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Osvaldo Leite, el pintor “de campaña” que pintó para el Poder Legislativo y la aristocracia europea

El pintor tiene 14 obras en el Poder Legislativo, incluidos los retratos de Juana de Ibarbourou y Adela Reta que desataron una discusión sobre la compra de arte por parte del Estado uruguayo 

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08 de septiembre de 2021 a las 05:01

El dedo meñique de la mano izquierda de Osvaldo Leite recorre el margen de la hoja amarillenta de un pequeño cuaderno que amenaza con desarmarse si no se lo trata con cariño. Todos los renglones están escritos con una letra manuscrita y un trazo azul, algunos resaltados con un marcador amarillo fluorescente. “Esos son retratos”, explica. Leite busca y su dedo se mueve hacia abajo por los renglones en los que tiene numerados los 1400 cuadros que pintó en su carrera. Lo encuentra: “¡Acá está! Luis Alberto de Herrera y Baltasar Brum. Los dos se presentaron en la cancillería”. Esos fueron los primeros retratos que pintó por encargo para el Estado uruguayo, en 1987.

El nombre del artista estuvo en los portales y los diarios del país, e incluso de la región, luego de que se presentaron los últimos retratos que pintó para el Poder Legislativo: un retrato de la poetisa Juana de Ibarbourou, y uno de la exministra de Educación y Cultura, Adela Reta.

Leite recuerda bien la fecha, porque era el día de su cumpleaños, cuando la vicepresidenta de la República, Beatriz Argimón, le preguntó si estaría dispuesto a pintar un retrato de Juana de Ibarbourou. El motivo era el advenimiento del centenario del Palacio Legislativo, que se cumplirá en 2025, y la figura de Juana, nombrada “de América” entre las paredes, formó parte de un hito cultural. Luego llegó el encargo de Adela Reta, que se convirtió en la primera mujer política en estar representada en las pinturas del recinto.

Osvaldo Leite pintó el retrato de las dos primeras mujeres en el Palacio Legislativo: Juana de Ibarbourou y Adela Reta

El pintor, que tiene 14 cuadros en el Poder Legislativo y varios más en las galerías del Banco Central, el Banco República y el Ministerio de Relaciones Exteriores; aceptó el encargo. Desde sus 20 años ha pintado, entre otros, a Carlos Quijano, Alberto Methol Ferré, Wilson Ferreira Aldunate, Líber Seregni y Washington Beltrán.

Pero, ¿quién es el artista que pintó por encargo para el Parlamento?

Leite recibió a El Observador en su casa-taller de Punta Carretas, construida por el arquitecto Juan Antonio Scasso en 1930 -el mismo año en que construyó el Estadio Centenario- para el pintor uruguayo Carmelo de Arzadum. “Esta casa la compré como si fuera un cuadro, la compré a una galería de arte”, comenta en el living de la casa que funciona como su taller en Uruguay hace 34 años, y que con el tiempo se convirtió en su hogar. Es claro que es la casa de un artista, los libros sobre la mesa lo delatan: Miguel Ángel Pareja, Lorenzo Lotto, Picasso, Damiani, Goya y el mismo Azardum, solo se cuelan los ejemplares de libros infantiles que escribe su hija Verónica. ¿Cómo se eligen los cuadros de la casa de un pintor? Tres son suyos y tienen historia. Sobresale un Arlequín que pintó hace más de 20 años y volvió a comprar en un remate, un Costigliolo y al lado un pequeño retrato suyo, de trazos celestes sobre fondo blanco y un marco rosado, que pintó Matilde, su nieta de cuatro años.

