuevos proveedores. Además está el controlar los gastos. Son herramientas para poder mejorar el margen de la empresa”, indicó.
En todas esas reestructuras, Demarco considera fundamental mantener la identidad. “Si quisiéramos solo hacer dinero venderíamos cerveza, pero no es lo que quiero hacer ni donde siento que están mis valores para aplicar. El emprendimiento tiene que ser viable económicamente, pero también viable con el alma”, expresó.
Imponerse
Hoy muchas personas se acercan al espacio a ofrecer sus libros, obras de arte, ropa y otros productos. Pero para llegar a este punto, Demarco tuvo que hacer un fuerte trabajo de posicionamiento de marca que incluyó varias propuestas innovadoras, además de la clásica publicidad.
Dentro de sus estrategias están los eventos: todos los meses organizan especiales de diseño y cada mes y medio inauguran una muestra nueva en la galería de arte.
“En esta zona no hay nada, había que generar un movimiento. Por eso los sábados abrimos al mediodía y cerramos a las 18 horas. El mensaje es claro: queremos que la gente venga, almuerce, recorra los espacios de venta, que compre y que aproveche para hacerlo como un paseo y una recorrida por la Ciudad Vieja”, explicó.
Además, Demarco, que es presidenta de la Cámara de Diseño, trabaja su imagen personal haciendo distintas apariciones honorarias como jurado de concursos de arte y diseño o como curadora.
Formar comercio responsable
Trabajar en el rubro del arte no es una tarea sencilla y la emprendedora lo tiene claro. Los porcentajes de ganancia son bajos y algunas irregularidades típicas del comercio de la artesanía y arte atentan contra el funcionamiento de los establecimientos comerciales. “El hecho de que haya artesanos que tengan monotributo nos obliga a vender sus productos 25% más caros que los de alguien que tiene una empresa que factura con IVA”, indicó Demarco. Aclaró que es una particularidad que los artistas usualmente no visualizan.
Otra dificultad es la venta directa de los artesanos y diseñadores a través de redes como Facebook. “No podemos ser vidriera de productos porque es muy caro. En eso también nos ocupa la formación de un comercio responsable y justo y que realmente se respeten los distintos canales de venta y los acuerdos comerciales. Hay gente que queda ofendida cuando se lo decimos pero si no lo hacemos nunca vamos a profesionalizarnos; y los números mandan”, argumentó.
A futuro tiene intenciones de abrir un local en Colonia o en el Este, para incrementar el volumen de ventas, pero por el momento entiende que no están dadas las condiciones.
A veces un crecimiento desmedido de tu empresa, hace que la base se derrumbe o se erosione. Yo me he ocupado mucho, durante todo este tiempo, de que la base sea sólida, empezando por mí”.