15 de agosto de 2011 12:21 hs

Habían egresado del Centro de Diseño Industrial y trabajaban en publicidad y software, pero Carlo Nicola y Agustín Menini necesitaban encontrar una excusa para ocupar más de su tiempo libre en su pasión: el diseño de muebles. Por eso, decidieron en 2008 comenzar a presentar sus trabajos en varios concursos de Brasil.

Si le dedicaban solo una o dos horas al día, y producían algo que gustaba y era premiado, iban a tener que “buscarle la vuelta”, pensaron los diseñadores durante un viaje a Bento Gonçálvez en Brasil, para recibir las menciones que sus muebles habían obtenido en la feria Movelsul.

Sin embargo la historia de Menini-Nicola se remonta a 2002, cuando realizaban la práctica profesional que les permitió recibirse. Esa fue la primera vez que empezaron a diseñar muebles junto a otro compañero, Pedro Santoro. Gracias a esa experiencia descubrieron no solo su gusto por estos productos, sino que se dieron cuenta de que trabajaban muy bien en conjunto.

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Vender cuatro muebles para una residencia en San Pablo fue más que el resultado de la difusión proporcionada por la feria; resultó, en ese momento, un gran aliciente para pensar en el negocio.

“Nos dimos cuenta de que teníamos algunos problemas porque si llegábamos a tener más pedidos del exterior no sabíamos cómo cumplirlos. Producir en Uruguay y vender en Brasil no funcionaba”, explicó Nicola.

La dupla se decidió a buscar ayuda para poder asentar el negocio e hicieron un curso en Fundasol. Lo primero que advirtieron es que les faltaba formación empresarial. “Por nuestra profesión ya conocíamos el público, pero no teníamos idea de cómo iba a ser la vía de salida del producto, ni cómo hacer rentable el diseño”, aclaró Nicola.

Patear la piedra del camino

Para resolver sus carencias empresariales se presentaron en 2010 a la incubadora Ingenio, y superaron el proceso de selección. “La propuesta que planteamos contemplaba diseñar y fabricar productos en Uruguay para el mercado de San Pablo”, recordó Nicola. Al finalizar el plazo de la incubadora se dieron cuenta de que esa idea “era un disparate”. “No daban los números ni las capacidades productivas y nos significaba entrar en la parte de producción, un negocio que no queríamos afrontar”, detalló.

No lograron graduarse de Ingenio porque, según los socios, “cuesta mucho lograr la estabilidad necesaria en empresas de diseño”. Es que algunos meses se puede vender mucho y otros nada. “Nos dimos cuenta de que eso nos sucedía porque estábamos apuntando al lugar incorrecto”, especificó Nicola.

Cambio de rumbo

La incubación, lejos de ser una mala experiencia, les permitió enfocarse. Junto a los asesores de Ingenio definieron tres líneas de negocio: solo como estrategia mantuvieron la venta de productos manufacturados. “Queremos que nos compren el servicio de diseño pero para mostrarlo hay que hacerlo tangible. Si no estás en el mercado nadie te compra y tampoco te compran si no hay nada fabricado”, advirtió Nicola. Por otro lado, encararon la venta de licencias de diseño a fabricantes y además la venta de servicios de diseño, por ejemplo para empresas.

Hoy comercializan sus productos en Montevideo –en Pop Design, La Pasionaria y Mutate, que también tiene una casa en José Ignacio–. Además, venden en Maldonado, a través de la tienda Villa Rosita, y la Fábrica Española de Muebles tiene una licencia de la silla Guga. “Es un esquema de negocio que tenemos pensado para el exterior pero se dio en Uruguay; nos parece que es muy positivo que las fábricas empiecen a incorporar diseño de esta manera”, opinó Nicola.

En Brasil comenzaron a presentarse con algunos fabricantes, pero no fue hasta el año pasado, en el marco de una misión comercial organizada por Ingenio, que empezaron a desarrollar sus líneas de productos para una firma brasileña.

Su relación con el exterior se maneja básicamente a través de la venta de licencias. “Elegimos el sur de Brasil porque hay un polo mueblero muy grande y la intención es generar un modelo de negocio que podamos replicar en otros polos de Brasil y con el tiempo en Chile, Argentina, Perú y otros lugares donde encontramos que hay fuerza para el mercado”, proyectó Nicola.

La fama antes que el dinero

Menini-Nicola se hizo fuerte como marca pero ese crecimiento no fue proporcional a los ingresos. “Este año crecimos 40% más respecto al año pasado. Pero en este tipo de emprendimiento, las negociaciones con las fábricas y el distribuidor normalmente llevan un año de trabajo. Son procesos largos que involucran producciones muy grandes. Al principio pensamos que el estancamiento era un error nuestro, pero no, son tiempos de la industria”, explicó Nicola.

La producción, más allá de servirles para “hacer marca”, les permitió solventar el desarrollo de otros productos, fabricar prototipos y financiar costos propios de la empresa.

Actualmente tienen tres líneas: Monteví, ganadora del primer premio del Concurso Mercosur de Diseño e Integración Productiva; Catalina, que surge a partir de un pedido de la diseñadora textil Catalina Bouza; y la línea Lugar, que están ajustando para lanzarla este año y además clasificó para el concurso Casa Brasil.

No trabajan un solo estilo dentro de su producción, sino que sus líneas son bastante eclécticas. Apuntan a que los muebles, siempre con características funcionales, sean todos distintos y que la gente no tenga que comprarse todo de la línea Menini - Nicola, sino que lo que adquieran puedan hacerlo convivir con otros productos. “Apuntamos a un público que le da mucha importancia a los objetos y que piensa que cada uno es un hallazgo, entonces este público va a comprar en un remate, va a comprarse un producto nuevo y va a traerse otro de la casa de sus padres; queremos que nuestros muebles puedan hacerse un lugar ahí”, dijo el diseñador.

Con sus muebles, Menini y Nicola buscan “conmover”, capturar y reinterpretar el espíritu de los muebles tradicionales de los hogares uruguayos.

En Uruguay trabajan con cuatro fabricantes. “Nos interesa fidelizarlos, para conservar la calidad. Nos importa que les llegue más volumen de trabajo y no diversificar tanto los fabricantes, poniendo en riesgo la producción”, explicó Nicola. En el exterior trabajan solo con dos, pero ahora, recién arribados de Brasil, creen que esa cifra crecerá.

Mirando para adelante

Trabajaron con la Fundación Ricaldoni en prototipos para estudiar el curvado de madera y ahora participan del programa de despegue de la Facultad de Economía de la Universidad de la República para mejorar su plan de negocios. El siguiente paso es conseguir inversores. “Lo bueno es que ya tenemos una trayectoria, una marca reconocida y contactos que antes no teníamos en el exterior”, fundamentó Nicola.

A futuro prevén trabajar con diez líneas de productos para licenciar y enfocarse en desarrollar una línea de autor anual, para generar más posibilidades de interés en los distribuidores.

“Estamos reinvirtiendo pero el negocio se sustenta. Igual necesitamos crecer más porque el desarrollo de estas líneas no solo significa tiempo, sino materiales, mano de obra, terminaciones y varios prototipos para cada una de las líneas y eso va a necesitar inyecciones de capital”, explicó Nicola.

Recién están evaluando establecerse en un lugar físico propio, dado que el volumen de productos ya no entra en sus casas.

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