2 de octubre 2012 - 12:05hs

"Cuando nos tiramos a la pileta, nos tiramos.Somos 600 personas bien enfocadas”, sostuvo el CEO de Bravo Motor Company (BMC), Miguel Ángel Bravo. La semana pasada, se conoció el plan de la empresa de origen argentino de instalar una planta automotriz en Uruguay para producir taxis, unos 40 mil al año, con una inversión que demandaría entre US$ 100 millones y US$ 130 millones. Las 600 personas que menciona Bravo son los integrantes de Empresores, una comunidad de inversores que respalda todos los proyectos de la empresa madre –Grupo ArqBravo– de la que es parte BMC. La modalidad que utilizan para financiarse es el crowdfunding, y la intención es replicar ese modelo en Uruguay.

En Argentina, están a la espera de un decreto presidencial que los convierta en terminal automotriz para empezar a producir. El alargamiento de esta espera adelantó los planes de instalarse en Uruguay. “Muchos empresarios argentinos valoramos el clima estable de Uruguay. Es percibido y apreciado”, enfatizó.

¿Por qué instalar una planta en Uruguay?
El primer impulso viene por nuestros socios que están aquí. Nos encontramos con varias cuestiones interesantes. Primera, tiene grado inversor, con lo cual podemos tomar créditos que en otros lugares no. Empezamos a estudiar cómo es la matriz energética en Uruguay y nos dimos cuenta del impacto que implica importar combustibles líquidos (los autos de BMC funcionarían a gas natural licuado, etanol, electricidad o nafta.)

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¿La idea es ensamblar autopartes importadas o también se usarían uruguayas?
Es fabricar todo lo que se pueda aquí. Por eso hablamos con Cecilia Casulo, la presidenta de la Cámara de Fabricantes de Autopartes. Es un desafío muy interesante para todos los empresarios porque no existe posibilidad de pensar un cluster automotor si no se tiene un ancla, como en este caso sería la BMC. Las automotrices en general no firman contratos de provisión. Nosotros sí.

Dice que su trato con los sindicatos es diferente. ¿Cómo se relaciona con ellos?
Tenemos relación directa. Venimos de firmar (un acuerdo de entendimiento) con el PIT-CNT. No hay manera de llevar adelante un proyecto si no es asociativo. Lo primero que hicimos fue sentarnos con (Marcelo) Abdala, cuando todavía no era coordinador del PIT-CNT. Es tan simple como decir cuáles son las condiciones laborales que les gustarían como para avanzar en conjunto. Nos habló específicamente –y lo firmamos– de pensar en el nuevo modelo alemán, que en vez de tener tres turnos de ocho horas tiene cuatro de seis. La modernización tiene que ver de qué manera se inserta a los trabajadores.

¿Cómo ve al clima de negocios en Argentina?
Es un país absolutamente ciclotímico y lo sabemos más que nada los argentinos. Tiene un altísimo nivel de consumo, con lo cual cuando las cosas andan bien somos los consumidores número uno. El clima es de expectativa para resolver un montón de cosas relacionadas con el tipo de cambio. En Argentina no hay uno, dos, tres dólares, hay 16. Eso genera un clima de incertidumbre para los negocios. Pero somos muy optimistas como todos los emprendedores.

¿Esa incertidumbre jugó a favor de que vinieran a Uruguay?
Definitivamente sí. Aceleró los tiempos. Era algo que íbamos a hacer sí o sí. Soy de los empresarios que comparte muchas de las decisiones de este gobierno argentino: la nacionalización de las AFJP, la soberanía hidrocarburífera. En ese contexto, somos gente grande y tenemos que salir a buscar negocios al exterior. No podemos esperar.

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