Antonio Pacheco besa la camiseta por tercera vez y, de espaldas a la tribuna, señala el número 8 de su blusa. Los hinchas deliran. La obra está completa. Completísima. Si lo hubieran pedido como espectáculo para una noche soñada, no les hubiera salido tan bien. Con una actuación perfecta del capitán, al que en 2011 echaron del club y que en esta temporada había comenzado con una fractura de tibia y peroné en la primera fecha ante Fénix, termina con caricias al balón y genialidades que le dieron a su equipo las herramientas para desplegar en el campo de juego, en las finales del Campeonato Uruguayo, el título más importante a nivel local.
Pacheco le regaló la copa
En una noche soñada del capitán, en la que convirtió tres goles y condujo a su equipo a desarrollar la mejor expresión futbolística del año, Peñarol se consagró campeón del Uruguayo