Nació el 12 de agosto de 1943 en Cruz de San Pedro, un paraje ubicado casi en la línea que divide Rivera y Livramento. Se ríe cuando se le pregunta si tuvo alguna influencia artística de pequeño. Dibujaba, como cualquier niño, y copiaba las fotos de los diarios que mandaban sus tíos desde Montevideo. “Era una casa de campaña. Lo único que mi padre era un tipo muy excepcional”, comenta el pintor y recuerda que cuando era muy pequeño y le prometió comprarle un "buen" lápiz para dibujar. “Yo no sé si esos lápices y gomas no tuvieron mucho que ver con todo esto”, recuerda ahora desde su taller en Montevideo.

“La casa no anuncia el taller”, comenta al entrar. Después de subir una escalera de madera la luz de la tarde entra por una larga fila de ventanales y suavemente se cuela por los parlantes el piano de las Doce variaciones de Wolfgang Amadeus Mozart. Siempre escucha música clásica cuando pinta. Los cuadros están en todas las paredes, apilados contra los muebles, en los bastidores, por todos lados. Hay 350 pinturas. El número escala a más de mil si se cuentan las esculturas y dibujos. Leite se acerca a una planera y al abrir un cajón encuentra libretas y cuadernos con dibujos, trazos de más de 60 años: "Acá tengo dibujos desde que era chico, desde niño". Saca uno de los cuadernos, lo ojea y lo reconoce. Sus primeras experiencias en Montevideo. Leite llegó a la capital a los 16 años becado para estudiar en el taller de Edgardo Ribeiro, discípulo de Joaquín Torres García.

Leite nació en una paraje de Rivera, en el límite con Brasil

Un año después de asentarse en Montevideo lo invitaron a exponer en Buenos Aires junto a otros grandes pintores uruguayos. Recuerda que fue su primer viaje, cuando aún era menor de edad y le daba vergüenza presentarse como el artista de la obra. Unos años después se casó y cuando su tercera hija tenía tres meses decidió viajar a Europa con su familia para estudiar a los grandes artistas. Pero el viaje temporal pronto se transformaría en una experiencia que le cambió la vida. 

Llegó a Madrid, se instaló en el hotel y lo primero que hizo fue ir al museo del Prado. “Cuando veo la sala de Velázquez, que era mi ídolo pensé 'si doy un paso más me muero'. Tuve que dar varias vueltas antes de entrar. Qué emoción, qué cosa impresionante. Menos mal que no me morí”. Después de esa experiencia, que lo emociona hasta el día de hoy, se fue a Ibiza. En esa época, durante la dictadura uruguaya, tenía varios amigos coterráneos que trabajaban de artesanos en la isla. Caminando por la ciudad vio un un Seat 124 en venta, tocó timbre en la casa donde estaba estacionado y después de conversar con el dueño tuvo su primer encargo: el hombre le preguntó si podría pintar el retrato de su hija, que se iba a casar. Así, como quien no quiere la cosa, consiguió su primera trabajo en Europa.

Al poco tiempo el director de la Caixa, un banco en Ibiza, lo invitó a realizar una exposición en sus instalaciones. Quedó tan conforme que le ofreció todas las salas del banco en Catalunya y las Islas Baleares. “En poco tiempo mi vida había cambiado totalmente”, asegura. Decidió exponer en la sucursal de Pollensa, un balneario turístico de Mallorca a orillas del Mediterráneo, donde se instaló con una casa rodante que le había comprado para transportar su propia obra. Poco sabía que ese era uno de los puntos preferidos de la alta sociedad para vacacionar. Allí recibió tantos encargos que finalmente lo llevaron a trabajar en Holanda, Inglaterra, Alemania, Italia, Francia y Bélgica.

El pintor ha retratado a figuras de la realeza y la aristocracia, así como políticos nacionales, a lo largo de su carrera

Hubo un encargo clave: un holandés le pidió que pintara a toda su familia. Más de diez cuadros. “Me dieron una casa divina y un auto. Imaginate de este Uruguay duro con los artistas pasé a ese tipo de vida”, señala. El mayor de los hijos de la familia vivía en Bélgica y allí fue a pintarlo. “Se le ocurrió hacer una presentación del cuadro y llegó un marchante, que tenía una galería de arte, y me preguntó si me interesaría pintar en Bélgica”. Leite explica que para él era un honor: “Vender un cuadro en España para mi fue como ganar un Premio Nobel, era todo muy emocionante para mí, que vivía allá en el medio del campo”.

