14 de septiembre 2023 - 10:27hs

Martin Wolf

Si el G20 no existiera, habría que inventarlo. Algunos replicarían que el mundo está tan dividido que esta agrupación es inviable. Sin embargo, este hecho simplemente hace que el G20, o algo parecido, sea aún más esencial: uno no tiene que hablar con gente con la que ya está de acuerdo. Una justificación aún más poderosa para su existencia es que ya no podemos vivir en grupos aislados: la salud de nuestro planeta y de nuestra economía depende de nuestra cooperación. Dado que los retos mundiales son más acuciantes que nunca, también lo es la necesidad de trabajar juntos en un grupo de este tipo.

La cuestión no es, entonces, si necesitamos el G20, sino cuál es la mejor manera de utilizarlo. ¿Hasta qué punto lo dirigió bien el Gobierno indio? ¿Qué lecciones debemos extraer de esta experiencia para su futuro?

Comprensiblemente, el Gobierno indio utilizó el G20 como una celebración de India y de su creciente papel en el mundo. También logró que se aceptara a la Unión Africana (UA) como miembro de pleno derecho. Esto último es, de hecho, un paso hacia una mayor legitimidad del G20.

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Sin embargo, un asunto más importante es si el mundo se ha acercado a la resolución de algunos de sus mayores retos. A continuación se encuentran tres preocupaciones obvias.

La primera es la división. La ausencia de Vladimir Putin y de Xi Jinping en la reciente cumbre de Nueva Delhi subraya que vivimos en una época de conflicto. La existencia de una superpotencia nuclear canalla representa una enorme amenaza para nuestro futuro. Igual de preocupante es la aparente decisión del líder chino de no relacionarse directamente con sus homólogos mundiales, salvo en instituciones que China domina, como el grupo BRICS. Su ausencia también es un mal presagio para la gestión de nuestro futuro compartido.

La segunda preocupación es la sobrecarga. Tal como lo señalé en mayo, el comunicado de la extremadamente exitosa reunión del G20 celebrada en Londres en abril de 2009 tenía poco más de 3,000 palabras. También se centró en la estabilización del sistema financiero y en el rescate de la economía mundial. La crisis concentró la mente. Es inevitable que el enfoque actual de los líderes mundiales sea más difuso. Pero ¿eran necesarias las aproximadamente 13,000 palabras de la declaración de la cumbre de Delhi? El documento abarca casi todo lo que se podría incluir. ¿Cómo se ha de supervisar y evaluar el progreso en una agenda tan extensa? La respuesta, como bien sabemos por anteriores esfuerzos del G20, es que no se puede: gran parte desaparecerá.

La tercera es la hipocresía. Todos sabemos que los líderes no cumplen lo que prometen. La declaración afirma, por ejemplo, que "reafirmamos nuestro compromiso de cero tolerancia con la corrupción". Sin embargo, la realidad es que en el G20 se encuentran algunos de los países más corruptos del mundo. La declaración también afirma que "mantenemos nuestro compromiso de mejorar la participación plena, igualitaria, efectiva y significativa de las mujeres, como responsables de toma de decisiones, para abordar los retos mundiales". Pero recordemos que Arabia Saudita es miembro.

La hipocresía, podría responderse, es el homenaje que el vicio rinde a la virtud. Pero eso no es un gran consuelo cuando se trata incluso de los problemas mundiales más importantes de la actualidad: el aumento de las temperaturas y la combinación del empeoramiento de la pobreza con deudas inmanejables en muchos países en desarrollo. El comunicado afirma, por ejemplo, que "Reconocemos la necesidad de aumentar las inversiones mundiales para cumplir nuestros objetivos climáticos del Acuerdo de París, y de aumentar rápida y sustancialmente las inversiones y el financiamiento para el clima de miles de millones a billones de dólares a nivel mundial procedentes de todas las fuentes". Pero ¿esto significa que van a hacer algo relevante al respecto? Después de todo, la siguiente frase promete aumentar "el financiamiento, el desarrollo de capacidades y la transferencia de tecnología en términos voluntarios y mutuamente acordados". Eso de "voluntarios y mutuamente acordados" ya sugiere que no va a pasar gran cosa.

La contribución más importante de la presidencia india pudiera seguir siendo, indiscutiblemente, la existencia de los informes encargados en relación con el fortalecimiento del financiamiento para el desarrollo y el medio ambiente, elaborados por un grupo de expertos bajo la dirección de Lawrence Summers, de la Universidad de Harvard, y NK Singh, un distinguido funcionario público indio. El primero de estos informes se publicó a finales de junio. Se supone que el segundo se publicará más adelante.

La realidad detrás de estos informes es que el mundo necesita aumentar masivamente la inversión si quiere cumplir sus objetivos de desarrollo y medioambientales, tal y como debe hacerlo. Una gran parte de todas las nuevas inversiones deben realizarse en los países en desarrollo. Pero la mayoría de ellos carecen de los recursos internos, de los conocimientos técnicos, o de ambas cosas, para lograr lo que se necesita. Además, tampoco pueden acceder al capital extranjero en la escala y en los términos necesarios. Por el contrario, a medida que las tasas de interés han ido subiendo en los mercados de capital mundiales, su acceso ha empeorado enormemente y muchos se encuentran agobiados por el endeudamiento.

Conocemos las soluciones. Tiene que haber mucho más financiamiento oficial, en diversas formas. Gran parte de él debe estimular flujos privados considerablemente mayores, a través del riesgo compartido. Esto, a su vez, requerirá una mezcla de sustancial alivio de la deuda, orquestado por el Fondo Monetario Internacional (FMI); mucho mayores flujos de financiamiento concesional para los países más pobres; mucho más capital propio en los bancos multilaterales de desarrollo, en particular el Banco Mundial; y mayores ratios de apalancamiento en esos bancos también. Esto, a su vez, exigirá reformas en la gobernanza, incluyendo en las acciones con derecho a voto.

Esta agenda es radical, esencial y urgente. Si se ha de lograr en un futuro relativamente cercano, debe convertirse en un foco dominante de la legislación económica mundial. La buena noticia es que las decisiones de los países occidentales y de los principales países emergentes pueden hacer que esto ocurra. Pero deben centrarse en lo que es urgente; deben concentrar su atención en transformar la escala y la naturaleza del financiamiento para el desarrollo y para el medio ambiente. Las palabras bonitas sin la determinación de actuar no significan nada.

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Member G20 Financial Times

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