1 de diciembre de 2011 19:43 hs

Con la obtención del premio Cervantes, el poeta chileno Nicanor Parra, hermano mayor de la mítica folclorista Violeta Parra, se ha convertido en el nuevo hidalgo caballero de las letras españolas, una distinción de la que se habían hecho hasta ahora solo dos compatriotas suyos: Jorge Edwards (1999) y Gonzalo Rojas (2003).

Creador de la llamada “antipoesía”, un estilo que revolucionó el lenguaje de los versos desafiando la tradición con el más crudo lenguaje cotidiano, Parra es el único sobreviviente del trío más famoso de poetas chilenos con Pablo Neruda y Vicente Huidobro.

“Concibo la poesía como un estudio, como una investigación, como una iluminación de algunas zonas oscuras, de algunas zonas que aún no están a la vista, de este personaje que es la especie humana, el yo humano. No es el yo lírico con el que trabaja el poeta común y corriente; es un yo psicológico, de varios pisos, y lo que interesa es profundizar, llegar al subterráneo”, le respondía Parra a Mario Benedetti en una entrevista publicada en Marcha el 17 de octubre de 1969, el mismo año en el que el chileno ganó el premio Nacional de Literatura.

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Ya en aquel entonces el creador de Artefactos, Sermones y prédicas del Cristo de Elqui, Chistes para desorientar a la policía y Poemas para combatir la calvicie, entre otros títulos, descreía de los premios, a pesar de que llegaba a ellos “a pulso, sin compromisos con instituciones, corporaciones, partidos políticos. Nada. Prácticamente contra todo”.

Ahora, a más de cuatro décadas de estas declaraciones, Jaqueline Muñoz, su secretaria personal, dijo que “él está tranquilo, él ya no cree en los premios”. Por qué, se preguntarán los que no han seguido de cerca la vida y la obra de este poeta. Porque Parra sigue siendo el mismo hombre “antisistema” que la izquierda chilena dejó a un lado por tomar té en la Casa Blanca con la esposa del entonces presidente Richard Nixon mientras él, por un lado, se declaraba ecologista y, por otro, sabía que era admirado por artistas como Bob Dylan .

En suma, que el Cervantes 2011 haya recaído en manos de este hombre de 97 años de edad es un reconocimiento a otro tipo de poesía, más experimental, visual y provocativa, siempre al margen de las cosas frecuentes.

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