Así fue que le empezaron a llegar encargos de tres mil dólares, en 1979, y muchos de esos pedidos eran de la nobleza.  “De ahí para adelante pasé (a pintar) de barón a conde, de marqués a duque, de príncipe a reina. Hasta hoy”, comenta.  En sus pinturas quedaron retratados los reyes Felipe y Matilde de Bélgica y los príncipes herederos, el conde Frans Ludwig von Stauffenberg (Alemania) y a los príncipes de Collalto et San Salvatore (Italia), la exalcaldesa de Madrid Ana Botella, el expresidente francés Jacques Chirac y José María Aznar de España, Raúl Alfonsín y Eduardo Frei, entre otros. “Tuve la suerte de conocer a todas las capas, conozco a los ricos, a los pobres porque soy uno de ellos y soy amigo de muchos, he tratado a varios presidentes. Son todos iguales”, dice el artista, que ha vivido en unos 40 castillos e incluso uno de ellos se convirtió en su taller en Europa.

Retrato de la princesa Clara de Bélgica con su hija, Luisa

Los artistas en Uruguay 

"Acá los conocidos son los políticos, los ladrones y asesinos, y los futbolistas", dice de forma contundente cuando se le pregunta por la situación de los artistas en Uruguay. Entiende que no tienen el tratamiento que corresponde. "Yo quiero estar acá porque es una cosa más bien ética. En Europa puedo vivir como un rey, pero prefiero estar acá con los míos", dice el pintor que durante mucho tiempo vivió la mitad del año entre los dos continentes, pero a quien la pandemia lo encontró en Uruguay. 

Leite explica que cuando fue a vivir a Europa se descubrió como un pintor valioso, "aunque puede quedar feo decirlo". "Uno siempre se está preguntando si seré bueno o más o menos. Pero tuve el tiempo suficiente de estar tranquilo, trabajando y pintando, para mí.  Ahí empezó a salir un color que no tenía acá”, señala mientras explica que se fue a empezar de nuevo en un lugar donde nadie lo conocía. Allí empezó a respetarse más como artista. 

Si no me engrupí ahí es porque ya no me engrupo más. Todavía no me siento un pintor así, me siento siempre un estudiante, no siento que haya llegado a ninguna parte”. "Me criaron mimado y quedé mimado. En Europa, que hace mil años que voy, sigo yendo porque me miman. Hace 40 años que estoy en una sorpresa sola", dice.

El caso de Juana y Adela 

Leite busca entre sus papeles y saca una hoja blanca con letra manuscrita que guarda al lado de una carpeta rosada donde tiene la resolución de la compra de los cuadros de Juana y Adela. "Tengo copiados los 'Twitter' en los que me han relajado", adelanta, y lee en voz alta algunos pasajes en donde critican su obra o lo asocian con la derecha. Se siente dolido. "Yo ni los conozco, ellos me conocen a mí. Llevo 14 cuadros para el poder Legislativo y el primero lo pinté cuando tenía 20 años. Todos los gobiernos me han encargado", asegura, y agrega rápidamente: "¿Qué tiene que ver el retrato de Juana con la derecha o la izquierda? Es una escritora nacional. La pintura es política, pero no política partidaria". 

