29 de agosto de 2013 20:51 hs

Barack Obama parece recorrer el mismo camino que George W. Bush en 2003: encarar en solitario una invasión a un país sin contar con el apoyo de ONU y con unos aliados que no terminan de apoyarlo.

Ayer Estados Unidos dio pasos claros hacia una ataque contra Siria. Porque si bien desde la ONU siguen pidiendo que se espere a que haya un informe oficial sobre el uso de armas químicas por parte del régimen de Bachar al Asad en Siria, en Washington están convencidos de que se usaron esas armas prohibidas y que por lo tanto es necesario reaccionar con claridad.

El vocero adjunto de la Casa Blanca, Josh Earnest, declaró que el presidente Barack Obama se reserva el derecho de actuar en forma unilateral, sin esperar la decisión de la ONU o de países aliados. La razón: dar prioridad a los intereses de Estados Unidos.

Más noticias

“El presidente debe ante todo rendir cuentas a los estadounidenses que lo eligieron para protegerlos. Y el presidente está firmemente convencido de que la clave de esta situación son las medidas necesarias para proteger nuestros intereses básicos de seguridad nacional”, declaró el portavoz.

También Marie Harf, vocera departamento de Estado, dijo que las consultas a otros países son “extremadamente importantes” pero no determinantes. “Tomamos nuestras decisiones siguiendo nuestra propia agenda”, aclaró.

Resulta que los países que en un principio se mostraron más convencidos de la necesidad de un ataque en Siria ahora son menos firmes en esa intención.

Ayer a última hora el parlamento británico, convocado de urgencia en pleno receso estival, rechazó el plan del primer ministro David Cameron para una intervención militar “legal y proporcionada” en Siria, con lo que se descartó la intervención británica.

La votación resultó 285 contra 272 y triunfó el “no” gracias a la postura de los opositores laboristas y de algunos miembros de la coalición de gobierno. Los parlamentarios ni siquiera aprobaron la propuesta de lanzar un ataque con el visto bueno de la ONU y Cameron, ante el cambio de planes, no tuvo más que salir a decir que “está claro que el Parlamento no quiere una intervención militar en Siria” y que “el Gobierno actuará en consecuencia”.

El resultado de la votación en los Comunes es similar a lo que piensa la opinión pública británica: según un sondeo de YouGov/The Times divulgado ayer, un 51% de la población se opone a la intervención, mientras que solo el 22% la apoya. El resto está en una postura indefinida.

Francia, el segundo país en unirse inmediatamente al entusiasmo interventor de EEUU, ayer también puso un freno a la iniciativa cuando su presidente, François Hollande, declaró que era prudente esperar un informe de la ONU antes de lanzar un ataque.

Lo mismo indicó la canciller alemana Angela Merkel, que esta semana se había mostrado menos involucrada en el conflicto que sus pares de Francia o de los países anglófonos. La situación de Alemania es, de todos modos, un poco diferente, pues si bien participó en la guerra en Afganistán, se abstuvo de votar en el Consejo de Seguridad cuando se decidía una intervención en Libia en 2011, tal como lo hicieron Francia y Gran Bretaña.

El convencimiento de EEUU

Pero con Estados Unidos la cosa es distinta, porque el gobierno de ese país están convencidos de que Al Asad sí usó armas químicas y no creen necesario esperar a una evaluación de la ONU, que sería redundante. De acuerdo con un informe publicado por Foreign Policy, los servicios de inteligencia de EEUU escucharon conversaciones telefónicas entre un funcionario del Ministerio de Defensa sirio con el líder de una unidad de armas químicas que dejaron en evidencia que las sospechas de que se había usado ese armamento eran reales. De acuerdo con el relato, el funcionario, desesperado, le exigía al supervisor que le diera respuestas para el ataque.

Además de esos diálogos, los estadounidenses se nutrieron de declaraciones de médicos locales, fotos y videos. En estos se veían víctimas jóvenes que apenas podían respirar y, en algunos casos, sufrían fuertes espasmos. Los acercamientos de fotos revelaban que las pupilas estaban afectadas. También los médicos se convirtieron en pruebas: contaron que atendieron a niños tan confundidos que ni siquiera podían indentificar a sus propios padres. Y después de trabajar, los doctores sufrieron fallas de respiración agudas.

Otra prueba fueron las fotos de los misiles con los que se hicieron los ataques, que quedaron casi intactos. Si hubieran tenido ojivas convencionales, se hubieran destrozado al estallar. Sin embargo los proyectiles se mostraban sin grandes daños en su estructura.

EO Clips

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos