Opinión > EDITORIAL

Mr. Fake News

Es hora de tomar a las noticias falsas como un actor más de la realidad 

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20 de junio de 2019 a las 05:01

La irrupción de las noticias falsas en la campaña electoral del 2019 en Uruguay es una novedad que tomó a varios por sorpresa.

En la era de la hiper conexión digital y la saturación de la información los viejos rumores malintencionados de pronto se materializaron. Como un virus que circulaba entre la chusma del barrio, el rumor de pronto encontró un disfraz, el de la noticia, y logró insertarse en la agenda pública como un actor más, falso, pero no por falso irreal. 

No es un error decir que son como el caballo de Troya adentro de la fortaleza que se creía inexpugnable de la credibilidad de los medios. Es sencillo: el rumor malintencionado siempre existió en todas las campañas electorales de la historia. Que tal candidato tenía un cáncer incurable, que tal otro en su juventud fue nazi, o que tal otro ejercía la violencia doméstica. 

Eran rumores que circulaban oralmente pero que no lograban materializarse en una plataforma escrita o de audio sencillamente porque no estaban los medios para hacerlo. Las pocas veces que el rumor llegaba a los medios de comunicación –prensa, televisión o radio– el supuesto damnificado podía contar con los mismos medios para decir su verdad y desmentir la noticia falsa. 

Si la información publicada era mentira el medio quedaba automáticamente desacreditado y dañado en su máximo activo: la credibilidad. Siempre cuesta volver a creerle a un mentiroso.

El avance de las herramientas de diseño y la velocidad con que hoy la humanidad se comunica, sumado a la extraterritorialidad de la generación de contenidos permite que mentes y organizaciones insanas, inescrupulosas y miserables apelen a la generación de noticias falsas utilizando los mecanismos por donde circulan las noticias verdaderas para denostar, mentir y vilipendiar adversarios políticos con el fin de mancillar su honor y destruirlos. 

Es en este punto donde se complica el problema porque a diferencia de una radio, un canal de televisión o un diario, que se hace responsable de lo que publica, ni Facebook, ni Twitter, ni Instagram, ni WhastApp son medios de comunicación. Trafican con contenidos de información; son vías de comunicación, no medios. 

Esto hace que quien padece un ataque de noticias falsas organizado y sistemático como el que se constata en esta campaña queda en una posición sumamente incómoda: no puede combatir contra quien se esconde. Tampoco puede exigirles a las plataformas donde se difunde la noticia falsa, rectificación o derecho a réplica: queda atrapado en una dinámica laberíntica donde la información falsa circula anárquicamente sin control haciendo daño a su paso por la difusión de la mentira. 

Es una situación perversa para la democracia y para los procesos electorales en Uruguay que un día se desayunaron que desde las sombras y ocultándose en el anonimato más sombrío y desde el extranjero alguien decidió apelar a las fake news para pretender influir en las elecciones.

Por más que sean nocivas, es hora de tomar a las fake news como un jugador más de la realidad. No es posible ignorarlas ni relativizarlas: sí combatirlas con luz, honestidad y transparencia. ¿Cuál es el antídoto entonces? Confiar en la cultura cívica del pueblo uruguayo que a la hora de votar no se dejará embaucar por las estrategias del cobarde y miserable Mr. Fake News. 

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