La esquina de 18 de Julio y Tacuarembó, en el centro de Montevideo, estuvo durante décadas ocupada por un edificio a medio construir. Eso está cambiando, ya que se está realizando un nuevo proyecto en ese emplazamiento. Pero el viejo edificio inacabado no era un lugar cualquiera.
La Galería Costa, como se llama el lugar, alberga desde 1968 cuatro murales diseñados y producidos por el artista plástico uruguayo Dumas Oroño, uno de los estudiantes más destacados del taller Torres García, conocido como la Escuela del Sur. El sitio consiste en una galería comercial abierta construida en un espacio interior del edificio.
La nueva construcción, que derrumbará la anterior, amenazaba entonces los murales de Oroño. Fue la hija del artista, Tatiana Oroño, quien realizó el llamado de atención público sobre las obras. Esta poeta, crítica de
arte y docente se puso en contacto con la división de Espacios Públicos de la Intendencia de
Montevideo que, en colaboración con otras secciones del gobierno departamental, asumieron la responsabilidad de proteger las obras de hormigón.
En este proyecto de protección artística la
intendencia contó con la ayuda de integrantes de la Comisión de Patrimonio y la colaboración honoraria del arquitecto Jorge Rodríguez López, quien trabajó junto a Oroño. En base a este asesoramiento, el miércoles se decidió cortar y trasladar los murales a otro sitio. La medida será posible gracias a que las obras no están en la pared de la edificación, sino sobre un conjunto de pilares y columnas.
Nelson Inda, presidente de la Comisión de Patrimonio, explicó a El Observador que su traslado es más simple por tratarse de obra en hormigón, que no fueron aplicadas sobre otro material y que incluso tienen una serie de líneas producto de la puesta en obra del trabajo de Oroño, quien hoy mismo cumpliría 94 años.
Inda dijo que el estado de conservación de la obra es muy bueno, dado el material y la forma en la que fue trabajado. De todas maneras, aclaró que la institución consultó al respecto a Tatiana Oroño.
La idea que se maneja actualmente es la de llevar los cuatro murales a los jardines del Museo Blanes, donde se exhiben otras obras del artista y quien además vivió cerca de allí. También podría trasladarlos a otro espacio público o incluso realizar un concurso con sugerencias para posibles emplazamientos, informó la intendencia en un comunicado.
Tatiana Oroño dijo a El Observador que "lo natural" sería llevarlos al Blanes, sitio del que considera que su padre fue "alma mater". La relación del artista con el lugar cuenta además con el incentivo de que está inserto dentro del Prado, barrio patrimonial. De todas maneras, la artista recalcó que la decisión no es suya, sino de la intendencia.
Por su parte, Cristina Bausero, directora del Museo Blanes, explicó que la propuesta de exponer allí los murales vino de parte de Patricia Roland, directora de la división de Espacios Públicos, y que es "factible". No obstante, dijo, se debe elaborar y analizar el proyecto para determinar la forma y ubicación que ocupará en el jardín del museo, un espacio que ya está intervenido por el jardín japonés.
La intendencia también aclaró en el comunicado que los murales no corrieron riesgo de ser destruidos, sino que el lugar estaba simplemente en proceso de limpieza.
Oroño dijo que ahora la situación se está "resolviendo favorablemente", gracias al acuerdo logrado entre el actual propietario del predio y el gobierno departamental.
Con varias "deudas"
Para Inda, Uruguay tiene "una deuda" con los muralistas que en su momento trabajaron en las paredes de distintos lugares públicos. Obras que, afirmó, estaban incentivadas incluso de forma legal por el gobierno. Bausero destacó a las creaciones de la Galería Costa como "representativas del movimiento muralista de la época".
Sin embargo, para Inda no es tiempo de realizar el inventario de obras murales. La falta de recursos obliga a centrarse primero en otros aspectos de "mayor jerarquía" del arte local con los que también se mantienen "deudas", dijo.
De todas formas, consideró que hechos como los protagonizados por las obras de Oroño pueden ser el puntapié inicial para generar este necesario catálogo de obras.
Arte para proteger
Las cuatro piezas de Oroño (dos de 12 metros de longitud y dos de siete metros) no son las únicas obras de arte mural y escultural que se considera necesario proteger y restaurar.
En un comunicado de la Unión de Artistas Plásticos y Visuales publicado con motivo de la discusión sobre los murales de Oroño se manifestó la necesidad de salvaguardar otras obras, como las esculturas ubicadas en el cantero central de la Avenida de las Américas, las cuales han sido vandalizadas y robadas, así como las obras que integran el Parque de las Esculturas ubicado frente al Edificio Libertad.
Este último emplazamiento también fue señalado por la docente de historia del arte y periodista cultural Emma Sanguinetti, quien también llamó la atención sobre un mural de Julio Alpuy instalado en el liceo Dámaso Antonio Larrañaga de Montevideo, el cual desde el propio centro de estudios pretenden restaurar desde hace tiempo sin éxito.