“Siempre digo que la primera edición fue una prueba de campo. Una demostración de que era viable y que había talento. Teníamos a los egresados de las carreras de diseño llegando a un mercado que no estaba pronto para recibirlos si querían dedicarse al diseño de autor. Por lo general iban a trabajar a tradings –empresas que diseñan productos para ser producidos en el exterior y luego importan las prendas– pero no había el desarrollo de marca propio”, contó Martínez a El Observador.
Luego de su primera edición, la marca MoWeek se había instalado de tal manera que al año siguiente, según afirmó Martínez, la gente ya sabía de qué se trataba. “Era algo que estaba haciendo falta y lo que logró más allá de darle a las marcas una plataforma para presentarse de manera profesional, fue crear un espacio de encuentro”.
Edición tras edición, el evento se forjó como el lugar para estar de toda las personas involucradas en el proceso de moda –desde modistas a diseñadores gráficos–, pero también para todo el público, y no solo el interesado por seguir las últimas tendencias. En su edición de invierno 2013 logró superarse a sí misma y convocar a más de 15 mil personas a lo largo de los tres días.
Ocho pasarelas
Hoy MoWeek ofrece a los diseñadores emergentes toda una infraestructura para que presenten de la manera más profesional posible sus colecciones frente a un público que de otra manera no podrían alcanzar.
Según confirmó Martínez, la organización invirtió más de US$ 100 mil para cubrir gastos, desde la puesta en escena hasta el equipo de producción que asesora a los diseñadores. Los diseñadores, por su parte, deben abonar de $ 45 mil a $ 80 mil para participar de los desfiles, un monto que depende del horario de la programación.
Las marcas patrocinadoras son fundamentales para sustentar económicamente el evento, y a través de sus stands se unen a las actividades del día ofreciendo al público entretenimiento entre desfile y desfile (ver recuadro). “Les hemos enseñado que propongan contenidos vinculados al evento y a su vez interactivos. La gente realmente viene a pasar un momento entretenido”, afirmó Martínez.
A lo largo de estos cuatro años se ha logrado paso a paso profesionalizar no solo el evento en sí, sino también arrastrar consigo a los diseñadores. Antes la organización sentía la necesidad de traer marcas consolidadas, tanto uruguayas como extranjeras. Ahora los desfiles más atractivos del evento también son los de diseño de autor. “Ese era nuestro objetivo. Que el plato fuerte fuera lo que tenemos en Uruguay”, afirmó la directora.
Black & Liberty es una de esas marcas que hizo todo su proceso de crecimiento en la pasarela de MoWeek.
En 2010 presentó su primera colección como Penny Lane e hizo su evolución hacia su nombre actual en el marco del evento. En la quinta edición (verano 2013), Black & Liberty protagonizó la campaña publicitaria del evento y hoy, al igual que en ediciones anteriores, será la grifa responsable de cerrar la pasarela con su colección Manifiesto.
Florencia Domínguez, la diseñadora detrás de la grifa, recuerda a la primera edición como la “más divertida y espontánea” de todas. “El primer desfile fue una aventura que daba miedo. Creo que las ganas le ganaban a todo y nos decidimos a estar, sin pensar demasiado. Es obvio que en el fondo había confianza”, dijo la diseñadora.
Domínguez, quien también forma parte del equipo de producción de Itaú Moweek, participó en todas las ediciones y define la vivencia como “intensa, divertida y peculiar”.
En su experiencia, el evento ha ayudado a la grifa a posicionarse y construir la imagen de su marca. Pero hay que saber aprovechar la oportunidad. “El desfile es una instancia en la cual podés mostrarle a la gente un aspecto mucho más completo de tu marca. Es la oportunidad de transmitir cosas mucho más fuertes, que no se transmiten con fotos ni con videos”, afirmó.
La instancia del desfile fue lo que también atrajo a Manos del Uruguay, que participó en la primera edición y volvió al evento de manera intermitente. “Nos parece que es una oportunidad que está buena, sobre todo para encontrarte con los clientes de una forma distinta”, afirmó Cecilia Lalanne, diseñadora responsable de la grifa.
Su primera participación fue atípica, ya que el verano les dio la oportunidad de mostrar un costado de la marca que no suele ser el más conocido. Este año vuelve tras su último desfile en 2012 con una colección invernal repartida en tres momentos: el color y la textura, prendas de tejido de punto para el día a día y un regreso a la lana orgánica.
Las pasarelas futuras
Si bien se ha avanzado mucho hacia un sector más organizado y profesional, Itaú MoWeek, así como el resto del llamado sector moda, tiene mucho para avanzar.
Para Martínez se reducen en dos áreas: armar rondas de negocios para dar a conocer la moda en el exterior, previa una mayor profesionalización de la confección y los tiempos de demanda; y que el sector sea reconocido por el país como industria. “Hoy por hoy no encontramos un marco donde el gobierno nos apoye. La moda es turismo y es cultura. Cada vez que queremos ingresar al fondo de incentivo cultural, por ejemplo, consideran que la moda no es cultura”, contó Martínez.
La diseñadora Ana Livni, que también apoyó el evento desde sus comienzos, este año no participa a favor de posicionarse en ferias extranjeras, y reafirma también la necesidad de pensar la moda hacia el exterior. “Ese es el objetivo de las semanas de la moda de todo el mundo, juntar a los diseñadores con los posibles compradores. Y no es lo que sucede acá. No se establece un mercado real alrededor”, sostuvo.
El mercado que sí existe es el minorista. Según detalló Martínez, en la edición pasada se vendieron más de $ 3,5 millones solo con tarjetas de crédito.
Livni agregó: “Creo que es una plataforma importante para el diseño emergente, para los que no tienen punto de venta. Tiene que existir, pero no está en el calendario internacional ni regional, y eso te aísla. Termina siendo un evento superlocal, que mueve solo parte de la industria”, afirmó.
Por su parte, Lalanne observó la necesidad de contar con más marcas consolidadas que suelen hacer sus eventos por separado, pero que insertas en Itaú MoWeek podrían ayudar a darle “más relevancia”.
El evento convoca a mucha gente, al punto de la saturación del espacio, lo que hace que una de las necesidades que deberían cubrir en el futuro sea la de otra locación. Sin embargo, Martínez afirmó que por ahora no será posible dadas sus necesidades de dimensiones y servicios.
Por ahora, con muchos objetivos cumplidos, Martínez vislumbra el futuro de Itaú MoWeek con metas desafiantes por alcanzar.