El artista de 78 años se encontró, de un día para el otro, envuelto en una discusión política sobre la relevancia de las obras de arte y el precio que el Estado pagó por sus cuadros. Leite aseguró que un retrato suyo cuesta habitualmente 20 mil euros. Según consta en las resoluciones que están disponibles en la pagina web de Agencia Reguladora de Compras Estatales (Arce), ambos cuadros costaron casi US$18.000 (US$8.500 el de Juana de Ibarbourou y $392.971 el de Adela Reta). "En toda esta pandemia, desde el año pasado, vendí tres cuadros y cobré dos, del Palacio cobré uno solo hasta ahora. El de Adela Reta no me lo pagaron todavía, son los tiempos del proceso", sostiene, y asegura que durante el proceso no recibió ningún adelanto.

Explica que para los últimos encargos del Poder Legislativo se encontró con poco material "pintable" y estuvo un año investigando para lograrlos

El pintor interpreta todo el revuelo en torno la compra como un "ataque a la cultura" y lo relaciona con el desconocimiento que entiende que tiene la sociedad uruguaya hacia sus artistas. Lo compara con el fútbol: él representa a "la celeste" a cada lugar que va a pintar. "Si Luis Suárez fuera pintor lo festejarían. Pero como no conocen a los artistas de repente apareció ahora este tipo que cobró 8 mil dólares y dicen '¿Quién es este infeliz?'". 

"Yo represento al Uruguay hace 40 años. Soy el primer artista sudamericano al que un rey de Europa agarra como su pintor exclusivo, y estuve más de un año viviendo en el palacio real de Bélgica donde el rey el era alumno mío", espeta el pintor, que defiende la compra directa de las obras. "Cuando estás en un nivel no se llama a concurso. Si llamas a concurso puede haber tres retratistas y dos malísimos. En un momento se seleccionaba por el más barato. Acá el mas barato te puede cobrar mil dólares y no vale 10". 

Leite explica que los procesos de ambos retratos fueron complicados, aunque tuvieron complicaciones diferentes. Señala que en el caso de Adela no tenía material disponible para pintarla y encontró una sola foto de su rostro "pintable". Explica que el resto es invención y que usó varios modelos para crearlo, incluyéndose, porque se trabaja siempre al natural. "En este trabajo uno sabe como empieza pero no sabe como termina, cada cuadro es una nueva aventura".

El retrato de Adela Reta se colgó en el ambulatorio del Palacio Legislativo

"Quería hacer una Juana más jovencita, pero nadie la conoce. Hay ciertos personajes que uno tiene ya una imagen colectiva, una imagen en la cabeza, y no podés salirte de ahí. Me pasó con el primer cuadro de Herrera que pinté, que me lo pidió Sanguinetti, hablé con Lacalle, que era senador, y me dijo que el abuelo era un pintún de joven. Hortensia Herrera, me dio una álbum de fotos y es verdad: Herrera de joven era un pintún. Pero un día le dije a Lacalle: 'era un pintún tu abuelo, pero nuestro Herrera es el viejo Herrera'. Y así lo pinté", recuerda.  

El retrato de Juana de Ibarbourou se ubicó en la Biblioteca del Palacio Legislativo

El artista se sienta frente a su computadora y muestra, una a una, las fotos del proceso del retrato de la poetisa y explica que cada vez que pinta un retrato se va metiendo en la vida del personaje. No pinta solo su exterior, intenta plasmar su historia. "Vamos a ver varias Juanitas", comenta. Muestra el cuadro definitivo y las versiones anteriores, cambios en la posición del brazo, en el sentido de la mano, la atmósfera del cuadro, los detalles del rostro. "El problema de Juana respecto a Adela es que esta joven Juana es del año 30, y no quería hacer algo más presente de algo que no lo es". Había poco material, pero reconoce que volvió a dibujar a la Juana de los mil pesos, que "está horriblemente dibujada", y descubrió su belleza. 

Antes de despedirse el pintor abre un álbum de fotos y retratos. Cada página con un recuerdo que une la historia de ese niño fronterizo con los presidentes y reyes de distintas partes del mundo. Dice una frase que en ese momento le da sentido a todo lo demás: "Nuestro trabajo tiene mucho de milagro".

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