30 de mayo 2021 - 5:00hs

Y a la luz de las cifras de contagios y muertes da la impresión de que junio se nos ha ido de las manos pese a los muy buenos registros de vacunación. El gran objetivo cuando empezaron a aumentar los casos positivos y los fallecimientos en marzo era “blindar abril”. En marzo tuvimos 366 muertos y en abril 1.642. Mayo va camino de empatar con abril. Para evitar esto era vital “blindar abril” y por ello el 23 de marzo el gobierno adoptó medidas para reducir la movilidad.

Muchos pensaron que esas medidas eran insuficientes pues quedaban cortas en relación con las que pedía el GACH. Con todo, el GACH siempre resaltó su rol de asesor científico y no de hacedor de políticas, dado que no tenía la información completa de otros campos de la sociedad, como el de la economía, el de la vida social, entre otros. Ni la información ni la capacidad de decisión que corresponde a la política.

El gobierno entendió que esas medidas más el efecto vacunación más la siempre bienvenida apelación a la libertad responsable eran suficientes para contener el aumento de la pandemia. En cierto sentido se logró llegar a una meseta, pero una meseta demasiado alta que nos puso entre los peores de la clase en materia de contagios y de fallecimientos por millón de habitantes. 

Estamos terminando mayo, la vacunación va a buen ritmo pero de la meseta  no bajamos. Es más, el coeficiente R que mide si la epidemia crece (cuando R es mayor a 1) o cede (cuando R es menor a 1) muestra que aún esta creciendo. En los últimos 30 días móviles, luego de estar 15 días por debajo de 1 (epidemia cede) ha vuelto a situarse sistemáticamente por encima de 1 (epidemia crece). 

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La situación es grave. En algunos departamentos, como Salto y Paysandú, es gravísima. Es verdad que los CTI no se han saturado. Y es verdad, como señala un tuit del presidente Lacalle citando un informe del MSP sobre los efectos de la vacunación, que los datos son “alentadores”. Dos observaciones: en primer lugar, son datos preliminares y no discriminan por edad, comorbilidades, etcétera. Y en segundo lugar, son “alentadores” los datos de la vacunación pero nuestro problema es que se empezó a vacunar con un alto número de casos, con transmisión comunitaria fuerte y con la variante brasileña P1 en casi todo el país.

Cuánto tardará en hacer efecto esa vacunación es algo difícil de predecir. Con este grado de movilidad y de apertura no parece que en junio haya una mejora significativa. Y los muertos duelen. Y duelen mucho. No son cifras abstractas sino nombres y apellidos concretos que conocemos más o menos de cerca. 

Hoy podemos decir que se nos está esfumando la esperanza de seguir en meseta: los indicadores de los últimos días apuntan a un crecimiento de casos si bien no de muertes. Solo nos queda el firme deseo de que baje. Pero sin mayores certezas, solo esperanza. 

"Hoy podemos decir que se nos está esfumando la esperanza de seguir en meseta"

Lo ocurrido en los últimos meses ha demostrado que la apelación a la libertad responsable, de la que soy firme defensor en todos los campos, es imprescindible pero no siempre suficiente. En materia de salud pública, hay una responsabilidad gubernamental cuando mayoritariamente la gente no entiende lo que ocurre o no le importa o está fatigada psicológicamente. No es necesario ir a una cuarentena forzada y ni siquiera voluntaria. Pero sí es necesario accionar las famosas “perillas” que gráficamente señaló el presidente Lacalle en el comienzo de la pandemia, cuando el gobierno comunicaba notablemente bien.

Lacalle señalaba que las perillas le permitirían ir para adelante y para atrás todo cuanto fuera necesario. Y en el mismo concepto de “perilla” venía incluido el de “gradualidad”. 

No es blanco o negro. No es cerrar o abrir. No es militarizar o que cada uno haga lo que le venga en gana. Es mover la perilla con prudencia hacia atrás o hacia delante. Cuánto se mueve corresponde al gobierno decidirlo, que hace muy bien en asesorarse con un grupo científico de gran  nivel, como el del GACH. 

Pero cuando un factor de la ecuación “libertad responsable” no funciona como debiera por las razones que fueran, incluyendo nuestra idiosincrasia, es preciso ajustar algunas perillas sin necesidad de poner preso a nadie ni de impedir trabajar para “parar la olla”. Sí, por lo pronto, es necesario en esta hora oscura transmitir de mejor manera el mensaje del peligro que estamos viviendo, volver a aquella comunicación del equipo presidencial posterior a la detección de los primeros casos. 

El presidente Lacalle Pou tiene un gran capital, ganado en muy buena ley, de aceptación y popularidad. Es hora de que lo use, junto con sus ministros y con el secretario de la Presidencia en lugar de recurrir a aburridos mensajes en “el marco de la ley de Servicios Audiovisuales Número xx”. 

Esta crisis necesita medidas, necesita estrategia. Pero sobre todo necesita líderes de carne y hueso que alienten a la población, que demuestren que están en sus zapatos, que den ejemplo siempre. Ya se hizo el año pasado cuando la crisis era menor aunque el futuro era mucho más incierto. Ahora que la crisis es mayor pero el futuro es más esperanzador, es más necesario tocar las perillas lo que haga falta y comunicar un mensaje que se ha perdido. 

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