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22 de enero 2024 - 5:00hs

El discurso del presidente argentino Javier Milei en la cumbre empresarial y política de Davos, uno de los foros más importantes del mundo, no ha pasado desapercibido. Es lo habitual de las intervenciones del liberal-libertario en su país. Pero hasta ahora no se había estrenado fuera de casa. Y la verdad en su primera aparición internacional ante una elite política y empresarial es que logró sorprender a los presentes. Las reacciones fueron muy variadas. Desde los aplausos empresariales hasta una cierta sorpresa en filas de políticos y gobernantes por su acendrada defensa del capitalismo y su acérrima crítica al colectivismo de todos los pelos y colores.

Es que Milei arrancó su alocución sin precalentamiento previo, y sin ningún preámbulo dijo: “Buenas tardes, muchas gracias: hoy estoy acá para decirles que Occidente está en peligro, está en peligro porque aquellos, que supuestamente deben defender los valores de Occidente, se encuentran cooptados por una visión del mundo que –inexorablemente– conduce al socialismo, en consecuencia a la pobreza”.

A continuación realizó un análisis estadístico del crecimiento mundial para concluir que hasta el año 1800 había sido casi nulo y que desde entonces, época de la Revolución Industrial, se produce un notable incremento del crecimiento y consecuente de reducción de la pobreza extrema, que pasó del 90% de la población mundial al 5% en 2020.

Luego señaló que “Occidente está en peligro justamente porque en aquellos países que debiéramos defender los valores del libre mercado, la propiedad privada, y las demás instituciones del libertarismo, sectores del establishment político y económico, algunos por errores en su marco teórico y otros por ambición de poder, están socavando los fundamentos del libertarismo, abriéndole las puertas al socialismo y condenándonos potencialmente a la pobreza, a la miseria y al estancamiento”

“Lamentablemente en las últimas décadas, motivados por algunos deseos biempensantes de querer ayudar al prójimo y otros por el deseo de querer pertenecer a una casta privilegiada, los principales líderes del mundo occidental han abandonado el modelo de la libertad, por distintas versiones, de lo que llamamos colectivismo”

Luego Milei atacó las nuevas agendas del socialismo. “La primera de estas nuevas batallas fue la pelea ridícula y anti natural entre el hombre y la mujer”. Y “otro de los conflictos que los socialistas plantean es el del hombre contra la naturaleza”. En definitiva, Milei va contra la agenda del cambio climático. Sobre todo con la agenda extrema que propugna coartar el crecimiento poblacional como pedía el Club de Roma en 1970, y no con aquella que nos llama a cuidar la “nave común” que es la Tierra, de la cual no somos dueños sino meros inquilinos temporales.

Por último, Milei tuvo un mensaje de esperanza para los empresarios, a quienes calificó de “héroes”. Les dijo, y con razón: “Ustedes son benefactores sociales. Ustedes son héroes. Ustedes son los creadores del periodo de prosperidad más extraordinario que jamás hayamos vivido. Que nadie les diga que su ambición es inmoral. Si ustedes ganan dinero es porque ofrecen un mejor producto a un mejor precio, contribuyendo de esa manera al bienestar general. No cedan al avance del estado. El estado no es la solución. El estado es el problema mismo. Ustedes son los verdaderos protagonistas de esta historia”.

No cabe duda que un discurso con tales afirmaciones causa, aún en la llamada “cuna del capitalismo”, mucho escozor. No es habitual elogiar al capitalismo en forma lisa y llana, descartar por completo al estado sin dejarle ser juez y gendarme, pintarle la cara de colores al socialismo y colectivismo que han ido creciendo lenta pero irreversiblemente en nuestras sociedades, meter en una misma bolsa al comunismo, fascismo, nazismo, democracia cristiana por el hecho de que todos ellos permite, aunque de forma muy distinta, la intervención del Estado en la economía. 

Con todo, el libertarismo de Milei, que va más allá incluso del liberalismo clásico, al carecer de matices corre el peligro de fracasar por su falta de realismo. Y probablemente, si se aplicara a rajatabla, solo serviría para dejar todo como está.

Una visión liberal más realista defiende, por supuesto, la fuerza irremplazable del mercado en la generación de la riqueza, pero no desconoce que el Estado, bien entendido, cumple un papel también esencial, no en la generación de riqueza, pero sí en la firmeza o consistencia de la sociedad civil, por ejemplo, en momentos de turbulencias, llámese pandemia o una guerra. ¿Es realista creer que la empresa privada, el mercado, es la herramienta unívoca en situaciones de catástrofe? ¿Podrían las empresas japonesas llevar adelante la gestión luego del tsunami que destruyó a una parte importante del país? Las empresas privadas jugaran un papel pero nunca será exclusivo, como parece sostener Milei.

El Estado como tal no se puede poner en duda, como parece hacer Milei al descartarlo sin más preámbulo. Pero lo si que hay que poner en duda es el modelo del Estado que se ha desarrollado en las últimas décadas, que sofoca y sustituye al mercado, con intervenciones directas en la economía, con la introducción de empresas públicas en el juego económico, y con regulaciones que no atienden a corregir errores o fallas como las situaciones monopólicas. 

El Estado tiene funciones esenciales (defensa, seguridad, justicia, etc.) y relevantes (salud, educación), para asegurar un mínimo de bienestar que contribuye a mantener la cohesión social que nos da una identidad y explica un país. No debe competir con el mercado sino complementarlo y darle una red de contención en momentos aciagos. ¿Podría Israel en su situación actual, por ejemplo, existir si su desarrollo solo estuviera en sustentado en el mercado?

Por lo demás, el capitalismo necesita nutrirse de un marco institucional y cultural básico. No hay mercado donde no funcionan las instituciones republicanas, la separación de poderes, la independencia de la justicia, una educación que alcance a toda la población. Allí donde hay mucha marginación social y económica es difícil que florezca el mercado y, si lo hace, es difícil que se mantenga. Las instituciones políticas y sociales son fundamentales y ellas no se desarrollan por generación espontánea. De hecho, a la humanidad le llevó muchos siglos conseguirlo y corremos el riesgo de perderlo a cada paso. 

Hoy Occidente está en riesgo, o en “peligro”, como dijo Milei. Pero no solo porque sus lideres han abandonado, total o parcialmente, sus orígenes liberales sino porque han abandonado las raíces judeo-greco-cristianas que le dieron origen, hace ya unos 25 siglos. Raíces que les valió si, un crecimiento económico sin igual a nivel mundial, pero también un desarrollo humano y cultural sin parangón. Eso es lo que hay que cuidar, además del capitalismo o el mercado. Si esas raíces y valores se pierden, todo lo demás se irá al desaguadero.

Hace bien, pues, Milei en defender la superioridad moral y económica del capitalismo. Y además que lo haga en los foros más destacados. Pero debe matizar, contextualizar e incorporar otros valores. Porque de lo contrario, conseguirá pocos adeptos para una causa que es muy atendible: la causa de la libertad, que no admite la menor demora.

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