Por Kiran Stacey
Payasadas de Trump han empoderado a republicanos moderados
La facción emergente intenta reivindicarse a la vez que los candidatos apoyados por el expresidente enfrentan dificultades de cara a las elecciones de mitad de período
La facción emergente intenta reivindicarse a la vez que los candidatos apoyados por el expresidente enfrentan dificultades de cara a las elecciones de mitad de período
Por Kiran Stacey
El regreso de Donald Trump a la escena nacional de EEUU antes de las elecciones intermedias de noviembre debería haber enardecido a la base republicana, pero está surgiendo evidencia de que, en cambio, puede haber empoderado a sus oponentes dentro del partido.
El expresidente ya ha desempeñado un papel decisivo en la campaña, prestando su apoyo a docenas de candidatos en todo el país y ayudando a la mayoría de ellos a ganar las primarias de sus partidos.
Pero ahora, justo cuando Trump ha vuelto a los titulares gracias a las investigaciones separadas sobre las elecciones de 2020 y su manejo de documentos clasificados, algunos de esos candidatos marchan a la zaga de sus rivales demócratas mientras la ventaja general del partido en las encuestas se ha desvanecido.
"Estos nominados de Trump se están hundiendo", dijo Barbara Comstock, excongresista republicana. "Están perdiendo el apoyo de los independientes y de los republicanos moderados, y en algunos casos incluso de la base. Vamos a ver cómo se pierden este año escaños que deberían haberse ganado".
Como resultado, una facción emergente de republicanos moderados espera aprovechar este momento para reivindicar cierta autoridad dentro de un partido que parece cada vez más esclavizado por Trump.
El mes pasado, Larry Hogan, el gobernador republicano de Maryland quien ha sido un crítico abierto de Trump y cuyo mandato termina en noviembre, compareció en una feria estatal en Iowa en medio de especulaciones de que está considerando una posible contienda presidencial.
Mientras tanto, el exejecutivo de Carlyle, Glenn Youngkin, que ganó la disputada contienda a gobernador de Virginia el año pasado siendo un recién llegado a la política, estaba apoyando la campaña del candidato republicano a gobernador Tudor Dixon en Michigan. También ha hecho comparecencias en Nebraska, Colorado y Wyoming.
Otros republicanos de alto perfil también han comenzado a posicionarse más audazmente contra Trump. Liz Cheney, la congresista republicana saliente de Wyoming que también es la vicepresidenta del comité que investiga los disturbios del 6 de enero, ha prometido hacer campaña junto a los demócratas e independientes si luchan contra los republicanos que dicen que las elecciones de 2020 estuvieron amañadas.
A principios de este mes le dijo a la NBC que estaba "pensando" en una posible candidatura presidencial.
Bill Kristol, el comentarista conservador que ha creado una organización para hacerles donaciones a los candidatos anti-Trump, dijo: "Algunos moderados dentro del partido rompieron filas en torno al primer juicio político a Trump, pero otros lo están haciendo ahora. Éste es un momento interesante para el partido republicano, y estamos animando a todos los que puedan a intentar regresarlo a sus raíces".
Las maniobras de los republicanos centristas se producen conforme Trump ha presionado para acuñar su autoridad en el partido respaldando a muchos candidatos. Pero aunque casi todos han ganado las contiendas primarias, según los datos contabilizados por el sitio web Ballotpedia, algunos están teniendo dificultades en la campaña de las elecciones generales.
Mehmet Oz, el médico-celebridad al que Trump apoyó para el escaño en el Senado de EEUU en Pensilvania, está siete puntos por detrás del demócrata John Fetterman, a pesar de que un derrame cerebral ha dificultado la capacidad de Fetterman para hacer campaña.
Doug Mastriano, un feroz aliado de Trump que aspira a ser gobernador de Pensilvania, está a seis puntos de su rival Josh Shapiro. En Arizona, el demócrata Mark Kelly aventaja en seis puntos al partidario de Trump, Blake Masters, en la carrera por el escaño en el Senado que antes ocupaba el paladín moderado John McCain.
Trump encabezó un mitin en Pensilvania el sábado, aparentemente para respaldar a Oz y Mastriano, pero dedicó gran parte de su discurso a despotricar contra la redada del FBI en su casa de Florida el mes pasado. Llamó a Joe Biden "enemigo del Estado" y atacó al Departamento de Justicia por la investigación sobre su manejo de documentos clasificados. También dedicó tiempo a elogiar al presidente chino Xi Jinping por su "puño de hierro", calificándolo de "inteligente".
Una serie de elecciones especiales ha reforzado la sensación de que el factor Trump podría no estar funcionando para los republicanos en estas elecciones. A principios de esta semana, los demócratas ganaron una elección especial al Congreso en Alaska, un estado que Trump ganó por 10 puntos hace apenas dos años, derrotando a la aliada de alto perfil del expresidente, Sarah Palin.
Las últimas encuestas sugieren que el control de Trump sobre la base del partido republicano podría estarse debilitando. A principios de este verano, una encuesta del New York Times mostró que menos de la mitad de los votantes de las primarias del partido querían que fuera el candidato presidencial en 2024, aunque sigue siendo mucho más popular que cualquier otro candidato individual.
Simon Rosenberg, un estratega demócrata, dijo: "Los republicanos están obteniendo resultados peores de los esperados en todas las contiendas. No hay ninguna contienda en la que estén donde deberían estar en este momento".
Algunos en el partido argumentan que este cisma ha creado una apertura para una facción moderada recién empoderada, particularmente si éste resulta ser el año que dañe fatalmente la reputación del expresidente entre los votantes republicanos.
El éxito de candidatos como Youngkin también se está viendo como un posible modelo de cómo un republicano puede superar la distancia entre los moderados y la base de Trump.
"El año pasado vimos el modelo de cómo tener éxito, cuando Glenn Youngkin se repuso de una desventaja de 10 puntos y ganó en Virginia al no hablar de Trump", dijo Comstock. "Este año han puesto a Trump al volante y los está conduciendo hacia el precipicio. El mensaje que nosotros — los moderados — le estamos comunicando al resto del partido es: '¿Ya están hartos de perder?'"
Pero Kristol también señaló que los moderados del partido habían albergado esas esperanzas durante varios años, sin éxito.
"Cuando ocurrieron los sucesos del 6 de enero, pensamos durante una o dos o tres semanas que era un momento de liberación para el partido", dijo. "Pero no resultó ser así. Trump se hundió pero luego volvió a subir".