En agosto de 2009, un misterioso hombre mató a un policía, se amotinó en su casa de Shangrilá (Canelones) y, luego de horas de intercambiar disparos con la fuerza pública y ya herido, se pegó un tiro en la cabeza. Tenía en su casa un verdadero arsenal de guerra, con más de 700 armas de todo tipo y tamaño, 500 granadas y miles de municiones. El caso generó impacto por varios días mientras transcurría la campaña electoral. En ese momento el clima de la puja entre los partidos se enrareció desde que se insinuaron trasfondos políticos al episodio. El Partido Nacional apuntó al Movimiento de Liberación Nacional – Tupamaros como presunto cómplice o responsable de la existencia del depósito de armas. El tiempo demostró que fueron simples especulaciones, producto del calor electoral. La izquierda, que tenía como candidato a presidente a José Mujica (un tupamaro de la primera hora), se sintió atacada y contragolpeó a los blancos.
Nueva campaña, viejos cucos
Hace cinco años se acusaba a los blancos de asustar con el caso Feldman; hoy el Frente Amplio insinúa que hay un manejo electoral en algunos delitos comunes