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Néstor Guzzini, el último héroe del cine nacional

Uno de los actores más prolíficos del audiovisual uruguayo repasa una carrera que lo llevó desde la murga hasta el cine y la televisión

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15 de abril de 2018 a las 05:00

Era tarde y su hijo ya estaba acostado. Apretaba los botones del control remoto y cambiaba de canal, perdido en un zapping que estaba a punto de terminar. El pulgar, mecánico, no encontraba nada para ver, pero de repente apareció canal 5. La cara le cambió; sonrió. En el living del apartamento, la carcajada seca, característica, sonó bajito. Tanta agua. Estaban pasando Tanta agua, su Tanta agua. Y se quedó, media hora nomás, pero se quedó. Después apagó la tele. Ya la conocía, no tenía sentido mezclar los recuerdos. La película estaba bien así, en su cabeza. El rodaje en Arapey, lo que vivieron aquel 2013. Néstor Guzzini se levantó y se fue a dormir.

Algunas semanas después, es martes en Montevideo. También es otoño, es abril y hace calor. Raro, para la época. Guzzini (45) se apoya en una estantería de su apartamento en el Centro de Montevideo. Se cruza de brazos y mira a la cámara. Solo suena un ventilador que apunta a la pared y el sonido del obturador. Vuelve a poner los brazos al costado del cuerpo y se pone serio. "Que salga John Lennon, que salga", dice, acomodando un muñequito del Beatle al lado de su cuerpo. Y larga otra carcajada seca y simple. Después, se sienta en el sillón. Atrás de su cabeza está la portada de Abbey Road.

"Sí, siempre lo seguí. Su carrera solista fue la que me rompió la cabeza. Pará, igual fuimos a ver a McCartney al Centenario con mi hijo Leandro y estuvo impresionante. Pero ta, es John. El cartel y el muñeco fueron regalos de un amigo de la BCG que ahora vive en Madrid. Volvió al país después de años, pasó con sus hijas por casa".

Tal vez no como Lennon, pero Guzzini también cantaba. Ahora es actor. Se podría decir que hoy, junto a César Troncoso, es el actor más prolífico del cine nacional. Y esa preferencia parece estar extendiéndose, también, a las series de televisión. No había terminado de saborear el éxito de la serie El mundo de los videos cuando se metió en Todos detrás de Momo, otro proyecto de largo aliento. La serie de Carlos Tanco, Adrián Biniez y Pablo Stoll acaba de terminar su extenso rodaje. Fueron jornadas largas –50 en total–, y la intensidad no bajó nunca. Guzzini lo siente en el cuerpo.

"Fue increíble. Habremos terminado hace dos semanas y yo todavía no me recuperé físicamente", dice. Y carcajea, otra vez.

¿Qué desafíos le implicó Todos detrás de Momo?

Era era una nueva experiencia para todos, porque filmar 10 capítulos en 50 días fue un desafío enorme. Yo había hecho El mundo de los videos, pero acá fueron bastante más días y también fue la primera vez de los directores filmando una serie. Pero veías la experiencia de la gente que laburó en la serie y todo dejaba de ser inédito. Eso sí, hubo que adaptarse. El ritmo fue diferente al de una película. Implicó intensidad. Pero sentí que estuvimos protegidos pese a la velocidad con la que filmamos. Nunca faltó espacio para pensar el personaje, para trabajarlo. Seguramente lo ideal era tener más tiempo y dinero, pero para la realidad que tuvimos creo que funcionó muy bien. La cocina verdadera de la serie arranca ahora, en la posproducción. He visto poco, pero me genera mucha expectativa. Pero eso pasó desde el principio, porque los guiones me habían gustado mucho.

Guzzini Todos detrás de Momo.jpg
Guzzini caracterizado para Todos detrás de Momo
Guzzini caracterizado para Todos detrás de Momo

En Todos detrás de Momo, Guzzini es Néstor, un policía de investigaciones que tiene que meterse en el mundo de la murga para investigar un crimen. En la ficción, su personaje siempre quiso estar metido en el carnaval, pero nunca tuvo la oportunidad. El Néstor de verdad sí pudo.

"Todos detrás de Momo era una nueva experiencia para todos, porque filmar 10 capítulos en 50 días fue un desafío enorme"

Guzzini mira los vinilos que se amontonan en cajas transparentes de su casa y dice que siempre le gustó cantar. Que la primera vez que se fue a acampar al camping de AEBU fue cuando los de la BCG lo escucharon cantar. Antes lo había hecho en algunas peñas, pero fue ahí, cuando tenía 16, que lo descubrieron. Él seguía desde hacía algún tiempo a ese grupo que se autodenominaba "antimurga", que proponía espectáculos teatrales/murgueros que sorprendían y generaban polémica. Y cuando le dijeron para sumarse, no dudó. Bajo la batuta del "Flaco" Jorge Esmoris, Guzzini exploró los límites del espectáculo junto a la agrupación hasta el 2013, el año en que hicieron su última presentación en la Sala Zitarrosa. Guzzini se subió al escenario con la BCG a los 16; se bajó a los 40.

