6 de septiembre de 2013 8:27 hs

La cumbre anual de los líderes del G20 comenzó ayer en la ciudad rusa de San Petersburgo dominada por la posibilidad de un ataque militar aliado contra Siria. Pero conforme avanzaban las horas, se comenzó a percibir que el mandatario estadounidense Barack Obama, principal impulsor de la intervención militar en el país, se iba quedando solo.

Obama aterrizó en Rusia fortalecido por el aval de la comisión de Asuntos Exteriores del Senado de Estados Unidos, que el día anterior le dio carta blanca para avanzar en su plan de intervenir durante 60 días –extensibles a 90– el territorio sirio para “castigar” al mandatario Bachar al Asad por su supuesto ataque con armas químicas. Su principal argumento para convencer a las demás naciones es que la comunidad internacional no puede quedarse callada frente a la barbarie en Siria.

Pero al cabo de la primera sesión de trabajo el jefe de gabinete del presidente ruso Vladimir Putin, Serguéi Ivanov, se encargó de cortar el entusiasmo. “Una clara mayoría de los líderes se muestra a favor de una solución del problema sirio por medios pacíficos”, declaró.

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Putin, que el miércoles cedió un poco al decir que no vetaría un ataque si la ONU comprueba el uso de armas químicas, ayer tuvo el gesto de incluir la situación en Siria en el plan de discusiones. Pero poco más.

Por otra parte, se reiteró que no habría un encuentro entre Putin y Obama, cancelado por Washington después de que Rusia diera asilo temporal a Edward Snowden, requerido en EEUU.

China también se opone categóricamente a una acción militar contra Siria que no cuente con el beneplácito del Consejo de Seguridad de la ONU y ayer el portavoz de la cancillería de esa nación, Qin Gang, subrayó que “la guerra no es una solución para Siria. La vía política es la única posible”.

En la ONU, el secretario general Ban Ki-moon abogó, una vez más, por la respuesta política del conflicto, “la única forma de poner fin al derramamiento de sangre”.

En Europa, Obama cuenta con el apoyo del galo François Hollande desde el primer momento. Pero pocos más están de su lado y eso mismo fue lo que recalcó el presidente del Consejo Europeo, Herman can Rompuy, quien declaró que “actualmente solo Francia quiere participar” en el proyecto estadounidense.

La canciller alemana Angela Merkel insistió en que “esta guerra debe terminar y que solo se hará políticamente”. El británico David Cameron ayer aseguraba que tenía nuevas pruebas del uso de armas químicas por parte de Al Asad, pero de poco le sirven con un Parlamento en contra de ir a la guerra.

Y el eje liderado por Rusia encontró un aliado que seguramente no esperaba: el papa Francisco, que le escribió a Putin una carta para instar a que los líderes abandonen el “vano afán” de una solución militar en Siria. Además, el Vaticano reunió a los embajadores del mundo entero y les explicó la posición del papa, lo que supone la mayor actuación diplomática que emprende la Santa Sede desde que hace 10 años Juan Pablo II protagonizó una oposición contra la invasión de Irak por la coalición liderada por EEUU.

Fuera de San Petersburgo, el tema de Siria será el eje de la reunión de hoy y mañana en Vilna de los ministros de Relaciones Exteriores de la Unión Europea, que buscarán por su parte alcanzar una posición común.

Casi solo en casa

Si en el plano internacional Obama está perdiendo apoyo, en el fueron interno sucede algo similar a medida que se acerca el lunes 9, cuando el Congreso votará la propuesta de acción militar aprobada por una comisión del Senado.

Si bien es cierto que las principales figuras de las cámaras se declararon favorables al plan –es el caso de los líderes de bancadas– hasta ahora son pocos los legisladores que se han declarado públicamente a favor de la intervención.

De acuerdo con un recuento de Bloomberg News, serían unos 20, cerca del 5% del total. El Congreso tiene 535 miembros y se necesitan al menos 217 votos para aprobar la medida.

En el bando contrario a Obama, una extraña coalición entre el Tea Party y algunos demócratas suma al menos 68 representantes. Si bien es cierto que las dos facciones deberán conquistar a más miembros para su causa, la de Obama tiene el camino menos adelantado. l

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