De forma paralela, mientras el ocaso de la BCG se acercaba, otra pata del espectáculo había arrancado a despuntar. Vinculado con los integrantes de la productora Control Z, y más específicamente con Adrián Biniez y Pablo Stoll –los grandes aliados de su carrera–, Guzzini comenzó a protagonizar cortos y a tener algún papel mínimo en películas, como Acné (2008). "Entraba y salía, pero estaba bueno. Y casi salgo en Whisky. Iba a estar en una tribuna, gritando un gol".


Cada vez más cercano al Garza Biniez y a Stoll, lo reclutaron para Gigante y 3, respectivamente, con papeles más extensos que le dieron visibilidad. Y después, llegó Tanta agua, su primer protagónico. Que también fue su primer rodaje lejos de su familia. Sus primeras entrevistas largas. Su primer viaje en avión.

¿Cómo fue la experiencia de aquel primer rol protagónico?

Cuando vos tenés un protagónico en una película, jugás otro rol en todos los ámbitos. Dentro y fuera de cámara. Estás más cerca de los festivales, de las entrevistas, tenés otro vínculo con la película. Generás otra relación con la producción. Y el rodaje, en sí, fue mágico. Encima rodando en las termas me entero que voy a ser padre. Para mí fue muy especial, le tengo muchísimo cariño a esa película. Me dio mucho.

Después de Tanta agua, vino la acumulación de títulos, la que hoy lo pone como uno de los hombres más prolíficos del cine local: El 5 de Talleres, Mr Kaplan, Zanahoria, Clever, Mi mundial, Otra historia del mundo, Severina, El hipnotizador, El mundo de los videos.


La actuación hoy es parte intrínseca de su vida profesional, pero desde el punto de vista económico, a sus 45 años sigue alternando a tiempo parcial con el trabajo en un estudio contable. Dice, y se nota cierta satisfacción cuando lo hace, que ha logrado que actuar sea lo primordial, y que cuando tiene que dejar de ir al estudio, lo hace y no tiene problemas.

"Negar que he tenido una consecutividad importante en el trabajo sería equivocado. Ahora, yo estoy convencido de que nunca tenés ganado nada"

"Hay veces en las que sí podría vivir de la actuación, y hay momentos que no. Es la realidad. Igual, siempre voy a proteger mi oficio como actor, lo voy a poner siempre por delante". Hablar de plata no lo pone mal, pero sí lo pone serio. De todas formas, cuando se le pregunta por su extensa filmografía, vuelve la sonrisa, la carcajada. "Cuando me dicen eso, que estoy en muchas películas, les digo en joda que hay un montón en las que no estoy".

¿Siente que, efectivamente, su presencia en la pantalla es cada vez más grande y extensa?

No me puedo hacer el distraído. Tuve la suerte, o hice el esfuerzo, para que sucediera. No quiero pecar de pedante o de falsa humildad, pero sé lo que está pasando. Negar que he tenido una consecutividad importante en el trabajo sería equivocado. Ahora, yo estoy convencido de que nunca tenés ganado nada. Porque vos podrás haber estado en 20 películas, pero si no das con el tono para el personaje, lo anterior ya no cuenta. Podrá contar en la cabeza de la gente, pero no para vos. Está bueno sentirse reconocido, pero lo más importante, y es lo encantador que tienen el cine y la televisión, es que en el rodaje el ego se termina. Te das cuenta de que sos una pieza de algo más grande. Y si no te das cuenta es que no entendés nada.


Guzzini sí lo entiende y por eso baja el perfil. También entiende que en el cine local hay lugar para lo que él quiere hacer. Pero, sobre todo, entendió que ese mundo le prometía felicidad. La misma felicidad que lo hacía ir todos los días al videoclub de la esquina del Palacio Salvo cuando era adolescente, o la que lo hace sonreír cuando dice que le gustaría rodar una película de ciencia ficción. "El videoclub me abrió un mundo. Amo el cine, no hay vuelta".

Mientras lo dice, mira debajo de la tele, donde hay varias películas infantiles de su hijo Leandro. Ahí no está Tanta agua, pero no importa. Él se acuerda bien.

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